miércoles, abril 19, 2006

La cultura de la vuelta al pasado

jueves 20 de abril de 2006
La cultura de la vuelta al pasado
SALAH SEROUR/PROFESOR DE LENGUA ÁRABE EN LA UPV-EHU

Un conocido proverbio árabe dice que la persona que piensa es un ser humano positivo, pero eso no es cierto en absoluto, ya que el pensamiento que desarrolla puede ser negativo o positivo. El pensamiento positivo refleja en la vida de su dueño evolución, paz y bienestar, mientras que el negativo le conduce a la ejecución de actos abominables. Hay mucha gente que se sumerge en el pensamiento, pero su meditación sólo genera preocupaciones, insomnio y les induce a la conjura de las dudas que, en los mejores casos, no aporta ningún beneficio y, en los peores, lleva a su dueño a un camino plagado de desastres.Sería bueno que aquéllos que piensan de forma negativa dejaran de hacerlo. Recordad que los criminales, los malvados y los necios han pensado antes de cometer una insensatez, con lo que se demuestra que no todos los pensamientos pueden conducir a un resultado positivo. Sería muy beneficioso para todos estos ilustres pensadores, y también para nosotros, que abandonaran su pensamiento; pero decidieron pensar y creen que pueden servir de ejemplo por la belleza de sus ideas. El pensamiento negativo de los terroristas les llevó a la decisión de seguir cometiendo atentados como los del 11-S de 2001 en Nueva York. Pensaron antes de actuar en Madrid y Londres. También Adán pensó antes de comer del árbol sobre el que había sido advertido.Ejemplos de pensamientos negativos hay muchos y muy variados, pero existe uno especialmente llamativo en la actualidad: la idea de abrazar los principios del pasado, de volver a él. No sólo se trata de un fenómeno político surgido en las últimas décadas y que ha llegado a ocupar una posición dominante, es mucho más, y su importancia es más extensa, ya que la idea de la vuelta al pasado se ha convertido en algunas sociedades del mundo subdesarrollado en toda una cultura. A esas sociedades, con una historia de brillantes civilizaciones, como la faraónica, la árabe, la azteca, la islámica, o la inca, les atrae el regreso al pasado, y discuten acerca de cómo solucionar las situaciones y los problemas comunes de la vida diaria, social, familiar, educativa y cultural, y obviamente, también de la vida política, basándose en él en un grado tan elevado que el pasado se ha convertido para ellos en la llave mágica para cualquier asunto y problema, tanto del presente como del futuro. Las cuestiones morales también encuentran su solución en el retorno a la práctica de viejas costumbres de moral rancia, a pesar de saber que los valores morales cambian y se transforman con el correr y la evolución de los tiempos, y que tomar prestados valores morales del pasado no es posible en una era diferente a la época de la que han sido extraídos. Para los problemas educativos, con todas las complicaciones que conllevan en nuestro tiempo, también se buscan soluciones en el estilo, los métodos y los antiguos sistemas de educación. Se propone con rara insistencia la idea de recuperación y restauración del pasado como solución eficaz y original a los problemas de la educación actual y del futuro, sin la menor consideración a los progresos y a las variaciones de las circunstancias y de la mentalidad de la época en la que viven. Así, refieren las crisis políticas, con todas sus complejidades y conflictos, al pasado para buscar las soluciones en los antiguos pasillos del tiempo, y resuenan día y noche las declaraciones de que el pasado de siglos remotos es capaz de controlar la política presente y futura desde el ámbito cultural, social y económico.Respetar el pasado es una cosa, sacralizarlo y elevarlo a la categoría de panacea para todos los problemas y obstáculos de las crisis actuales, otra totalmente distinta. No nos referimos solamente al pasado religioso, sino que hablamos también de hábitos, tradiciones, estilos y costumbres de vida que se idearon y siguieron en una época diferente a la nuestra. Alguno de aquellos viejos usos tuvo éxito, otros fracasaron, pero al fin y al cabo no fueron más que productos del hombre que las circunstancias, el entorno y las razones de una época y de una realidad diferente dictaron.Tampoco se trata de convertirnos en enemigos del pasado, sino de evitar que se llegue a ese grado de sacralización de todos sus aspectos. Asimismo, hay que procurar establecer un campo teórico de comparaciones entre el pasado y el presente, y no olvidar cuáles son las situaciones y los problemas actuales con todos sus detalles y circunstancias que, obviamente, son diferentes a los de coyunturas anteriores.Que el pasado puede aportarnos numerosas ventajas es una cuestión indiscutible, y cierto es que se hace necesario recordar las experiencias pasadas con la mirada crítica de la comprensión. Pero reproducir el pasado confiando ciegamente en que ése será el amparo para los problemas actuales y futuros es algo incomprensible y que conduce a la desgracia inevitable si lo adoptamos de modo absoluto. Si observamos la práctica de los hábitos y las tradiciones que, con todos sus detalles, han restaurado a partir del pasado algunas sociedades y cuya aplicación han comenzado a exigir en el presente, vemos que se encuentran ante lo imposible, porque al seguir este camino se han quedado al margen de su propia época y se enfrentan incluso a la rebelión de sus vecinos más cercanos.El otro problema que conlleva la vuelta al pasado, en todos los asuntos de menor o mayor importancia, es que ha habituado a los hijos de estas sociedades y a las nuevas generaciones de jóvenes a la dependencia del pasado ante cualquier problema al que se enfrentan, lo cual conlleva una reducción de recursos para la búsqueda de soluciones y la formación de opiniones acerca de cualquier cuestión social contemporánea, ya que inevitablemente tienden a la visión del pasado. Como viven en el pasado y están tan adheridos a él, llegan a temer al presente, que se ha vuelto del todo incomprensible para ellos. Han preferido valerse de los recursos antiguos y esa dependencia les ha ocultado del presente y les ha llevado a huir del futuro, al que han renunciado por considerarlo innecesario según esa teoría que sólo circula en sus mentes y que dice que cada cosa del pasado basta y alcanza para las tareas y las soluciones de los conflictos.Tal vez el miedo al futuro que existe en estas sociedades se encarna y se demuestra en su rechazo enérgico y en su oposición a las actividades actuales de desarrollo. Y en esa negación a la evolución encuentran justificaciones infundadas a sus comportamientos. Pero el problema no está en el pasado, sino que reside en aquéllos que huyeron de su presente y de su futuro, perdieron la confianza en ese probable porvenir y prefirieron entregarse al pasado, a esa pócima secreta que resuelve todas las dificultades que viven y sufren sus sociedades. Puesto que pensar no siempre garantiza un resultado beneficioso para la sociedad, la mejor aportación que algunas cabezas pensantes pueden hacernos es detenerse.

No hay comentarios: