miercoles 12 de abril de 2006
¡Siento que quieras dejarnos, Cataluña!
Félix Arbolí
H OY quiero hablar del famoso Estatuto. Lo escribo en castellano, pues no tengo obligación de usar el catalán. Un asunto que nos están ofreciendo de continuo, día tras día y programa tras programa, como si fuera la panacea que necesita España para resolver todos sus problemas. Yo pienso todo lo contrario, pero allá cada cual con sus criterios y opiniones. Sobre él corren ríos de tinta en la prensa, se ocupan largas horas en las ondas radiofónicas y se ofrecen excesivas jornadas en la pequeña pantalla. Ya hay otras regiones que intentan adoptar lo de” nación” como aspiración suprema de todas sus necesidades y problemas. ¿Cómo vamos a denominar a España después de que todas sus regiones se consideren naciones?. Opinando sobre un tema de interés general a lo que antes se consideraba una nación indivisible, los sabios comentaristas que figuran en todos los debates radiofónicos y televisivos. Sea de la índole que sea la temática a deliberar, ellos hablan con una suficiencia y sapiencia que deja pasmado al oyente o televidente normal. ¡Hay que ver los privilegiados cerebros que se pierde el ministerio de Cultura!. Deben ser inteligencias súper normales para poder abarcar tan diversos asuntos con esa autoridad y prepotencia. Y entre ellos, la imposible circunstancia de que lleguen a una solución o entendimiento, ya que a tan ilustres contertulios, salvo contadas excepciones, se les ve claramente el plumero que limpia y remueve sus preferencias mentales y dependencias ideológicas. ¿Qué me enseñaron entonces en la Escuela Oficial de Periodismo…?.Oyendo hablar a tan sesudos varones e inteligentes mujeres, me doy cuenta que más allá del dos por cuatro igual a ocho, no he aprendido nada más. ¡Qué pena Dios mío tanto tiempo perdido en esas aulas del saber para aprender el ejercicio de una profesión que cada día me parece más extraña! Que Cataluña es una nación, que no, que es una nacionalidad, que están equivocados, que es una comunidad autónoma. Que fulanito dijo aquello; que no, que a mi me lo dijo menganito. Yo he leído, he oído, lo sé de buena tinta, mi confidencia es segura, etc. Y vengan horas de tele y de radio y páginas de prensa en un tema en el que ninguna de las partes está dispuesta a darle a la otra la razón. Y ese mismo día, en otra cadena y con distinto asunto a tratar, volvemos a encontrarnos a tan expertos comentaristas y conocedores exclusivos de la verdad, hablando ex cátedra sobre su teoría, sin ofrecerle el más mínimo atisbo de comprensión y fiabilidad a lo que pueda opinar el contertulio de enfrente. Al final, el incauto e ingenuo espectador u oyente se va a la cama sin haberse enterado de nada. Sin haber sacado nada en claro. Más aún con una empanada mental impresionante. Desconozco lo que dice y propone el famoso Estatuto, porque o no lo han expuesto al criterio y curiosidad del ciudadano, como debería ser una normativa de tal categoría, o si lo han hecho yo no estaba en ese espacio o no tuve oportunidad de comprar el diario donde se exponía. Me da la impresión de que su contenido no ha estado al alcance de todos, por si las moscas. A mi, la verdad, me tiene bastante preocupado por lo que a mi entender puede suponer, si no ahora, más adelante. Más aún si anda por medio ese señor Rovira, hijo de un guardia civil y por lo visto enemigo de todo lo que huela a España. Sólo puedo aclarar y afirmar que me gustó mucho Barcelona, me trataron muy bien a nivel popular, visité locales y monumentos inolvidables y hasta realicé una serie de reportajes que al publicarlos a través de la agencia, donde ejercía como redactor jefe, se dieron a conocer en distintos lugares de nuestra geografía nacional. Recuerdo con cariño el que le hice, en un local nocturno entonces muy de moda, creo que se llamaba “Barcelona la nuit”, a un personaje extraordinario y entrañable al que anunciaban como “El Gran Gilbert”. Un veterano artista de la canción, a la que había dedicado su larga vida, sin que tanto desvelo y entrega le hubieran proporcionado la fama más allá de su entorno habitual, ni siquiera un retiro digno y confortable. A su edad, ya en el cenit de su existencia, aún continuaba soñando con el éxito. Fue una magnífica entrevista