lunes 17 de abril de 2006
Cardenal Tonini vs padre Guillermo
Miguel Martínez
U NO, que siempre toma muy en cuenta todo aquello que manifiestan los mandamases de la Iglesia, se halla estos días con el ánimo sobrecogido y sin saber cómo reaccionar ante los espinosos acontecimientos que se avecinan, tan graves ellos que le soliviantan el sueño, le quebrantan el intelecto y la concentración, y hasta parece que llevan en aumento esa lenta pero persistente alopecia que acosa implacablemente la coronilla de un servidor desde hace ya más de un decenio. Anda uno en extremo preocupado, que no en vano es mucho el cargo de conciencia que viene acarreando quien les escribe, pues hasta que el cardenal Ersilio Tonini no hubo abierto la boca, este columnista no había reparado siquiera en tamaña afrenta que el mundo católico acababa de padecer, ultraje mayúsculo que causaba, además, gran menoscabo hacia todos los hombres y mujeres que se sienten identificados con la religión de Cristo. Y es que los dirigentes de las federaciones española e italiana de fútbol han autorizado a los clubes F.C.Barcelona y Villarreal C.F. (por parte española) y A.C. Milan e Inter (por la italiana) a que adelanten del sábado al viernes sus respectivos compromisos ligueros de este fin de semana, todo ello con objeto de disponer de un día más para preparar la eliminatoria de semifinales de la Champions League que enfrentará a Milan y Barça, -de un lado- y a Villarreal C.F y a Arsenal –del otro. Esta decisión federativa ha motivado que desde la Iglesia, y por boca del cardenal Tonini, hayan puesto el grito en el cielo. No escapará a la innata sagacidad ni a la habitual agudeza de mis queridos reincidentes el detalle de que el próximo viernes no es uno como otro cualquiera, sino que es Viernes Santo, o lo que es lo mismo, el día en el que los cristianos recuerdan la crucifixión de Jesucristo y, por tanto, día de Vía Crucis, de ayuno y abstinencia. Comprenderán entonces que uno, que ya había iniciado trámites y contactos con el fin de organizar para ese viernes una velada futbolera de ésas con cinco amiguetes, televisión, pizza y latas de cerveza, se sienta ahora culpable y compungido por haber colaborado en tan severo agravio a tan sagrado día, máxime cuando uno lee las manifestaciones del cardenal Tonini a la “Gazzeta dello Sport" afirmando que la insensibilidad del mundo del fútbol es desconcertante y que no hay justificación posible a tan vil atentado. Y así anda uno, sin saber si el próximo viernes va a pecar y a condenarse eganchándose al Barça - Vil•lareal (eso sí, con pizza de piña y atún, nada de carne) o, por el contrario, hacer causa común con el cardenal Tonini y dedicar la tarde a la reflexión, a rezar el credo y -especialmente- mandar la tele y la radio al desván de casa de la abuela hasta el domingo, para eliminarlos como oscuros objetos de deseo y tentación. Y cuando más fastidiado se encuentra uno, hallándose ya ante la última y terrible dicotomía de cortarse las venas (por pecador e impío) o bien dejárselas largas y asumir su condición de adicto al balompié en general y al Barça en particular, se cumple ese sabio dicho de “donde una puerta se cierra, otra se abre”. Y es que anda por Villareal un cura llamado padre Guillermo, párroco de la Iglesia de Santa Sofía, templo ubicado junto al estadio de El Madrigal, que celebra las victorias sonadas del Villareal haciendo repicar las campanas, que los días posteriores a los triunfos de su equipo se presenta en misa con un hábito amarillo (igual al de la zamarra de su club) y que tiene previsto dar una misa en París tras la final de la Champions si su equipo se corona vencedor de la preciada copa europea. Con buen criterio, este simpático sacerdote de 78 años que lleva como timbre de aviso en su móvil la sintonía de la Champions Leage, no utiliza sus influencias celestiales para interceder en favor de su equipo y se jacta de no haber rezado jamás para pedir una victoria para su equipo. Hacerlo -explica- significaría mezclar el fútbol y religión, mala idea sin duda. No sé ustedes, mis queridos reincidentes, pero un servidor se queda con el padre Guillermo y el viernes se ve el partido Barça – Villareal con los amiguetes , la pizza (de piña y atún), la cervecita y con la bendición de Mosén Guillermo. Que ese otro cura, el italiano, es de un soso que aburre.
domingo, abril 16, 2006
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