miércoles, abril 19, 2006

Memoria historica mutilada

jueves 20 de abril de 2006
Memoria histórica mutilada
Rocío Chamorro Franco

S an Juan de Aznalfarache, Sevilla. Corría la Segunda República. Teresa regentaba una fábrica de perfumes en Sevilla. Tenía un hijo adolescente, al que había conseguido sacar adelante con muchos desvelos, y ya casi rozando los cuarenta años, tras varios hijos que murieron recien nacidos, a causa de una enfermedad que hacía que la salud de su prole fuera especialmente frágil. Los años de la República no fueron fáciles para ésta familia. El hecho de ser personas queridas por sus empleados, no evitó que día tras día, la fachada de su casa, sita en la plaza del pueblo de San Juan de Aznalfarache, apareciera pintada con dianas, símbolos republicanos, y amenazas de muerte.Pintadas que Teresa borraba diariamente volviendo a encalar la pared, en un gesto que sus enemigos, que lo único que sabían de ésta mujer es que gozaba de una buena posición económica, interpretaban como un desafío. Tanto ella, como su marido y su hijo adolescente, de profundas creencias religiosas, tenían que entrar a la Iglesia de espaldas, por temor a que algún republicano de esos que alguien pretende hoy día hacer héroes, se acercara y les reventara la nuca de un disparo. Y no era un temor infundado. Era el pan de cada día, como lo era en los años 80. Los mismos perros con distinto collar. Republicanos entonces. Etarras 60 y 70 años después. El día que comenzó la guerra civil, Dionisio, el hijo de Teresa, cumplía dieciocho años. Treinta milicianos irrumpieron en su casa, querían llevarse a su padre y fusilarlo. Dionisio intentó por todos los medios defenderlo,pero lo único que consiguió, fué que también lo detuvieran, y que lo llevaran al ayuntamiento para quemarlo vivo. A pesar de sus más de sesenta años, ella no podía permitir que nadie le arrebatara a su único hijo.Se hizo acompañar de un buen número de sus empleados, y con un pico logró echar abajo la pared del ayuntamiento y salvar a su hijo de ser quemado vivo. Dionisio, que ya entonces simpatizaba con los ideales falangistas, entró a formar parte de las filas nacionales. Su madre, que se había quedado sola, vendió todo lo que tenía y decidió acompañar a su hijo allá donde fuera durante el tiempo que durara la guerra. Aunque se arruinara. Su marido había muerto y ese hijo era todo lo que le quedaba. Pasó la guerra civil. Dionisio se había convertido en uno de los cabecillas de las juventudes de Falange, y le ofrecieron ser el alcalde de San Juan de Aznalfarache. Por todos es sabido, que tras la guerra civil, como en todas las guerras, el bando ganador ajustó las cuentas al otro bando. Dionisio, nunca sintió rencor por nada ni por nadie. Decidió pasar página y llegó a firmar a algunos de aquellos milicianos,los mismos que un dia quisieron quemarlo vivo, un papel donde certificaba que eran personas de bien, para salvarles la vida en la represión de la posguerra. Decía que aquellas personas también tenían familia e hijos. Quizá lo hacía porque precisamente el, sabía lo que era perder a un padre en semejantes circunstancias, y era incapaz de desear a otros el mismo sufrimiento.Siempre fue un idealista. Años más tarde, como hicieron otros muchos falangistas, dio la espalda al Régimen de Franco, pues como decía : “no habíamos ganado una guerra para eso”. Una dictadura como la de Franco no era por lo que aquellos jóvenes falangistas habían luchado. Cuevas de San Marcos.Málaga. El padre de Emilio era el practicante del pueblo. Había conseguido mandar a su hijo mayor a la Universidad con mucho esfuerzo, pues era una familia humilde, sin enemigos aparentes que hicieran presagiar lo que más tarde ocurrió. Por aquel entonces ir a la Universidad era un lujo que pocos podían permitirse. Pero Emilio siempre había sido un estudiante brillante, y sus padres decidieron sacrificar lo poco que tenían para que aquel chico no desperdiciara su potencial, y pudiera llegar a tener una vida mejor de la que ellos habían tenido. En la Universidad, Emilio, que era un joven inquieto, se interesó por la política y comenzó a militar en las juventudes de falange, y aunque nunca se significó demasiado, ni destacó especialmente en su faceta política, alguien debió enterarse. Durante la guerra civil, un chivatazo hizo que hicieran presos a padre