lunes 10 de noviembre de 2008
CARLOS LUIS RODRÍGUEZ
a bordo
Quintana sujeta a Pujol
Ese traspié de Pujol en Santiago es como una metáfora de su nacionalismo. El pujolismo tropezó tras la marcha del patriarca y anda huérfano de poder, de la mano de este Mas con el que CiU ha ido a menos. ¿Y quién ayudó al honorable cuando se inclinaba como una torre de Pisa? Pues Quintana, el mismo Quintana que hace lo que antes hacía el catalanismo rampante: mandar en casa e ir a Madrid de compras.
Sucedió con esta accidentada visita de don Jordi algo parecido a lo que ocurrió hace poco con otra excursión del líder actual de los convergentes. Tiene uno la sensación de que los papeles se han alterado, y que el que antes era el alumno se ha convertido en referente, y viceversa. Porque a día de hoy, poco puede enseñarle un nacionalista de allá al de aquí. ¿Ideología? ¿Estrategia? ¿Habilidad comercial en la Corte?
En el terreno ideológico, CiU no sabe cómo competir en un catalanismo fragmentado. A veces se da a la bebida emborrachándose de independentismo peleón, y otras se serena y retorna al seny de toda la vida. Las propias palabras de Pujol en su charla compostelana son reveladoras de esa decadencia del pensamiento convergente, demasiado acostumbrado al poder.
No hablemos de la estrategia porque el QNG (Quintanismo Nacionalista Galego) está demostrando ante la crisis una habilidad que no se percibe en el nacionalismo que durante tanto tiempo fue el gran referente. Es como si se hubiera percatado de que la crisis rampante puede ser tumba o lanzadera del galleguismo. Un Bloque polarizado en identidades, haciendo monocultivo político en lengua, cultura y mitología, está perdido porque mucha gente piensa que lo prioritario ahora es el bolsillo.
De ahí que se note un esfuerzo en vincular las propuestas a la situación económica. Que el eje nacionalista de la Xunta esté más en la Vivenda de Táboas que en la Cultura de Bugallo es fiel reflejo de que el BNG altera sus prioridades. En contraste con un PNV ofuscado en referendos y este Jordi Pujol oscilante que anda preocupado por el impacto de la globalización en la pureza nacional, Quintana se prodiga en planes sectoriales, aviva el debate de unas cajas de ahorro más pegadas a la economía productiva y pide presencia en el Banco de España y otros organismos reguladores.
El problema de Galicia no es que le falte Estado, como se sigue diciendo en algunos foros anclados en el cuaternario nacionalista. Su Estado es el Español, en uno de cuyos órganos Quintana ocupa la vicepresidencia. La cuestión es que le falta estar en centros de decisión en los que se cocinan decisiones como las tarifas eléctricas, las compras de grandes compañías, etcétera.
En resumidas cuentas, que no hay lecciones que el honorable Pujol o su sucesor en el partido puedan impartir en Galicia. Aquel nacionalismo abrupto que conocieron aquí hace unos años va aprobando sus asignaturas pendientes, sin seguir más manual que el que escriben los propios gallegos, con su ritmo y su forma de ser.
Porque ésa es otra. El BNG aprendió al fin que su modelo lo tenía dentro, oculto por elaboraciones intelectuales a menudo acomplejadas con lo propio. No se trataba de importar nada, sino de explotar las propias materias primas humanas. Es lo que está haciendo, y por ello ni el catalanismo ni el vasquismo son padres ni hermanos mayores del galleguismo, sino socios ocasionales, como el socialismo. Jordi Pujol descansa en Cataluña, tropieza en Compostela y es ayudado por el ágil Quintana. ¡Gratis!
http://www.elcorreogallego.es/index.php?idMenu=13&idEdicion=1063&idNoticiaOpinion=363022
domingo, noviembre 09, 2008
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