miércoles, abril 09, 2008

Wifredo Espiana, Zapatero, con otros zapatos

miercoles 9 de abril de 2008
Zapatero, con otros zapatos
Wifredo Espina

Z APATERO, por lo que parece, ha aprendido dos lecciones. La lección de sus fracasos y la lección de las urnas. De los primeros, para no repetirlos; de las segundas, para tener en cuenta sus resultados. Con ello, se ha presentado al Congreso, para pedir el voto de investidura, con una música distinta en su discurso y con otros zapatos para empezar a andar la nueva legislatura. En su discurso, entre vaguedades y algunas concreciones puntuales, hay menos promesas imposibles, que llevan a la decepción y al descrédito, como le ocurrió en su anterior mandato de “promesas incumplidas”. Incumplimientos escandalosos que tanta munición dieron no sólo a la oposición, sino también a los que fueron sus propios socios, que le llevaron a la presidencia. Esta es su nueva música. Y para empezar a andar, más coherente con lo que dijeron las urnas, ha elegido otros zapatos. No los prestados por unos socios, que ya no tiene ni en rigor necesita, sino los suyos propios de una mayoría minoritaria, con la ayuda de ofertas de pactos al Partido Popular de Rajoy, para las grandes cuestiones de estado. Aparece, pues, un Zapatero con menos hipotecas de grupos minoritarios y más dispuesto al diálogo con el mayor partido de la oposición. Es imaginable, en consecuencia, una legislatura menos crispada y sin tanta frívola improvisación. Sin duda, desde la izquierda extremista se levantarán las críticas a su giro a la moderación, y desde los nacionalismos se clamará al cielo por la recuperación de la idea del socialismo tradicional de que, por muy plural que sea, “la España plural es España”. ===== ======== ======== ======= ======= ======= DEBATE PREVISIBLE Ernesto Ladrón de Guevara NADA se salió del guión de lo esperado en el inicio del debate de investidura: un Zapatero populista y demagogo, tal como le hemos conocido en la legislatura anterior y un Rajoy brillante, profundo en los fundamentos y moderado en las formas, acertando en los contenidos. Nada que no fuera lo que todos esperábamos. Zapatero ha hecho un discurso superficial, casi frívolo, con una exposición retórica, sin propuestas de alcance, artificial en las formas, que nos deja vislumbrar que todo va a seguir igual respecto a la dinámica de la legislatura anterior. La expresión “identidades compartidas” que se le escapó en el discurso da reflejo de la España plurinacional que defiende, y la falta de convicción en que España es una nación. La falta de concreción respecto al modelo de estado deja al descubierto la superficialidad de la concepción que tiene en cuanto a la idea de una España igualitaria. Por otra parte, sus propuestas en materia económica y de las reformas que requiere España para ser un gran país; y la ausencia de criterios para el abordaje a los principales problemas brillan por su ausencia careciendo de fórmulas de solución. Dejar que la economía se resuelva con el paso del tiempo como apuntó Zapatero diciendo que en dos años todo se solucionará por el simple devenir de la crisis es una tremenda irresponsabilidad. En lugar de atajarla con una reducción del gasto público para evitar que se extinga el superávit antes de que termine el año, o en vez de practicar políticas fiscales que ayuden a la inversión, como es reducir el impuesto de sociedades o introducir alivios en la presión fiscal por el IRPF para posibilitar una mayor capacidad de gasto que movilice el consumo, o de intervenir de forma activa en el control de los precios de los productos básicos, etc, nos anuncia una política económica que brilla, de nuevo, por su ausencia. Y el Gobierno de Zapatero se limitará a gastar, para seguir en una política en la que la mitad de los españoles pagamos para que la otra mitad disfrute de una política clientelar basada en subvencionar la siesta. Lo mismo pasa con la política hidráulica que permite que en el norte se desborden los ríos mientras que en el sur se desertizan los suelos y en Barcelona se precinten los grifos; o en la política educativa donde se reincide en un modelo agotado y fracasado, reiteradamente señalado por la OCDE como farolillo rojo de los países civilizados. O en la justicia, donde Zapatero insiste en su fijación obsesiva para el control del poder judicial, para convertirlo en un apéndice del Gobierno, rompiendo todo principio de separación de poderes. En todas esas y otras cuestiones que preocupan realmente a los ciudadanos, pues en ello les va la posibilidad de ser felices, el aspirante a Presidente del Gobierno no ha dado ni una sola fórmula. Sin embargo, Rajoy, pese a disponer de la tercera parte del tiempo que el candidato a Presidente, ha hecho un discurso sólido, coherente, realista, certero y poniendo los puntos sobre las íes; dejando, nuevamente, a Zapatero ante su evidencia tortuosa. Evidencia que pasa por ampulosos ofrecimientos a alcanzar acuerdos con el 10 % de la representación de los ciudadanos, cuando unos pactos de estado tan necesarios sobre la política exterior, sobre la educación, sobre el terrorismo, sobre la política hidráulica, o sobre el modelo territorial, entre otros, ni tan siquiera han sido planteados como posibilidad. Está claro que Zapatero, con ese ofrecimiento de acuerdo multilateral, tiene la estrategia ya conocida de postergar a la principal fuerza de la oposición, que refleja la voluntad de casi la mitad de los españoles. Zapatero no puede hacer políticas de Estado a espaldas de la mitad de los españoles. No tiene legitimidad para hacerlo. Está obligado a entenderse con el Grupo Popular para practicar políticas que representen al 90 % de los ciudadanos. Por eso nada ha cambiado y todo apunta a una mera continuidad de la anterior legislatura profundizando en los graves errores y déficits de la gestión del anterior Gobierno de Zapatero. Ojalá esta percepción sea errónea y estemos equivocados. En el Partido Popular incurrirían en un tremendo error si se enzarzaran en un debate y enfrentamiento interno entre familias culpando a Rajoy de un relativo fracaso electoral y tomándole como cabeza de turco. Rajoy es un líder serio y creíble, aunque haya muchas cosas que mejorar en el partido que representa. Es precisamente ahora cuando tienen que cerrar filas y prepararse para las elecciones próximas. Lo normal es que un ciclo se complete con dos legislaturas, pero todo alumbra a que los ciudadanos que no han votado esta vez a opciones alternativas a la socialista lo harán la próxima vez ante la evidencia de que ninguno de los problemas estructurales y problemas de fondo habrán sido abordados abundando aún más en una decadencia en todos los órdenes. Por eso confío en que el Partido Popular, si no se desangra en batallas internas estériles, y Unión Progreso y Democracia serán las dos opciones de futuro para salir del túnel en el que estamos metidos.

http://www.vistazoalaprensa.com/contraportada.asp

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