jueves 3 de abril de 2008
En la OTAN o en Babia
VALENTÍ PUIG
DEJAR que la OTAN se marchite sería como consentir la ruina de un gran acueducto. Mientras Bush jr. está de paseo por Europa, una encuesta de la BBC detecta una mejora de la imagen de los Estados Unidos en el extranjero. La alta impopularidad de los últimos tiempos se reduce en un 4 por ciento, quizá por el interés que ha generado la trama dialéctica por las candidaturas a la presidencia. De todos modos, la percepción positiva está estrictamente en un 35 por ciento. Ahora los miembros de la Alianza Atlántica se reúnen con George W. Bush en Bucarest. Será uno de esos encuentros con un comunicado final que reparte parabienes a partes iguales, aunque carece de contenido específico. Hacen faltan más tropas para enviar a Afganistán y no hay acuerdo sobre la ampliación de la OTAN hacia el este, con Ucrania y Georgia, según propone Washington. Ese debe de ser el precio a pagar por haber ganado la guerra fría. Cuando Stalin bloquea Berlín y propicia el golpe de Estado en Praga, los países europeos que recibían ayuda económica norteamericana pidieron a Washington que también les prestase protección militar. Así fue como se firmó el Tratado del Atlántico Norte, la OTAN. En la actualidad, las discrepancias no son mínimas y hay quien querría una profunda refundación de la OTAN con proyección global o una readecuación de lo que ya existe.
En España, la opinión pública prosigue perfectamente indiferente a estas cosas, ajena a la participación de tropas españolas en Afganistán o al modelo de defensa europea que se diseña en Londres o París. De poco sirve decir que interesarse en tales cuestiones es vital porque formamos parte de la Unión Europea, somos miembros de la OTAN, aliados de Norteamérica y vivimos en un mundo globalizado. En la carencia de minorías creativas se cifra el grado de adolescencia política de una sociedad, tan olvidadiza de las amenazas del terror. A los pensadores post-modernos se les ha olvidado que existió el muro de Berlín o incluso el 11-M. No se puede estar en el mundo y a la vez deleitarse con los parajes de Babia.
Antes de acercarse a Bucarest, algunos de los socios de la Alianza Atlántica habrán hecho sus rogativas para que en el encuentro no se decida nada y un nuevo inquilino en la Casa Blanca acomode de forma más mimosa el querer y no poder de la defensa europea. De entrada, no hay un entusiasmo general para la incorporación de Ucrania y Georgia al atlantismo. Desde lejos, Putin pone mala cara. Grecia amaga con vetar la entrada de Macedonia si no cambia de nombre. Albania y Croacia también están en el umbral. Todavía los Balcanes. Todos saben que en Afganistán se emplaza una batalla contra Bin Laden, pero nadie quiere que sus soldados mueran en el empeño, ni aportar más al presupuesto de la Alianza Atlántica.
Para el presidente norteamericano, su gira europea es el penúltimo escaparate de su mandato. La intervención en Irak todavía le lastra. En Bucarest todos le van a decir que la OTAN es imprescindible, al tiempo que piensan en la disponibilidad energética de Rusia o los mercados chinos. Si Bush padre pudo entenderse con Gorbachov, el hijo necesitaría una oportunidad con la Unión Europea. Llamémosle euroatlantismo.
Falla por ahora la sintonía necesaria entre Sarkozy y Angela Merkel. «La Repubblica» ha hablado de glaciación entre Francia y Alemania. Por el momento, la Francia de Sarkozy insinúa su reincorporación a la estructura de mando militar de la OTAN, pero a la vez propugna un concepto de defensa europea que pudiera ser la tarta final de su próxima presidencia semestral de la UE. Es el Sarkozy que tantea jugadas espectaculares en el tablero internacional para no tener que emprender reformas en casa. El argumento es ingenioso: «Puesto que yo soy más atlantista, que Washington consienta una defensa más europea». El caso es que más de las dos terceras partes de los franceses no quieren que se envíen más tropas a Afganistán. Sobre todo, la incógnita es si la Unión Europea tiene la voluntad cierta de articular una defensa y seguridad propias. Sea como sea, por las zonas hostiles de Afganistán pasa una divisoria entre la civilización y la barbarie.
vpuig@abc.es
http://www.abc.es/20080403/opinion-firmas/otan-babia_200804030329.html
jueves, abril 03, 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario