domingo, abril 16, 2006

Regreso al pasado en un emocionante presente

lunes 17 de abril de 2006
Regreso al pasado en un emocionado presente
Félix Arbolí
A CABO de regresar de mi tierra natal, ese rincón privilegiado de la Naturaleza, allá en la provincia gaditana, donde me asomé a este extraño “valle de lágrimas” e inicié mis experiencias vitales. Chiclana de la Frontera, donde nací y descansan eternamente mis mayores, la Isla de San Fernando, donde tuve mis primeros y fascinantes contactos con los avatares y circunstancias de toda índole que me iba a encontrar a lo largo de mi peregrinaje por este mundo y Cádiz, “mi inolvidable Tacita de Plata”, donde inicié mis estudios, consolidé amores y soñé ilusiones que, en la mayoría de los casos, no llegaron a convertirse en espléndida realidad. Tres ciudades inolvidables que permanecen ligadas permanentemente a lo más profundo de mis sentimientos, al ser escenarios de mis mejores y peores recuerdos (que de todo hubo en la “viña del Señor”). Tres recuerdos que llevo grabados en mi mente, con la misma veneración y cariño, que llevo los de mis padres, mujer, hijos y nietos. Lo cortés, no quita lo valiente y en esto del amar y sentir no existen competencias, ni absurdos celos, en estos casos. Ignoro si es normal o mi caso es algo insólito, pero soy un enamorado compulsivo de mi tierra natal. Es casi enfermiza la pasión, la añoranza y el amor, que siento por ese trozo de mi Andalucía, donde tuve la oportunidad y la suerte de asomarme a este mundo. Cuando estoy allá y recorro esos entrañables rincones de mi infancia y primera juventud, me dan ganas de cerrar los ojos y en un mágico esfuerzo, por obra y gracia de mi enorme cariño, fundirme para siempre en su entorno, de tal forma que nunca jamás me vea privado de su visión y contacto en el tiempo que me quede de vida. Vengo abrumado de abrazos y encuentros inesperados y sorprendentes después de cincuenta años de ausencia. Paseos por algunos lugares y avenidas que me han hecho hasta lagrimear y traigo las pilas sobrecargadas con la brisa de su mar inmenso y azul y la delicia y el calor de su sol luminoso. He pasado unos días inolvidables gozando con el ingenio y la gracia de mis paisanos y experimentando una vez más la especial idiosincrasia que los caracteriza. Me han hecho sentir la emocionante sensación de hallarme en un mundo diferente, anclado en el pasado y muy extraño y diferente a mi actual cotidianidad. Anonadado y abrumado al sentir el calor, la sincera amistad, la innata amabilidad y la auténtica alegría de cuantos me han tratado y encontrado por calles, plazas y terrazas. Me siento orgulloso de mi tierra, de ser originario de esos lugares tan especiales y entrañables, a los que jamás he olvidado en mis más sublimes recuerdos y querencias. No se si todo el que se marcha por una u otra causa de su tierra natal, siente lo mismo. Pero yo lo siento de forma especial, congénita y constante. Más aún cuando me voy acercando a ese ignoto lugar del que procedemos, pues mis sentimientos son más fuertes y cargados de sensibilidad. Amo mucho a toda España, la quiero en todos sus aspectos y conceptos, hasta en aquellos que no me gusta y la encuentro diferente al resto, la siento como lo más importante de toda mi existencia, pero ese españolismo que siento tan sincero y profundo lo debo, precisamente, a que en mi tierra bendita nunca se ha llegado a renegar de nuestras raíces españolas Ni aún en los tiempos más difíciles de nuestra Historia contemporánea, que algunos se empeñan en “santificar” y “ejemplarizar”. Ser gaditano es un privilegio (abarco a toda su provincia), ser andaluz una inmensa suerte, pero ser español es un orgullo y un honor del que ningún “bien nacido” debe renegar, porque es tanto como renunciar a su propia madre y eso, “en toda tierra de garbanzos”, se califica como “hijo de p…”. Desgraciadamente, hay bastantes en la actualidad que, a mi juicio y al de cualquier persona normal, son auténticos alienados, Desgraciadamente y con justificada alarma, comprobamos que éstos renegados proliferan en esta época de apostasías y negaciones en todos los sentidos. Mi viaje ha tenido como motivo presentar un nuevo libro “Recuerdos de una infancia rota”, donde abarco todo mi periplo andaluz, desde el momento de nacer hasta mi llegada a Madrid, buscando nuevos y más amplios horizontes a mis aspiraciones literarias. Incluso cuento los orígenes mitológicos e históricos de toda esa zona, ya que no se debe obviar que Cádiz es la ciudad más antigua de Occidente, con más de tres mil años de historia y donde inició Hércules sus legendarios trabajos y epopeyas. Junto a mis datos autobiográficos, con sincera exposición de mis virtudes y vicios, la historia familiar tan llena de sobresaltos, desgracias y vicisitudes, el episodio de la guerra civil pormenorizada y tratada bajo el prisma de la imparcialidad, porque ninguno de los dos bandos podía