jueves, abril 20, 2006

El cura Alex Reid, mediador de nada

viernes 21 de abril de 2006
El cura Alec Reid, mediador de nada
José Meléndez
C UANDO la Academia de Estocolmo concedió el Premio Nobel de la Paz en 1.980 a un cantamañanas como el argentino Adolfo Pérez Esquivel, institucionalizó la figura del mediador entre los grupos que pretenden acabar con el sistema a tiros y bombazos y los gobiernos legítimos que lo defienden. Cuando a esos grupos terroristas se les están acabando las balas y la dinamita, suelen recurrir a los servicios de un mediador a ver si consigue lo que ellos no han logrado por la fuerza y siempre escogen al que consideran más en sintonía con sus objetivos. Desde la indigenista Rigoberta Menchú –otra premio Nobel por sus esfuerzos en favor de una raza minusvalorada y oprimida- hasta el propio Miguel Ángel Moratinos, que medió en el conflicto palestino-israelí con los resultados que están a la vista –porque de las dimensiones del problema y la capacidad de nuestro actual ministro de Exteriores no podía esperarse otra cosa,- hay una larga lista de mediadores que va desde los que se dedican a la tarea con las mejores intenciones hasta los advenedizos y sinvergüenzas que buscan colgarse unas medallas que siempre se pierden en el intrincado laberinto en el que se meten. A estos últimos pertenece el cura redentorista norirlandés Alec Reid. Si hay alguna similitud entre ETA y el IRA es la protección y el apoyo que ambas organizaciones terroristas han estado recibiendo de un sector de la Iglesia católica, más preocupado por sus convicciones nacionalistas que por su ineludible deber pastoral Ambos sectores han tenido sacerdotes convictos y sentenciados por su ayuda a los terroristas y han terminado en la cárcel. En el caso español basta recordar al arcipreste Pagoaga, al que algún diario motejó como “el arcipreste de ETA”, encarcelado por dar cobijo en su casa a algunos terroristas perseguidos por la policía. El cura Reid no llegó a tanto, pero tiene una definida trayectoria de inclinación al Sinn Fein, el brazo político del IRA, que ha tratado en diferentes ocasiones de presentarlo como mediador entre los católicos del Ulster y el gobierno de Londres. Pero Reid, más que mediador ha sido un entrometido en las largas y difíciles negociaciones que se desarrollan desde hace bastantes años a cuatro bandas y al más alto nivel entre los católicos, protestantes, gobierno de Londres y gobierno de Dublín, en las que él no tiene nada que decir, entre otras cosas, porque nadie va a escucharle. Quizás por eso, nuestro hombre ha cambiado el rumbo de sus actividades y se ha venido a España, donde lleva cuatro años residiendo en Bilbao, invitado por otro cura vasco de su cuerda, Joseba Segura, sacerdote del Obispado de Bilbao. Es sabido el acentuado afán que sienten tanto los capitostes de ETA-Batasuna como el PNV y el propio gobierno autonómico por internacionalizar el “conflicto vasco” como ellos lo llaman. En los últimos años, no han perdido ocasión de presentar a alguna figura o figurilla de la escena internacional que se aviniera a apoyar sus pretensiones (entre ellas a Romano Prodi, que ahora que ha ganado las elecciones en Italia será interesante saber si sigue manteniendo la postura que adoptó en su visita al País Vasco, invitado por Ibarreche) y es notorio que tanto Batasuna como el PNV han inundado las embajadas y los foros internacionales de propaganda explicativa de sus objetivos. Hasta Pérez Esquivel, empachado de suficiencia con su premio, se ofreció como mediador al gobierno de José Maria Aznar, obteniendo por respuesta un cortés “no, gracias”. Al cura Reid, que se sepa, no le ha parado los pies nadie hasta ahora y con una interpretación que bien puede ser errónea o maliciosa de los postulados de la Orden misionera a que pertenece –que San Alfonso María de Liguori fundó en 1.732 para ayudar a los pobres y a los desdichados- se ha dedicado a la alabanza de los que emplean la fuerza para conseguir sus propósitos y se ha venido a España, con el ropaje de mediador con que le han vestido sus alabados, para darnos lecciones de cómo solucionar el problema del País Vasco y abrirnos los ojos para que, de una vez, nos demos cuenta de que tenemos políticos de talla internacional como Arnaldo Otegui y Rafael Díaz Usabiaga. Esto lo ha dicho en Madrid, en una conferencia de prensa que no tiene desperdicio. Lo primero que salta a la vista es el escenario en que se produjo. No fue una iglesia o una sacristía, ni un modesto local a tono con la pobreza y austeridad que es distintivo de la Congregación del Santísimo Redentor, sino los espléndidos salones del Hotel Ritz, porque a un gran propósito hay que ponerle un marco grande. Y los organizadores se encargaron de que la asistencia fuera abundante, además, claro está de los periodistas, entre la que no faltó la figura minúscula y movible, lista y parlanchina, de Begoña Lasagabáster, que es la voz del nacionalismo vasco en el Parlamento, ni Gaspar Llamazares, tozudo productor de tonterías que siempre va dos pasos detrás de la realidad política. Más extraña fue la presencia del presidente del Senado, Javier Rojo, como no fuera para escuchar de labios del misionero que incorpora a su galería de grandes políticos al socialista vasco Jesús Eguiguren. Pero si esas calificaciones no pasan de anecdóticas, lo que no se puede consentir es que un advenedizo que ofende las ropas talares que viste nos venga a dar un calendario para la “pacificación” del País Vasco, que cifra en año y medio, y unas pautas para la “negociación”, restando importancia a que ETA no haya entregado las armas y hablando de “varias mesas” en las que el Partido Popular no quiere sentarse y en las que las víctimas del terrorismo no tienen nada que decir. Para Reid, ETA tiene una raíz de virtud cristiana (un poco más y la equipara con la religiosidad de los islamistas) y lleva más de cuatro años lanzando mensajes de paz, sin que nadie los recoja. Se le puede decir al extraviado y sectario cura que sí los han recogido, desgraciadamente, los que fueron asesinados o heridos en ese período porque ETA lleva solo tres años sin matar. Las posibilidades de negociación que brinda el “alto el fuego permanente” entrañan un carácter lo bastante serio e importante como para no admitir intromisiones, sobre todo cuando son interesadas y favorecen descaradamente a una parte. Pero esa es la manera de actuar, tanto del Partido Nacionalista Vasco como de la llamada “izquierda abertzale”. Una constante y tenaz consigna de victimismo y una perenne denuncia de la opresión del Estado español sobre las reivindicaciones del pueblo vasco. Si los contactos secretos que han venido sucediéndose cristalizan por fin en negociaciones formales, habremos entrado en un período de pulsos entre la obcecación de ETA-Batasuna (ahora ha trascendido que han escogido como negociadores a dos batasunos tan duros como Carmelo Landa y Rufino Etxeverría) y el maquiavelismo de Pérez Rubalcaba. Y ahí no pintan nada los que se irrogan el papel de “mediadores”, como no sea para actuar de corifeos y tratar de equivocar a la gente. Ese es el papel del cura Reid. Y eso, en un siervo de Dios, es intolerable.

No hay comentarios: