jueves, abril 24, 2008

Ignacio San Miguel, Tierra propicia

jueves 24 de abril de 2008
Tierra propicia
Ignacio San Miguel
E n su último y muy interesante artículo, Ernesto Ladrón de Guevara se pregunta cuál pueda ser la trama oculta detrás de las acciones del Gobierno español. Pregunta pertinente, una vez desechada la idea de que sus anomalías se deban a ignorancia o estupidez. No es aventurado, sino que es de pura lógica, pensar que diversas organizaciones internacionales, feministas, homosexualistas, pacifistas, ecologistas y de otra índole, estén arropando a este Gobierno y no vean con malos ojos la descomposición moral y política de España. Tomemos el caso de la Alianza de Civilizaciones. No es una ocurrencia vacua de Rodríguez Zapatero. Aparte de que la idea no partió de él, sino de Mohammad Khatami, años antes, cuando era Presidente de Irán. Pues bien, el 10 de Abril pasado, en el Monasterio de Montserrat se firmó la declaración “Religiones y Construcción de la Paz”, que contiene un llamamiento a los gobiernos, a las organizaciones internacionales, a los líderes políticos y religiosos, a que refuercen su papel como actores de la paz y la comprensión mutua”, (…) “tal y como establece el informe de la Alianza de Civilizaciones.” No se trata, pues, de palabras vacías, sino de una organización con influencia. Tanto la Alianza de Civilizaciones como la Carta de la Tierra, promovida por Mikhail Gorbachev están directamente relacionadas con la creación de una nueva religión universal al servicio del Nuevo Orden Mundial, una religión sincrética basada en la Cumbre del Milenio para la Paz, de Líderes Religiosos y Espirituales, que estableció, entre otras cosas, que los cultos religiosos no debían sostener verdades inmutables. Se trata, también de sustituir el Decálogo cristiano por uno nuevo adaptado a los nuevos tiempos y a la ecología. La meta sería la erradicación del cristianismo, o bien su transformación. Este movimiento lo promueven desde la UNESCO Federico Mayor Zaragoza, copresidente de la Alianza de las Civilizaciones, y Javier Pérez de Cuellar, ex Secretario General de la ONU, vinculado a la masonería y a la organización de Gorbachev. Firmaron la declaración de Montserrat, entre variadas personalidades musulmanas, ortodoxas, judías, los citados Federico Mayor Zaragoza y Mohammad Khatami, el antiguo presidente de Irán. Mayor Zaragoza, entre otros títulos, como comisionado de la organización de Gorbachev. El Padre Abad de Montserrat, Josep M. Soler actuó como anfitrión. No creo necesario ser más prolijo. Estas organizaciones se cruzan y entrecruzan. Hay más, y todas están relacionadas, viendo con buenos ojos al Gobierno español, que pone en práctica sus teorías. Lo que quiere decir que no se trata de una sola mano negra la que está detrás de la trama oculta. Son muchas manos, animadas del mismo propósito disolvente. No hay duda que hemos ganado puntos a sus ojos con el nombramiento de una mujer, pacifista, antimilitarista, antiespañola y embarazada como ministra de Defensa. Y si la acción conjunta del gobierno tiende a disgregar España como nación, lo contemplan como algo favorable, pues a nadie debe ocultarse que el fin supremo de estas organizaciones es la desaparición de las naciones y de las fronteras. Pero se verían condenadas a la frustración, si no encontraran en naciones como España un terreno apropiado para operar. Ya el solo hecho de que hayamos elegido al mismo equipo que tantos disparates cometió en la primera legislatura, es indicio flagrante de la estolidez del pueblo. ¿Acaso hubiera sido esto posible en naciones más despiertas, como Francia, Reina Unido, Italia, etc.? La respuesta resulta casi fatalmente negativa. Las deformaciones de la Memoria Histórica, las mentiras del “proceso de paz”, los Estatutos disgregadores, la legislación inmoral y antisocial, la descabellada política exterior: todo ha sido asumido buenamente por un pueblo ignorante y pasivo en su ignorancia. Con reiteración vienen a mi memoria el pensamiento que sobre España tenían dos personalidades relevantes: un filósofo y un polígrafo. Ortega y Gasset no tenía una buena opinión del vigor de España. Contemplaba su historia como una larga sucesión de siglos de decadencia, rota exclusivamente por la extraordinaria hazaña del descubrimiento y colonización de América. Achacaba esta momentánea explosión de vitalidad al hecho de que fue el primer Estado de Europa que alcanzó su unión, y esta unión fue a modo de la chispa que hizo brotar un incendio de energía. Pero que no duró mucho. Ya a finales del XVI se va ennegreciendo el panorama y se vuelve a la decadencia tradicional paulatina pero irremediablemente. Y la idea de una decadencia atroz es inevitable que ronde las mentes en los momentos históricos actuales. Por su parte, Menéndez y Pelayo parecía sentir premoniciones acerbas cuando escribió que “cuando acabe de perderse el catolicismo y la espiritualidad de España, se volverá al cantonalismo de los Arévacos y de los Vectones, o de los reyes de Taifas.” En la situación de decadencia, fragmentación y debilidad actuales, España resulta campo propicio para labores de ingeniería social, religiosa y política, pues un pueblo inerte se presta con facilidad a estos experimentos. Miradas las cosas bajo ese prisma, no resultan tan extrañas las acciones del gobierno, que, estimulado y protegido por diversas asociaciones mesiánicas, cumple su papel de buque insignia de una mirífica revolución mundial. Es una gran desgracia que cuando se habla de España haya que hacerlo en términos pesimistas y sombríos, pero las circunstancias no dan para más.


http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4576

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