lunes 17 de abril de 2006
Breves apuntaciones sobre diversos temas de actualidad: e-rratas, república, Bono, etc.
Antonio Castro Villacañas
1- SOBRE LAS RATAS EUSQUERAS GERRY ADAMS, presidente del Sinn Fein, ha revelado que durante bastante tiempo ha ido debatiendo la "cuestión vasca" con los gobiernos de los Estados Unidos, el Reino Unido, e Irlanda -curiosamente, no con Francia-, para informarles de la situación en que se encuentra el País Vasco y cuáles son las opiniones y la actitud dominantes en el entorno de la terrorista Batasuna sobre la perspectiva de una posible solución negociada al conflicto; todo ello con el fin de que tales gobiernos transmitieran esa información a Madrid y rogaran a España el que no dejara pasar la oportunidad de conseguir la paz en Vasconia por medio de un proceso de negociaciones en las que participe todo el mundo... En esas negociaciones no se debe permitir, según el líder del brazo político del IRA, "que el pasado siga teniendo demasiado peso y con ello impida avanzar rápidamente hacia un futuro más luminoso". "Hay que tener el valor político de presentarse, dar la mano, sentarse y hablar con personas a las que se ha tildado de terroristas o asesinas". Sintetizo: para que haya paz en el País Vasco, quienes gobiernan España deben estar dispuestos a considerar y tratar a los e-rratas como iguales suyos; a no excluir a nadie; a evitar condiciones previas; a no vetar cualquier opción; a rehuir cualquier predeterminado resultado... Me parece claro que nuestro Primer Rodríguez camina por ese bosque desde hace tiempo. Busca el premio Nobel de la Paz y ganar las próximas elecciones. Por ello no le importa nada el dar rango internacional y el considerar estadistas a quienes sólo son un puñado de cobardes criminales sin escrúpulos, merecedores de un tratamiento "sostenido y decente", como muy bien decían antiguas instrucciones militares. 2. SOBRE LA II REPÚBLICA ESPAÑOLA. EL día 14 de este mes de abril hace setenta y cinco años que un golpe de Estado incuentro y cívico implantó en nuestra Patria la segunda versión de una ilusionante manera de vivir en república; es decir, en una forma de convivencia social o política que se caracteriza por el hecho de que quien la ordena y dirige es elegido cada cierto tiempo por sus iguales y súbditos. Califico como "golpe de Estado" al 14 de abril de 1931 porque el orden constitucional vigente en esa fecha no concedía a las elecciones municipales, que eso fueron las que tal día tuvieron lugar en España, mas que la repercusión de ratificar o cambiar los concejales de cada Ayuntamiento; de ningún modo, y nunca jamás, la de ratificar o cambiar Gobiernos; y menos aún la de ratificar o cambiar la vigente forma del Estado. Eso, sin embargo, es lo que se hizo aquel día gracias a la presión pública ejercida desde la calle por los republicanos, que supieron movilizar a los ciudadanos, normales, hartos de soportar el constante tejemaneje de los asuntos públicos que hacía Alfonso XIII; y gracias también a la cobardía, la tibieza o la flojera de los monárquicos, que se mostraron incapaces de encauzar o sostener la riada republicana. Con cuanto antecede no pretendo negar la legitimidad germinal de la II República, porque yo creo que ningún régimen o sistema político tiene capacidad suficiente para ordenar cuál ha de ser el procedimiento legal para sustituirlo o cambiarlo, y buena prueba de ello nos da nuestra historia contemporánea, pues desde Carlos IV hasta Juan Carlos se han ido produciendo, en sus correspondientes momentos, sucesiones y cambios que no estaban previstos en el orden legal vigente en cada caso. Digo y repito que la II República llegó a España por medio de un golpe de Estado, igual que lo hicieron Fernando VII, Isabel II, Amadeo I, la Primera República, Alfonso XII, Alfonso XIII y Francisco Franco. Sólo Juan Carlos subió al trono en virtud de lo dispuesto en una Ley de Sucesión. Su peculiar golpe de Estado lo dio después, en virtud del calculado pronunciamiento jurídico establecido por su asesor Fernández Miranda. Que no presuman, pues, ni los hoy republicanos ni los todavía monárquicos de su falsa legitimidad, y que tampoco censuren tanto a los autores del Alzamiento de 1936. Los cambios de régimen o de sistema socio-político no se justifican por su origen, sino por sus resultados. Es evidente que la II República y la Tra(ns)ición juancarlista no pueden presumir de éstos. 3. LA DIMISIÓN DE BONO. UNO de los más importantes temas de estos días es el de la dimisión -forzada o voluntaria- del ministro de Defensa Nacional y antiguo Presidente de la Comunidad de Castilla-La Mancha. Adelanto con presura algo que me parece indiscutible: nunca como ahora, cuando todos tenemos a nuestro alcance mucha variedad y cantidad de fuentes de información, hemos estado menos y peor informados, salvo en lo que se refiere a la vida íntima o privada de ciertas personas que carecen de auténtico interés social. Yo no me creo, y me duele, la versión dada por el propio Bono, según la cual él había presentado su dimisión por escrito a primeros de este año y la había ratificado hace 15 o 20 días, en razón de que sus hijos le habían pedido que les atendiera más y mejor... Eso sólo pueden creérselo los limpios de corazón y desprovistos de cerebro, porque si fuera cierto no hubiera durado en su puesto mas que el tiempo necesario para que Zapatero escogiera a un sustituto. Bono, como buen discípulo de los jesuitas, sabe sonreír seráficamente y ocultar o disfrazar la verdad entre un adecuado movimiento de manos, una cierta bajada de ojos, calculados cabeceos y untuosas dosis de palabrería. Sirvan como muestra estas dos mentiras de su último mensaje: a), la de que su dimisión carece de importancia, porque él es uno más de los 248 ministros de Defensa que ha habido en nuestro país; y b), la de que si él no se quisiera ir de la política nadie podría forzarle a ello, como demostró cuando Franco lo intentó en 1969... Mentira podrida es que en España hayamos tenido 247 0 178 ministros de Defensa, pues no se pueden incluir como tales a quienes -y son la inmensa mayoría- fueron tan sólo ministros de la Guerra, del Ejército, de la Marina o del Aire, ya que la cartera de Defensa no existió nunca entre nosotros hasta que se implantó como fruto dorado de la bien ponderada tra(ns)ición; y podrida mentira y excesiva petulancia es presumir de que Franco no pudo echarle de la política, por estas tres sencillas razones: a), que Franco no tenía la más mínima idea de que hubiera un Bono entre los discípulos del siempre viejo y falso profesor Tierno Galván; b) porque las actividades de este "conspirador" y sus secuaces carecieron siempre de importancia y por ello no fueron en la práctica casi nunca perseguidas; y c) porque el señorito Bono amparó toda su vida escolar y universitaria bajo el manto protector de su padre, en todos los sentidos ejemplar ciudadano... No sé dónde he leído que el teatral y melifluo Bono habló con el Rey pocas horas antes de que se celebrara el banquete oficial en honor del Secretario General de la ONU, acto de Estado al que no asistió -contra toda razón- el presidente Zapatero, pues en vez de hacerlo se dedicó con urgencia a plantear y resolver una crisis no prevista ni deseada. ¿Será Bono el motor de repuesto que necesitará el auto socialista si por cualquier causa -Cataluña, ETA, PNV-se agripa o descompone el motor Zapatero?
domingo, abril 16, 2006
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