e hijo. Fue a plena luz del día. Los fusilaron. Emilio tenía dos hermanas pequeñas. La mayor de las dos, Carmen, contaba entonces con doce años. Se enteró de la noticia de la peor forma posible. Paseaba por un olivar algo retirado del pueblo, y se topó con el grupo de milicianos que acababan de asesinar a su padre y a su hermano, que yacían inertes en el suelo. Yo tengo veinticuatro años. Carmen y Dionisio son mis abuelos. Dionisio vivió durante muchos de sus últimos años en Málaga, donde llegó a ser conocido por su profesión, y reconocido por ser una buena persona. En muchas ocasiones, años después de su muerte, me he topado por casualidad con personas anónimas, normales y corrientes que lo conocieron y, agradecidos, me han contado como mi abuelo les ayudó en un momento determinado. Al margen de anécdotas, lo que yo si se es que su entierro fue multitudinario, y esos son cosas que no pasan por casualidad. Mi abuela Carmen aún vive, y la he visto llorar en muchas ocasiones por su padre y su hermano. Nunca ha llegado a entender porqué tuvo que pasarle aquello. Ahora,75 años después el Gobierno presidido por José Luís Rodríguez Zapatero dice que el modelo que quiere seguir en su gobierno es el de la Segunda República. Quiere recuperar su particular “memoria histórica”,despreciando la memoria de muchas personas que murieron durante aquel periodo, o que lo sufrieron en sus propias carnes. Yo doy gracias por haber tenido la suerte de haber nacido en democracia. Me repugna todo aquello que suene a dictadura, dictadura como la de Franco, o dictadura encubierta como hubo en la Segunda República. Me reconozco atea, pero valoro lo suficientemente la libertad de los demás como para dar por hecho que nadie está obligado a pensar como yo. Por ello no puedo aceptar que se tome como modelo un régimen en el que la represión a los católicos, asesinatos de curas y monjas, personas al fin y al cabo, era el pan nuestro de cada día. ¿Sería impensable que ningún partido político hoy día tomara como modelo de una forma tan provocadora el Régimen de Franco,verdad? Sería una falta de respeto hacia aquellos cuyas libertades se vieron recortadas o totalmente mutiladas. Lo mismo pienso de aquella sangrienta “democracia” en que degeneró la Segunda República. La historia de España está llena de sombras, tantas, que me parece una irresponsabilidad querer jugar a buenos y malos a éstas alturas. El abuelo del Presidente del Gobierno, fue un militar republicano que murió durante la guerra civil. Señor Rodríguez Zapatero: Su abuelo pudo ser uno de aquellos republicanos que sacó a aquel niño de dieciocho años de su casa para quemarlo vivo. O uno de aquellos que se congratulaba cuando disparaban un tiro en la nuca a quien se dirigía a misa, si no el que disparaba. O una de aquellas personas que le arrebataron a la niña de doce años a su padre y su hermano.¿Qué memoria histórica pretende usted recuperar:la suya,o la mía? Admiro a mi abuelo porque supo perdonar a quienes le habían hecho tanto daño.Mi abuela nunca tomó represalias contra nadie.Reconcíliese usted también con su pasado,es lo mejor que puede hacer. En todas partes cuecen habas. Y más durante una guerra civil. Déjese de buenos y malos. Usted tiene la obligación de gobernar para todos. Ahora, si que viene a cuento aquella frase de Don Gregorio en “la lengua de las mariposas”: "Si conseguimos que una generación, una sola generación, crezca libre en España, ya nadie les podrá arrancar nunca la libertad...". Los jóvenes que nacimos al comienzo de la democracia en España, y no aquellos niños de la República, somos esa generación. Valoramos aquella constitución que nos hizo libres. No odiamos a los que no piensan como nosotros. Demasiadas cosas han cambiado como para que consintieramos que volviera a ocurrir algo similar. Amamos demasiado la libertad.Y le digo de entrada que nos importa un comino la memoria histórica que usted de forma tan sectaria pretende recuperar, pues gracias al consenso y a la voluntad de todos los partidos políticos, en nosotros se encarna la superación de las dos Españas. No pretenda usted arrancarnos la libertad, aunque sea de pensamiento, ni pretenda arrancarnos una parte de nuestra historia. Tenía razón el republicano Don Gregorio. Es inútil. No lo va a conseguir.

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