jueves 13 de abril de 2006
Intolerable fanatismo y provocación
Félix Arbolí
H OY traigo a este espacio un tema de triste y continua actualidad y enorme trascendencia. Al menos, así me lo parece. Se refiere a la gran tormenta religiosa provocada y aireada en los medios de comunicación, tanto nacionales como extranjeros, en las tertulias profesionales, columnas de prensa y charlas amistosas y familiares, a causa de las famosas caricaturas que cierto periódico publicó sobre Mahoma, el Profeta del Islam. Dicen que no se refería a éste personaje, pero que así lo han creído o han hecho creer sus seguidores más fanáticos y han aprovechado la circunstancia para iniciar una cruzada mundial contra todo lo que no sea musulmán. Fuentes ajenas al conflicto han aclarado que su publicación tuvo lugar hace unos meses y no pasó nada, pero es ahora cuando por obra e insidia de algún enfervorizado e influyente líder “religioso” se ha desatado el cataclismo.(Me resulta chocante utilizar este adjetivo al hablar de una persona que invocando a su Dios predica el odio y el exterminio del prójimo). La presa de la intolerancia, el fanatismo y el desprecio hacia todo lo que no sea “la verdad del Corán”, ha roto sus diques y avanza imparable y amenazadora pretendiendo inundar y hacer desaparecer todo cuanto se le oponga. Ante tal peligro nos rasgamos las vestiduras, incluido nuestro” libre pensador “gobierno y pedimos que se respeten creencias e ideologías y dejen de publicarse noticias, fotos o comentarios que puedan ofender o herir al seguidor del Islam. Eran aterradoras las imágenes de esas multitudes encolerizadas y amenazantes con sus desenfrenos y venganzas no exentas de sadismo y rencores, destruyendo e incluso asesinando a todo lo que no fuera adicto a su fe. Las demás creencias no contaban, todos por “ narices”, (por usar una expresión más correcta), debían profesar la doctrina de Alá que, como toda figuración de Dios, debería ser comprensivo, misericordioso e indulgente. La visión de esos países, donde nos obligan a vivir a todos, propios y extraños, subordinados a sus estrictas y severas suras y “ayat” , en las normas de conducta, indumentaria y hasta manera de mirar, sin tener en cuenta nuestras propias circunstancias, creencias y formas de vivir, me parece absurdo e intolerable. Poco digno y hospitalario para unos pueblos donde intentan hacer galas de una extremada cordialidad y exquisitez en el trato al visitante. Y resulta paradójico que cuando ellos eligen nuestros países para iniciar una vida con más futuro y dignidad, pretendan ignorar las costumbres, sistemas y actitudes, propias del mundo occidental que les acoge, para intentar que seamos nosotros los que adaptemos sus ancestrales y extraños modos de vivir según una fe que no es la nuestra. Hasta les incomoda que un Crucifijo presida el aula donde estudian sus hijos, gracias a nuestra generosidad de acogerlos y educarlos convenientemente. Tampoco toleran el uniforme escolar del centro y quieren hacer prevalecer sus atuendos originales, aunque ya no sea la prenda habitual de la tierra que han elegido para vivir. ¿Por qué no otorgan esa tolerancia, que tanto nos reclaman, en nuestras visitas a sus respectivos países?. ¿Quién se atreve a ir una de las escuelas en su país e imponer condiciones que puedan ofender sus creencias?. Al paso que vamos y con tantas claudicaciones vergonzosas terminaremos viendo a nuestras mujeres a través de una celosía. A los eunucos no será muy difícil hallarlos. Me parece correcto y lógico que se respeten las creencias del prójimo, aunque no las compartamos, pero también deben respetarse las nuestras por parte de ellos y más aún, cuando se encuentran como acogidos. Dicho y aclarado lo anterior, encuentro normal que un musulmán se sienta ofendido y hasta encolerizado porque traten a la figura de su Profeta con esa falta de respeto. La fe de los demás debe ser objeto de nuestra comprensión y respeto. Por ello me ha sorprendido y hasta contrariado, al considerarlo ilógico y vergonzante, que no se hayan producido protestas airadas cuando los señores Rovira y Maragall, durante su viaje oficial a Israel y por tanto pagado por el contribuyente, se mofaron descaradamente con la blasfema parodia sobre la “corona de espinas”, con foto incluida, como si se tratara de una auténtica gracia. ¿No se daban cuenta que estaban ofendiendo gravemente a todos los cristianos, no