erigirse en absoluto poseedor de la verdad y la razón, ni en ambos se omitieron los sadismos y salvajadas impropios de una contienda entre hermanos. El hambre, el estraperlo, el aislamiento internacional con sus horribles consecuencias para un pueblo hambriento, exhausto y asustado, etc. etc. Una biografía donde no he dejado nada al azar, ni he querido utilizar el buzón del olvido o el “apaño”para evitar que me juzgaran con justicia y equidad en cada caso que expongo. Mi sinceridad, lo comprendo, ha levantado algunas ampollas y me ha costado más de un reproche y disgusto serio y familiar. Lo siento, ya que no era esa mi intención. Sólo pretendía que el día de mañana, cuando ya no estuviera, mis nietos pudieran conocer quien y cómo era su abuelo. Ofrecer un veraz testimonio de mi paso por la vida. Y eso, puedo asegurar, lo he conseguido plenamente. Me he sentido anonadado del recibimiento que he tenido por parte de las autoridades locales, culturales y paisanos en general. Algo emocionante que jamás podía suponer me iba a suceder. Televisión, radio, prensa, etc, se han volcado en los actos de la presentación y en las recepciones oficiales de los Alcaldes de San Fernando y Chiclana, que fueron los municipios visitados. Hasta el colmo de que los colegas de la prensa, la radio y la tele, me han grabado sus entrevistas y mis conferencias y me las han enviado a través de mensajería a Madrid, para que las guarde de recuerdo. ¿Hay quien de más? Nunca me he sentido tan importante, querido y arropado. Jamás he sentido mayor gratitud hacía mis padres, ya desparecidos, por haberme traído a iniciar este ciclo vital a un lugar tan especial, entrañable y excepcional. Quiero cerrar esta crónica que a vuela pluma escribo nada más regresar, con unos versos alejandrinos que he dedicado a mi tierra, donde podrán comprobar lo que siento por ella y los recuerdos y emociones que me inspiran. “A MI PROVINCIA DE CÁDIZ” Hoy he vuelto a mi infancia y a los recuerdos dormidos en los oscuros confines de mi mente. He soñado el regreso de amores y experiencias del pasado y he llorado la ausencia de aquellos que se han ido. He querido recorrer esas plazas y avenidas en un lento paseo de emociones y añoranzas y he gozado viendo salir el sol en lontananza sobre un cielo anaranjado de nueva amanecida He pasado de nuevo por tu parque y alameda y he leído los mensajes en el árbol centenario donde encontraba el amor su refugio y escenario y se besaron promesas, mirando las estrellas. Recordé el rubor y emotivo gozo de aquel beso que por primera vez hizo sentirme enamorado o la sensación amarga de saberme rechazado y el cigarro que estrenaba tosiendo con exceso. Recuerdos de una infancia que están en la memoria, escenas de una vida por siempre irrepetible, familiares que se fueron, amigos que no existen, angustias y alegrías, pasajes de mi historia. Casas blancas y encaladas, dando lustre a la ciudad, playas de fina arena y olas que vienen y van espumosas y tranquilas esparciendo brisa y sal, siento muy dentro la pena de mi triste soledad. Turística y vinatera, de afamada artesanía, cuna del arte flamenco, agrícola y ganadera, distinguida y señorial, divertida y jaranera sol y calor en tu costa, nieve allá en tu serranía. No me importaría morir fundido entre tus olas, abrazando amoroso tu faro y tu caleta, quiero tu mar azul y profundo como meta y que velen mis cenizas sonoras caracolas. Desearía en mi final ver tu sol anaranjado cuando se va ocultando más allá del horizonte y adentrarme en tu brisa que arrulla playa y monte para abrazarte amoroso en mi sueño inacabado. Siento en lo más recóndito del alma que me llamas y sé que cuando muera mi cuerpo estará ausente de tu tierra, tu cielo y tu sol resplandeciente… Solo espero encontrarte en mi eterna retirada. Así que cuando llegue ese momento tan temido en el que surja inevitable el final de mi existencia, deseo descansar por siempre fundido con tu esencia y mecerme entre tus olas en polvo convertido. Tornaré sin vida hasta esa tierra prodigiosa donde quiso el destino que fuera mi llegada y entre olas de espuma o fuerte marejada descubriré tu inmensidad eterna y misteriosa. Cádiz fenicia, romana, árabe y cristiana ciudad trimilenaria que canta cuando reza y llora cuando canta, apelo a tu nobleza. para recibir a este hijo pródigo mañana. Si no fuera posible mi póstumo retorno por alguna circunstancia ajena a mis anhelos, que lancen mis restos cenicientos a los cielos. No quiero sepultura, ni lápida, ni adorno. Sólo espero el recuerdo de aquellos que he querido, si son creyentes que recen, si no sólo me añoren. Una flor impregnada de besos y de amores marcará el lugar de ese adiós definitivo. Entonces conoceré el final de ese camino que me tienen tras la muerte preparado, cuando por etéreos espacios haya viajado hasta encontrar en Cádiz mi sueño y mi destino.

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