miercoles 9 de abril de 2008
Encuentros informales
Miguel Ángel Loma
R EGRESÉ a mi casa hecho polvo, destrozado, exhausto... Y lo peor es que no acertaba con la causa de mi cansancio por más vueltas que le daba. Había salido a presentar un documento en una oficina cercana, una gestión que me ocupó una media hora. ¿A qué se debía mi lamentable estado al borde del desfallecimiento, si cuando salí me encontraba perfectamente? Sacando fuerzas de flaqueza puse la radio, estaba hablando la vicepresidenta en funciones del Gobierno, en su rueda de prensa de los viernes. Conocido el episodio del lacónico saludo de Bush a Zapatero en la Cumbre de la OTAN en Bucarest («¡Hola, hola, felicidades!»), un periodista le preguntaba a la señora Fernández de la Vega si se había producido el anunciado encuentro informal entre ambos presidentes; a lo que doña Teresa contestó: «Se han saludado. Eso es lo que es un encuentro informal». Fue entonces cuando comprendí la causa de mi agotamiento. Recordé que al salir de casa había saludado al portero y a dos vecinos; después, al vendedor de periódicos; por el camino me encontré con tres o cuatro conocidos con quienes intercambié dos holas, un hasta luego y algún que otro adiós; y al volver a mi casa crucé cuatro palabras (¡cuatro!) sobre el tiempo con otro vecino mientras esperábamos el ascensor. ¡Cómo no iba a estar al borde del desfallecimiento si en menos de media hora había mantenido casi una decena de encuentros informales! La de cosas que se aprenden escuchando a los políticos.
http://www.vistazoalaprensa.com/contraportada.asp?Id=1626
miércoles, abril 09, 2008
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