miércoles, abril 19, 2006

Aplauso unanime

jueves 20 de abril de 2006
Aplauso unánime

JUAN VICENTE BOO

EL cariño desbordante de los peregrinos de todo el mundo emocionó ayer al Papa en la Plaza de San Pedro hasta arrancarle confesiones de ese momento -justo un año antes-, en que se asomó por primera vez al balcón de la basílica, agobiado por haber asumido una tarea superior a sus fuerzas.Aquel 19 de abril del 2005, Joseph Ratzinger, recién convertido en Benedicto XVI, llevaba todavía una camisa de color negro, cómoda para un cónclave, pero inadecuada para una primera bendición como Papa. Ayer confesó que su elección le resultó «inesperada y sorprendente». Hasta el último momento se había aferrado a la esperanza de que elegirían a otro, o de que los cardenales, que le apoyaban en número mayor a cada escrutinio, cambiarían de opinión antes de que fuese irremediable. Un cardenal americano comentó orgulloso: «¡Le elegimos porque era el mejor!». El tiempo le ha dado la razón.

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