jueves 13 de abril de 2006
Me quedo en España, como un morisco de las Alpujarras
Joan Pla
M IENTRAS Parra renueva sus ímpetus literarios por los cerros de Pereda, remontando las cimas dialécticas de Félix Arbolí y de Raúl del Pozo, yo aterrizo en Almeria y me monto en un autobús aerodinámico y me adentro, cuesta arriba, en el laberinto de las Alpujarras, al sur de Granada, como el ilustre colega Gerald Brenan, con idéntico propósito, esto es, el de llegar a ser escritor. Dicho esto, algún lector podría pensar que peco de falsa modestia o de auténtica vanidad, si digo que lo que quiero, lo único que quiero, es llegar a ser escritor, por aquello de que el avisado lector sabe que llevo ya más de medio siglo ejerciendo el oficio de Cervantes y el de Larra y que tengo veintitantos libros publicados y unos quince mil artículos dibujados y otros tantos dibujos escritos. Durante tres horas interminables, asomado a los barrancos de Sierra Nevada, he recordado a Brenan, aquel idealista inglés de linaje aristócrata, que alquiló una casa en uno de los cincuenta pueblecitos que acabo de ver pegados a la montaña grande, como un resbalón de cal en el magno tapiz verde oliva y gris de la serranía y que, además,se echó de novia a Juliana que, como dice Fernando Colombo, es una “atractiva y sensual muchacha que le fascina inmediatamente”. El chofer del autobús en que viajo también se llama Paco, como el malandrín que le ayudó a Brenan a ligarse a la moza Juliana y que, de paso, se la mandó al pecho unas cuantas veces, mientras el inglés estuvo ausente. Pienso también, mientras recito en latín a Horacio y digo aquello de “Beatus ille qui procul negotiis...”, en el querido Félix Arbolí que se nos descuelga esta semana con un espléndida elegia por Cataluña. Se me olvidaba decir que en Busquistar, donde esta el magnífico apartotel en que me hospedo, también hay internet y también llega “Vistazo a la Prensa” Y concluyo: Estoy aquí porque estoy hasta más allá de los huevos con lo del Estatuto catalán . Yo hablo y escribo en catalán, igual que lo hago en castellano, desde que mi madre me enseñó a descifrar el significado del idioma y a saborear la almendra mágica de las palabras. El último párrafo de Arbolí, cuando arenga a Cataluña, a que no nos abandone, me induce a decirle y a rogarle que no sea pesimista, cuando dice que “Sería el mismo efecto de que yo renegase de mis padres, intentara borrar mi apellido de mi identificación personal y llevara una vida independiente y ajena a todo mi pasado, porque algunos de mis familiares pretendieran eliminarme del círculo al que por nacimiento y justicia pertenezco. Yo soy andaluz y tu eres catalán, ¿ por qué no podemos ambos sentirnos asimismo españoles?. Olvídate de los malos consejos que sólo han de conducirte al ostracismo, la exclusión y renegar de una gran extensión de tierra y hombres con los cuales llevas conviviendo durante tantos años sin problemas, ni deslealtades.” Tú eres gaditano, Félix, y yo soy mallorquín. Y me gustarían tus artículos, aunque fueses catalán. Y te querría igual, aunque no te sintieses español. Voy a ver si en estos días de retiro aprendo a quedarme en España como un morisco de las Alpujarras.
miércoles, abril 12, 2006
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