miércoles, abril 19, 2006

ZpM el estatico

jueves 20 de abril de 2006
Zapatero el estático

M. MARTÍNFERRAND

JOSÉ Luis Rodríguez Zapatero es un fiel observante del más tradicional de los consejos ferroviarios -«es peligroso asomarse al exterior»- y puede presumir de ser el jefe de Gobierno menos viajador de todos los de la UE. A tal punto llega su aversión itinerante que, siendo hombre poco dado a delegar poderes, le ha entregado a Miguel Ángel Moratinos, titular de Exteriores, la práctica totalidad de los asuntos que se relacionan con su cartera. Aun así, contra su gusto y en aras de la necesidad, Zapatero viaja hoy a Berlín para verse con Angela Merkel, la más brillante excepción en la crisis de liderazgo que tiene paralizado el Viejo Continente en el peligroso momento en que también flojea el Nuevo.Según se anuncia, el próximo número de «Newsweek», uno de los adelgazados oráculos de occidente, presentará en portada a Zapatero, el hombre que «trabaja para que el socialismo funcione». Ese podría ser el detalle de nuestra incomprensión. Confiábamos en el esfuerzo presidencial para el buen funcionamiento de España; pero, como advierte el semanario, la devoción socialista es prioritaria en el estático líder leonés. De ahí que sea legítima la duda sobre el orden berlinés de los intereses de Zapatero. ¿España o el socialismo? La solidez ideológica ya acreditada por la canciller alemana -no digo «cancillera», que es sinónimo de cuneta- permite augurar que será la poesía europea, tan lánguida, el eje de su diálogo y, de paso, cabrá en él una cuota para la prosa de los intereses alemanes en la maltratada opa de E.On sobre Endesa.Como Merkel es persona de talento, sabrá administrar los almacenes de su memoria, no como Zapatero, que la tiene obsesiva y monotemática, y pasará por alto el innecesario y despectivo ninguneo con que su interlocutor de esta tarde acogió su victoria electoral sobre Gerhard Schröder. Aun así seguirá entre ellos, como un biombo distanciador, su doble y fundamental diferencia. Ella quiere desfederalizar Alemania para su mejor gobierno y prosperidad, y él pretende, a juzgar por los hechos, confederalizar la realidad española. Además, mientras Zapatero luce su afán intervencionista y fomenta el de sus satélites, Merkel tiene claro que sólo el mercado puede enderezar el muy torcido rumbo de la Unión, atosigada por lo social y en flagrante decadencia competitiva.Pensar hoy, como Zapatero apuntaba hace poco más de un año, en un eje Madrid-Berlín, con escala en París, exigiría que nuestro presidente, además de desairar los intereses catalanes en la opa de Endesa, se cayera del caballo y pasara a creer en las virtudes de una economía en la que, creado el marco para el juego, el Estado fuera árbitro y mero receptor de su cuota fiscal; pero en ese caso, y dejando al margen la pasión republicana, Zapatero se nos quedaría en nada. Incluso en menos.

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