martes 18 de abril de 2006
La despedida de un escritor excepcional
Félix Arbolí
C IRCULA por Internet, a mi me ha llegado a través de mi hija que, a su vez, lo ha recibido de una amiga y ésta de otra, etc. la carta de despedida del genial Gabriel García Márquez, (“Gabo” para sus íntimos), anunciando su retirada de la vida pública por graves razones de salud: un cáncer linfático, cada vez más severo e irreversible. Es una serie de reflexiones y consejos a sus amigos que, gracias al milagro de la técnica, nos llega a millones de lectores. Un documento estremecedor, sin que le sobre una palabra, ni una simple coma, como todo lo que ha escrito este ser privilegiado y uno de los autores más brillantes y reconocidos de nuestro tiempo. Me ha dejado, lo confieso con sinceridad, sorprendido y anonadado. Jamás pensaba encontrar en una persona que no alardeaba de ideas conservadoras y cuyos amigos se hallan escorados hacía la izquierda, este documento estremecedor y tan lleno de ternura y sentimiento, cuyas frases, en su totalidad, parecen más propias de un Pemán que del ilustre escritor colombiano. Con esa prosa inigualable y sobresaliente que le caracteriza, nos ofrece el desgarrado y sincero testimonio del pensamiento, la angustia y la desesperada resignación (aunque parezca una incongruencia), de este ser tan excepcional que sólo desea una pequeña prórroga en el implacable reloj de su existencia para desandar algunos pasos en su vida, airear secretos que no quiere llevarse al Más Allá y enmendar errores o ahondar criterios, cuando siente tan próxima la hora de la auténtica Verdad. Ha sido como una especie de mazazo en mi intelecto, sentimientos y manera de ver y moverme en la vida que, a partir de su lectura, voy a intentar convertir mi cotidianidad en un continuo esfuerzo por aprovechar cada minuto, cada instante, que aún me quede en el haber de mi existencia, para no tener que reprocharme tanto cinismo, hipocresía, errores y cobardes actitudes, en esa hora suprema de exámenes y sinceridades. Nos movemos en un mundo farisaico y mezquino, abrumados y cohibidos por el absurdo “¿Qué dirán?”, “¿Qué efecto producirá esta acción o noticia en mi círculo habitual?”, “¿Qué opinarán mis amigos si llegan a conocer esta desafortunada etapa de mi vida?”, “¿Cómo voy a permitir que se descubran los errores y carencias familiares del pasado, moviéndome en este círculo de privilegiados y encumbrados miembros de la alta sociedad?, etc, etc Como si conservar esas amistades a las que tenemos que tratar bajo una máscara que oculte nuestra realidad fuera lo más importante del mundo. El verdadero amigo, el que realmente interesa y es digno de conservarse es el que se entrega sin reservas, en las épocas buenas, regulares y malas, sin que nuestras desgracias, carencias, caídas y vicisitudes alteren la fortaleza de su amistad. Los demás no merecen la pena, ni nos sirven para nada. Voy a García Márquez: “Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera. Posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen”. Lo dice un hombre brillante y en su hora de la sinceridad. Un auténtico regalo de un ser extraordinario a la sabiduría del ser humano, cuando se da cuenta de que ha llegado su hora final y ve apesadumbrado que, a pesar del reconocimiento universal a su valor literario, la concesión del máximo galardón al que un escritor puede aspirar el Premio Nobel y a las millonarias ediciones y centenarias traducciones de sus numerosas obras, desea ardientemente una pequeña prórroga de vida para compensar tanto tiempo y esfuerzo perdidos en aras de una felicidad y un triunfo que ahora le atormentan y acongojan. “Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas”. Buen consejo e inestimable consigna. No te importe que el mundo se torne hostil con tu verdad y pensamiento. Si los que te rodean no saben o no quieren comprender la sinceridad de tus palabras y sentimientos, si se sienten ofendidos con ellos, es porque gustan y buscan vivir en el engaño y la hipocresía de esa falsa apariencia con la que intentan camuflarse. Es una especie de coraza bajo la que pretenden ocultar la falsedad de sus vidas y la mentira de su amistad. Descarga tu conciencia de todo lastre, para que cuando te llegue la hora de tan largo e ignoto viaje vayan leve de peso las alforjas de tus errores y omisiones engañosas. Olvídate del efecto que en los retrógrados y falsos aduladores puedan causar tus sinceridades. ¡Es más importante y hermoso morir sereno de alma, rodeado exclusivamente de los que de verdad te han querido, que con la amargura que siente el que muere abrumado por el peso de sus ocultos y disimulados errores, rodeado por esa insensible multitud que acude a despedirlo !. Desnudo venimos y sin nada nos vamos al final de nuestro trayecto. Todo cuanto se