miercoles 12 de abril de 2006
Cambio de ministros
Miguel Ángel García Brera
C UADO he sabido, en la mañana de hoy viernes, que José Luís Rodríguez Zapatero iba a comparecer ante la televisión, varios asuntos me han venido a la cabeza en un afán de anticipar lo que querría decirnos el presidente del Gobierno. ¿Podría ser una explicación sobre el significado de su ausencia en la cena que ayer ofreció el Rey a Kofi Annan? ¿Se trataría de valorar el anuncio de Batasuna afirmando no poder celebrar su prevista reunión por haberlo prohibido un juez, es decir acatando por vez primera la justicia española? ¿Sería una comparecencia relacionada con la exaltación de la II República como la panacea española de todos los tiempos? Sinceramente, la política española es en estos tiempos tan errática que, atento al instante en que ZP comenzara su información, he manejado las siguientes posibilidades: Anuncio de proclamación de la III República, con o sin anuencia del Rey: anuncio del final -no del principio- del final de ETA; anuncio de la proposición de que el Estatuto catalán sea traspuesto a todas las autonomías, como las Directivas Europeas se trasponen en los países miembros; y anuncio de dimisión del presidente, tras una noche de autocrítica y pesadillas ante la revolución desencadenada por su falta de coherencia y sinceridad y su bagaje de resentimiento histórico. Pero no. Se trataba solamente de comunicar un cambio de ministros. El inefable Bono se va a la calle, sustituido por el enigmático Alonso, que llevaba hasta hoy Interior, donde le quita la Cartera –es un decir- el peligrosísimo Rubalcaba, cuya cara, expresión, y sibilina oratoria parecen hechas precisamente para ser ministro del Interior; aunque no en democracia sino en la Francia de 1789. Para mantener la tan exaltada paridad, Bono ha tenido que salir, como en los rigodones, del brazo de una dama, y le ha tocado el turno a la ministra San Segundo, quizá para darle un descanso tras el rifirrafe de dos años hasta que ha visto aprobado en el Congreso el bodrio de la Ley de Educación, donde el PSOE, recoge del franquismo la asignatura de Educación del Espíritu Nacional, aunque ahora se llame Educación del Espíritu Cívico-.Democrático. Como no he practicado nunca la aproximación a los correveidiles, no puedo ofrecer a mis lectores la informacion que me gustaría tener sobre los motivos que han llevado a Zapatero a retocar su Gobierno. Agradecería, incluso, que se me aportaran, a través del Foro, cuanta información tengan terceras personas sobre la noticia de este día. Lo que si puedo es dar mi punto de vista, anticipando su margen de error, cuando ya he dicho que no dispongo de datos ajenos a los ya públicos. Sobre la petición de Bono para ser relevado –así lo ha dicho ZP– cabe pensar en un acto de ejemplaridad, dado que el ex ministro de Defensa ha dicho por activa y por pasiva que se negaría a reconocer que hubiera, en lo que hoy es España, otra nación, pese a lo cual se vio obligado a votar el Estatuto Catalán que, por decirlo suavemente, no es tan firme en esa idea. Cabe también la posibilidad de que el presidente del Gobierno se haya cansado de tener un ministro que le rectifica con frecuencia en cuestiones como la patria, la nación, la II República, la religión y algunas más. Cabe, por otro lado, y es lo más seguro, que, una vez más, un presidente que es prisionero del tripartito, haya escuchado al Gobierno catalán, pues éste todavía ayer le pedía llamar al orden a Bono, tras sus últimas declaraciones sobre la negativa a considerar Els Segadors como un himno nacional. Y, como en Roma sólo hay una embajada y esa ya la ocupa otro rebelde que también “pidió su cese” como alcalde de La Coruña cuando vio venir lo que Rodríguez ha desencadenado, a Bono se le ha mandado simplemente al ostracismo manchego, aunque no dudo de que en su momento habrá una embajada o una presidencia de empresa para que no se deprima en exceso. Si yo fuera Ibarra me echaría a temblar, pensando que tiene los días contados, ya que es el tercero de los barones del PSOE que, de vez en cuando, se desmarca de los planteamientos de ZP o del enfervorizado Pepiño. Tampoco hay que olvidar que ZP tiene un hervor de resentimiento y Bono estuvo a punto de birlarle la Secretaria General del PSOE. El cese de San Segundo me resulta más raro, ya que no conocía discrepancias con su Jefe, ni mucho menos deseo de irse a casa, como ayer mismo le escuché en un zapeo televisivo. Puede que, por una vez, el presidente esté de acuerdo con la mayoría de los españoles que pensaban que esa ministra y nada todo canta junto. El cambio de Alonso a Defensa, es como darle una sinecura al juez, que estará ya cansado de tanto “adornar” la verdad en Interior y que, a la hora de tratar la cuestión etarra, esté al frente del Departamento un hombre no “contaminado” por recientes detenciones y procesos, pero viejo conocedor del entramado, pues fue ministro de la Presidencia y portavoz del Gobierno en los tiempos del Gal. Estoy convencido, como ya he anticipado, de que no hay en España un mejor Fuche que llevar a ese Ministerio que dirigirá ahora Rubalcaba, mi paisano, al que, por ser de mi querida tierra cántabra, no dejo de enviarle mi enhorabuena por su ascenso. A quien no puedo dársela es a los españoles porque, entre los sollozos de Zapatero por la República perdida y el entronizamiento de Rubalcaba en un Ministerio donde tanta maquinación se cocinó y tanto dolor se produjo durante aquel Régimen, y durante el felipismo, podemos no estar lejos de volver a los tiempos de lágrimas. Por lo que hace a la nueva ministra Mercedes Cabrera Calvo-Sotelo, su nombre me habla de generosidad, algo que necesita urgentemente la política, y sus dos apellidos de gente de buen hacer, el primero me suena al de un buen rector universitario y el segundo no necesito recordar de dónde nos suena a todos. Tiene por delante la delicada misión de poner en práctica una ley infumable, pero, por tratarse de una mujer, puede tener la sagacidad suficiente para hacer un Reglamento que de al traste con ella. Como decía Romanones, no importa quien haga la ley; lo importante es poder hacer el reglamento. Tras el breve informe de ZP, perfectamente preparado para decir lo que pretendía, sin que podamos acusarle de mentir ni los que hayamos entendido una cosa, ni los que crean haber escuchado la contraria, el presidente ha entrado en el Consejo de Ministros. Será interesante la salida.
martes, abril 11, 2006
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