sólo católicos?. Pero, en este caso, sin que nadie se rasgara las vestiduras, hubiera comentario oficial y recriminatorio por parte del gobierno, ni nadie pusiera en entredicho la capacidad de los autores de esta bufonada ofensiva a millones de personas, para continuar rigiendo los destinos de una comunidad que, les pese o no les pese, es en su mayoría católica. ¿O ya no lo es?. ¿Dónde hubo manifestaciones y repulsas contra los autores de tan burdo sacrilegio?. Ahí les tienen tan orondos y satisfechos con su “estatuto” bajo el brazo como premio a su genialidad. Ellos sabían que al ser cristianos los ofendidos, no habría peligro de bombas, ni atentados y se quedaron tan panchos y satisfechos. Nuestro sentimiento religioso no es cuestión digna de tenerse en cuenta y por lo tanto, el camino está despejado para “jocosas” y blasfemas ocurrencias. Otro individuo ya sesentón, que actúa y presentan como cantautor, bohemio y desaliñado como es norma y costumbre en tales casos, cuyo nombre quiero evitar para no hacerle propaganda, sale en un programa de “Lo + plus” ofreciendo al detalle una receta para cocinar a un Crucifijo debidamente troceado y preparado. El sacrílego acto tiene sus divertidos testigos, entre ellos, según me dicen, al “Gran Wyoming”, (cuantas veces tiene que fracasar este “genio” ante la audiencia para dejar de verlo y oírlo en la pantalla) y los presentadores del programa. Afortunadamente no lo vi., evitándome con ello la lógica indignación y el acordarme de no muy buenas maneras de los progenitores (palabra actualmente de moda), del autor y su bufonada compañía. (Ha salido comentado en Internet y hay demanda judicial por medio). Lo más lógico y correcto, era prohibir su injustificada y aberrante actuación que tuvieron que padecer y sufrir millones de personas, muchas de las cuales, según he leído posteriormente, se han dado de baja en la cadena de pago como protesta. La presentan como si fuera una obra digna de figurar en la antología de la Cultura. ¿Por qué no dedicó esa receta culinaria a sus queridos papás? Un autor teatral, con nombre y apellidos que huelen a nobleza antigua, según algunos rancia, escribe una obra, eligiendo una blasfemia (la más zafia y ofensiva de todas las posibles), para titularla y representarla en un escenario madrileño. De nada valen las protestas y advertencias de la Presidenta de la Comunidad, casualmente cuñada del blasfemo, para que el Centro, que percibe una subvención de la entidad, es decir, de todos los madrileños, no la represente. Con eso de la libertad de expresión, cada uno puede decir y exponer cuanto le venga en ganas, sin detenerse a pensar que puede ofender o herir al prójimo, el cual también tiene derecho a que respeten sus creencias y símbolos sagrados. ¿Por qué ese” bravo” adalid del ateísmo y la blasfemia no lo hace en esos países donde seguro encuentra respuesta valiente y contundente a sus provocaciones? ¿A ver si tienen C…., éstos valientes protagonistas de la ofensa y la provocación, de hacer estas parodias sobre figuras y símbolos sagrados del Corán, en Irán, Arabia Saudí, Egipto, Pakistán y demás países musulmanes que, nos guste más o menos, dan una admirable lección de respeto a sus creencias?. Así les va, llegarán a dominar el mundo porque, aunque pequen de fanatismo, tienen la unión y la fuerza de su fe para vencer a tanto borrego, payaso y marioneta que se cruce en su camino y les incordie o se mofe de sus creencias. . Ellos no consienten que nadie intente “chistear” con asuntos que merecen su mayor respeto y consideración. Lo mismo que critico su severidad y exigencias respecto al “infiel”, alabo la solidez y el respeto que sienten hacia todo lo sagrado según su religión. Admiro al musulmán por no permitir que cretinos y renegados, jueguen y profanen lo que se debería defender hasta con nuestra propia vida. ¿Adonde te llevan mi querida España éstos badulaques?. Sólo tengo la esperanza de que por mi edad no seré testigo de tu disgregación y posibles y nuevos enfrentamientos entre hermanos y abuelos asesinados, ya que pertenezco a este grupo familiar. Pero pienso y me angustia la España que se van a encontrar mis nietos, si es que antes no se cargan estos desalmados al mismo Planeta con la continua locura de intentar ser dioses, sin haber aprendido antes a ser simplemente hombres.
miércoles, abril 12, 2006
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