jueves 13 de abril de 2006
Violencia doméstica
Yolanda Cruz
P RIMERO fueron los casos de mujeres muertas a manos de sus parejas o antiguos compañeros sentimentales, después los menos pero también existentes casos de hombres maltratados, la violencia contra los niños, de la que últimamente no paran de darse a conocer casos, y, por último, los malos tratos de los hijos hacia los padres. Cada día, noticias de esta índole ocupan la primera página de la actualidad. Hoy quiero reflexionar sobre la violencia que ejercen los menores, ya sea dirigida hacia otro menor ya sea hacia sus padres. Se cree que son cerca de 1.600.000 menores los que viven en España con padres que manifiestan una acusada tendencia a la violencia *, del fenómeno contrario, del maltrato de los hijos hacia los padres comienzan ahora a barajarse cifras. Entre enero y septiembre de 2005 se denunciaron en España 6.000 casos de hijos que maltrataban a sus progenitores **. Son muchos los estudios que se realizan sobre este tema y varias las publicaciones que intentan acercarnos al conflicto que viven demasiadas familias de este país. Uno de los investigadores que más se aplica en este tema es Javier Urra Portillo*** defiende que el problema de fondo es responsabilidad nuestra, de los padres, de la sociedad, ya que, por ejemplo, en los jóvenes de etnia gitana no existe este problema, al contrario, muestran un gran respeto hacia los padres. La familia ha cambiado en las últimas décadas y es lógico que también sean distintas las relaciones entre los miembros de ésta y los problemas que surjan en su seno pero ¿esos cambios impiden trasladar a nuestros hijos el sentido del respeto a los mayores? ¿El sentido del respeto a los demás en general? El origen de la carencia o falta de educación de nuestros hijos se explica por voces conservadoras en el hecho de que ambos progenitores trabajen, para ellos, al menos uno de los dos, preferentemente la madre, debía permanecer en el hogar y realizar un seguimiento continuado del crecimiento de los hijos. Voces científicas argumentan otra razón, el hecho de que la educación de los hijos, hoy por hoy, y de manera generalizada, se haya entregado a manos de las instituciones públicas. ¿Entienden los padres que el hecho de que sus escolarizados hijos acudan ocho horas diarias a un centro de enseñanza es suficiente para su educación? ¿Olvidamos los padres que la educación no solo se recibe en las aulas, que allí se presta más atención a la formación? A esas preguntas deberán responder los progenitores que quieran reflexionar sobre el asunto. Culpables o no, los progenitores sufren los ataques de un hijo varón que, normalmente es hijo único y al que pocas veces se le ha negado algo. Las víctimas suelen ser a menudo las madres, en algunos casos por su desmedida condescendencia y en otros debido a que en el hogar la figura paterna no es lo suficientemente autoritaria – cuidado con esta palabra, “autoridad” los hay quienes se olvidan de que la autoridad no está reñida con el cariño y el respeto – el varón hijo no encuentra un “macho” más fuerte que él en el hogar y decide mostrar su fuerza con el más débil. El consejo de los estudiosos siempre es el mismo, saber decir a los hijos NO. El doctor en Psicología por la Universidad de Valencia, Vicente Garrido, miembro de la Comisión que elaboró la Ley Reguladora de Responsabilidad Jurídica del Menor, aprobada en enero de 2000****valora de manera muy negativa los mensajes de violencia que los menores reciben a diario desde la televisión así como desde los video juegos *****. La violencia que siente un adolescente o un menor puede ser expresada de maneras distintas, a través de actos meramente violentos o mediante otro tipo de prácticas, desde la del deporte a la de cualquier otro tipo de actividad que permita al menor sentirse seguro y satisfecho de sí mismo. Cuando las agresiones se producen contra otro menor los argumentos cambian. Las causas parecen estar ligadas a la situación social en la que viven nuestros adolescentes ******, principalmente la que viven en su familia y la que aprenden a través de la televisión. Aquí la familia no comete el fallo de dejar la educación en manos de instituciones públicas, lo que sucede es que, en la mayoría de los casos, esa violencia la perciben en casa a diario. Un cónyuge arremete al otro, o cualquiera de los dos es agresivo con el entorno, o ambas cosas. Si me preocupa el hecho de que no sepamos cómo educar a los hijos tampoco facilita mi tranquilidad el que una buena parte de los ciudadanos de este país entiendan la violencia como algo natural en su vida cotidiana. Miro a mí alrededor y lo que veo me inquieta, una juventud más preocupada en celebrar “botellones” a cual más multitudinario que en comprender los motivos que han empujado a sus vecinos galos a tomar las calles de Francia reclamando un futuro laboral menos incierto que el que se les presenta. ¿Cuál es el futuro? No puedo dejar de asociar la violencia con la ignorancia y la falta de autoestima. Veo individuos pequeños y transparentes. Los pequeños lo son de mente. Viven aislados, solo aceptan lo conocido porque es el único lugar en el que se sienten seguros. Habitan adosados en urbanizaciones venidas a menos o pisos herméticamente cerrados, sus metros cuadrados sobre el asfalto, donde nada parece salpicarles. Son ruidosos porque están convencidos de que únicamente así se les oye. Los transparentes prefieren pasar inadvertidos, la comodidad les llevó primero a dejar de opinar, después a olvidar reflexionar. Unos y otros educan el futuro. Sí, los chicos del botellón, los adolescentes que maltratan a sus progenitores, a sus compañeros de colegio, ellos nos relevarán un día. Ayer la juventud quería cambiar el mundo, se movió, ayudó a trasformar la sociedad, hoy se acomoda al presente que le ofrecen y le permiten sus padres. Mi más sincero reconocimiento a aquella juventud que sin olvidar que lo es asume su responsabilidad, mi más sincera enhorabuena a aquellos padres y madres que han superado el trance de serlo con orgullo. Para el resto no tengo palabras.
RODRÍGUEZ, Pepe., El drama del menor en España, 1993, Ediciones B S.A
Informe publicado en El Liberal (26/02/06)
Javier Urra Portillo ha publicado varios trabajos dedicados a la infancia, la adolescencia y sus problemas como El futuro de la infancia (2001), Adolescentes en conflicto (2000) o Televisión, impacto en la infancia (2000)
http://www.uv.es/icie/somos/vicente.htm
Vicente Garrido cuenta entre sus publicaciones con los siguientes libros Delincuencia juvenil: orígenes, prevención y tratamiento (Pearson Alambra 1987), Pedagogía de la delincuencia juvenil (CEAC S.A 1990) o Técnicas de tratamiento para delincuentes (Centro de Estudios Ramón Areces 1.993)
Estas conclusiones están apoyadas en el trabajo de Francisco Romero para el V Curso de Experto Universitario en Internet y sus Aplicaciones de la UNED, curso 2000/2001, lo hemos consultado en la Web www.roble.cnice.mecd.es
miércoles, abril 12, 2006
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario