lunes 17 de abril de 2006
Resurrexit
Antonio Parra
E NVERAN las acacias. Sueltan la candela los pilongos y se adornan con toldo de verdor las alamedas. Los árboles de parques y veredas lucen ya su polisón, esa librea de gala. La naturaleza inexorable aunque los hombres fallan. Por todos los ámbitos sin embargo cunde el grito de resurrección. Son las banderas blancas vexila regis del Rey que venció a la muerte y el victimae pascuale laudes resonando en los ánditos de las catedrales en la penumbra de las naves frías de las catedrales en la vigilia. Lumen Christi. Deo gratias. Cirios del Sábado Santo con toda la cera virgen de los panuales nuevos. Traen al altar todo el amor de las abejas que liban todas las flores de España y zumban gozosas en las laderas. Cánticos antiquísimos que esponjan mi alma penitente. Dan razón al sufrimiento. Me olvido de los verdugos y del clamor terrible que salió de los labios de aquella pobre mujer que no sabía ni lo que decía. Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos. Pues bien ha caido. Esta lluvia de sangre transformó el mundo en amor una fuerza oculta y subterránea que fluye por debajo en el alveo de la historia. No se la ve pero es la gran fuerza indestruptible. Caudal de sangre derramada del primer mártir y de todos los mártires que ha habido y está habiendo y siguen dando testimonio de su fe. El eslabón de la cadena no se interrumpirá porque un despota del laicismo mande quitar la lápida del monumento a los caídos de la guerra civil. Pobrecillo ese tampoco sabe lo que hace. ¿Muerte dónde está tu victoria? Oh cruz dichosa que mereció tanto premio. Lo tenía prometido y como algunos años de atrás he vuelto a procesionar tras el paso de la Dolorosa de Santa Eulalia la de los artilleros. Bajo la visera de un capuchón se ve el mundo de manera muy distinta. Nada parece asustarte. Ni las miradas recelosas de aquella mora que empezó a insultartar a los capirotes cuando el paso atravesaba una callejuela de la Alhóndiga. Ni las risas de los haraganes en la acera como tampoco la devoción que suscita este espectáculo entre los españoles sencillos y los hombres de buena fe. Que aún quedan. Los cristales y las agujas hipodermicas que la mano negra del mal va soltando delante de nuestra comitiva no alcanzan las plantas de tu pie y las cadenas del brete y la pihuela que abrazan tus tobillos tampoco te afectan. Un milagro de la fe. Pero Cristo les asusta. Estos días la prensa del contorno no hace sinio reivindicar la figura de Judas. Se explayan en audaces comentarios sobre los campos de Haceldama. Las treinta monedas. La soga del ahorcado. Iscariotes a lo mejor se salva. No es materia de mi incumbencia. Pero me repugna ese afán de contraponer la figura de Judas a la de Jesús. Esos rasgamientos de vestiduras de ciertos zenones a quienes le produce un dolor lancinante el espectáculo de las procesiones que han recorrido durante la Semana Mayor las calles de nuestra patria. Hasta aducen textos de Dostoyevski al que no han leído pues el autor ruso creía en el triunfo del cristianismo y tiene una mira profética sobre la derrota a la larga de las fuerzas oscuras representandas por el Sanedrían. Pero no importa. El único afan que tienen es dar vuelta a los argumentos maniulándolos. Cambiar la historia y maqyullar los hechos a su antojo. La figura del ecce Homo les estorba. Creían con Azaña que España ha dejado de ser católica. Critican el medievalismo, el lujo, la suntuosidad de estas manifestaciones. Se podía despojar de sus joyas a esas vírgenes que marcan el paso tan enjaezadas. Rifar los prendedores de brillantes. Esas sedas esos azabaleches esos mantos con incrustaciones de oro y de plata. Esa fue una frase de Judas hoy tan de moda. La única vez que el disícipulo traidor habla en el evangelio es para hablar de la bolsa. Enfin ahí les duele y supuran por la herida. Pero conviene advertir es que la única vez que Cristo sale a la calle. El pueblo soberano se lo arrebata a los curas y los saca a pasear. Ciertamente somos un pueblo pasionista. No obstante el dolor de Viernes Santo es antesala del triunfo gozoso de la mañana de resurrección. Esto es hoy. Christus hodie hieri et semper. Y es que esta fiesta revolucionaria y que contradice a las fuerzas de la naturaleza que vence a la muerte en su alegría es del todo revolucionaria. Un arma cargada de futuro. Buena pascua
domingo, abril 16, 2006
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