gracias al ingenio, la sinceridad y las asombrosas respuestas que supo dar a cada una de mis preguntas. Otra tuvo como escenario un recoleto y original bar llamado “Ricard”, donde todo el local, hasta la colocación de sus botellas, parecía haberse detenido en el mismo instante en que su propietario murió. La viuda, heredera y única empleada, había convertido el negocio en una especie de santuario u homenaje permanente al hombre que compartió su vida, con más infidelidades y espantadas que buenas acciones. Pero, según me contó, cuando regresaba tras varios días de incógnitas aventuras, no podía soportar verlo esperando en la calle, sin atreverse a entrar y le abría las puertas del hogar con enorme cariño, ofreciéndole feliz su perdón en unas reconciliaciones que fueron las páginas más hermosas e inolvidables de su vida. Su establecimiento quedó convertido en un auténtico museo del amor. Amigos que posteriormente visitaron ese “santuario de Cupido”, me contaron que en lugar destacado tenía expuesto mi reportaje! Admirable mujer e insólito ejemplo de un amor que, a pesar de tantas vicisitudes y altibajos por parte de él, permaneció inalterable más allá de los límites vitales!. Son muchos recuerdos y detalles que conservo de esa Barcelona cálida y hospitalaria que, al observar que estabas presente y no entendías el catalán, se excusaban cortésmente y continuaban su charla en castellano. Hasta mi editorial es catalana, como la mayoría de las que publican en España. Más aún, el origen de mi apellido, de una sola rama, es de origen catalán y hay un pueblo muy bonito y turístico entre montañas, llamado Arbolí, en la provincia de Tarragona que, sin lugar a dudas será el origen de mis ancestros. No obstante, no acepto y me duele que una región, comunidad o nacionalidad, como quieran llamarle, tan entrañable y de tan magníficos recuerdos, intente disgregarse de un árbol común con muchos siglos de historia conjunta y gloriosa para ellos y para el resto de España, porque sentiría una tremenda decepción y tristeza ir a Cataluña y sentir que me encuentro en una tierra tan extranjera como Bélgica u Holanda, por renegar de un pasado, una cultura y una historia que nos hizo grandes a todos sin distinciones sobre la procedencia del héroe que las inmortalizó. ¡No reniegues Cataluña de España!. No te separes de la patria común con la que compartiste días de gloria, éxitos sin precedentes en muy diversas esferas y actitudes y te encuentras unida, le pese a quien le pese, por los lazos de una Historia común, una geografía sin fronteras y unos hijos, los nacidos en tus límites que se instalaron más allá de tus cuatro provincias y se casaron y forjaron nuevas familias y negocios, así como los que te eligieron como escenario de sus nuevas vidas y se sintieron catalanes, sin dejar por ellos de considerarse orgullosos de haber tenido su origen y conservar a su familia en otros lugares de nuestro mapa geográfico. Olvídate de aquellos que con falsos cantos de sirenas intentan desplazarte de tu privilegiado lugar en la grandeza e integridad de España, la patria común de todos, aunque conservemos en ese íntimo e inolvidable rincón de nuestra sensibilidad, el cariño y el constante recuerdo hacia ese lugar en el que nos asomamos por primera vez a este laberinto de lobos aulladores y hambrientos que intentan devorar y hacer desaparecer todo cuanto encuentra en su alocada carrera buscando egoístamente su triunfo y bienestar personal. Resentidos y renegados empeñados en llegar a ser cabeza de ratón, ante la incapacidad de ser alguien en la fortaleza y belleza del león. Sería el mismo efecto de que yo renegase de mis padres, intentara borrar mi apellido de mi identificación personal y llevara una vida independiente y ajena a todo mi pasado, porque algunos de mis familiares pretendieran eliminarme del círculo al que por nacimiento y justicia pertenezco. Yo soy andaluz y tu eres catalán, ¿ por qué no podemos ambos sentirnos asimismo españoles?. Olvídate de los malos consejos que sólo han de conducirte al ostracismo, la exclusión y renegar de una gran extensión de tierra y hombres con los cuales llevas conviviendo durante tantos años sin problemas, ni deslealtades.
martes, abril 11, 2006
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