ha conseguido a base de luchas, engaños, abusos y esfuerzos, ha de quedar aquí. ¡Cuánto tiempo perdido inútilmente!. Buscamos el éxito y la inmortalidad y no nos damos cuenta que ambos están en el cariño, la verdad y la continuidad de nuestra propia familia: Mujer hijos, nietos, etc. Esta cadena es la única que nos hace verdaderamente inmortales y nos brinda un recuerdo permanente más allá de nuestra vida, aunque sepamos que donde estemos, probablemente, no lo vamos a disfrutar. “A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse” Sabia sentencia que he podido experimentar personalmente. Jamás he dejado de estar enamorado de la mujer que elegí por compañera hace ahora cuarenta y cinco años. La primitiva pasión que siente la juventud cuando deciden unir sus vidas en el matrimonio (de hombre y mujer exclusivamente, le pese a quien le pese y a lo que digan algunas leyes), da paso a un cariño sincero e indestructible, a pesar de las posibles crisis, que se reafirma y consolida en el vivir de cada día. No quiero decir con ello que en ese amor longevo desaparezca por completo la pasión. Aunque no tenga los ingredientes y frecuencias propios de la juventud. ¡Que más quisiéramos!. Lo que si puedo asegurar es que la mente y los ojos sentirán permanentemente la irresistible admiración por la belleza, independientemente de su edad y estado. También existen los que fracasan en el matrimonio y los que utilizan este ritual como si se tratara de un simple cambio de corbata. Los que compran juventud y los que venden momentos de placer, tanto hombres como mujeres. De todo hay, por desgracia, en la viña del Señor, de la que el insensato mortal no ha sabido cuidar y obtener los frutos debidos. Como ven la carta de nuestro ilustre autor no tiene desperdicio. Lógico en una mente tan lúcida como la suya y más aún cuando presiente y comprende que ha llegado al final de su vida. “Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que lo necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles “lo siento”, “Perdóname”, “por favor”, “gracias” y todas las palabras de amor que conoces. El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo, Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo”. Son sus palabras de despedida. Yo tras una amarga experiencia que tuve que soportar, en la que vi claramente que había llegado al final de mi carrera vital, cuando me recuperé contra todo pronóstico médico, tras un coma profundo, infernal encierro en la UCI hospitalaria, paralizado de cuerpo pero en plena actividad mental, tuve los mismos pesares que mi admirado maestro colombiano. Me dolía tanto tiempo perdido, tantas palabras calladas, tantos silencios sentimentales aparcados y tantas demostraciones de amor que no fui capaz de realizar. Hoy he podido rectificar, tras el regreso de esa tenebrosa pesadilla, y en los años de esta prórroga concedida, cuya duración desconozco, me he dedicado a gozar las admirables sensaciones de un día a día que siempre encuentro diferente y lleno de alicientes, pretendiendo disfrutar al máximo de tantas cosas maravillosas que la vida nos depara, aunque las ignoremos por no detenernos a reflexionar sobre ellas. El cariño de mi mujer e hijos tan ampliamente demostrado en esos días tan angustiosos y cruciales; los mimos y caricias de los nietos desprovistos de falsas intenciones; el sonido de una bella melodía que he estado oyendo toda la vida, sin darme cuenta de su belleza y poder de relajación; la salida y belleza del sol anunciándome un nuevo amanecer en mi vida y hasta el poder dar libertad a mis sentimientos escribiendo estás páginas con la ilusionada esperanza de que algún ignorado lector pierda su tiempo en leerlas. “Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas”. Gracias maestro, sigo tu consejo y eso es lo hago. Me has dado uno de los mejores consejos que he podido recibir a lo largo de mi ya dilatada vida. Me has ofrecido la solución para poder enmendar mis errores, rectificar mi rumbo en la vida y pedir el perdón y la comprensión a los que de una u otra forma he podido ofender. Para dar salida a esas demostraciones de amor, arrepentimiento, gratitud y perdón que no he sido capaz de sentir y realizar cuando la ocasión fue propicia y el efecto concluyente y certero. No he podido encontrar un testimonio donde se refleje mejor la grandeza y el espíritu de un hombre, que si como escritor merece el recuerdo y reconocimiento universal, como persona ha superado todas las cotas previsibles para escalar la cima más escarpada y difícil a que puede elevarse un ser humano excepcional. “A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido”. Tú, querido y admirado “Gabo”, jamás serás olvidado, nunca morirás para nosotros.
lunes, abril 17, 2006
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