jueves 10 de abrild e 2008
Las hipotecas de Zapatero
Germán Yanke
El presidente Rodríguez Zapatero tendrá que esperar a la preceptiva segunda votación para ser investido para el nuevo mandato. Han hecho bien el candidato y su partido en no forzar una negociación urgente con algunas minorías nacionalistas, como quizá pudo parecer que se haría inmediatamente después de las elecciones, y ser así elegido presidente en la primera vuelta. La elección en la segunda no comporta limitación alguna para conseguir acuerdos en la acción del Gobierno y, en las actuales circunstancias, facilita, sin mayores riesgos, la libertad de acción del mismo.
En el debate de investidura, el PNV fue el partido más quejoso de que el PSOE no hubiese intentado pactos previos. Haciendo un juego de palabras, dibujó la legislatura anterior, en la que el nacionalismo vasco fue un socio importante, con un crédito con hipoteca —que sería de la que ahora quiere liberarse Rodríguez Zapatero—, y la que ahora se inicia como el intento imposible de conseguir un crédito sin garantías.
El planteamiento es doblemente falso porque el Gobierno puede obtener la confianza de unos y otros en el transcurso de la actividad parlamentaria y porque el apoyo del PNV no es en este momento una garantía, sino más bien lo contrario. José Luis Rodríguez Zapatero, en su réplica, no terminó de poner al nacionalismo vasco ante sus responsabilidades y ante sus contradicciones ideológicas (que no son consigo mismo, sino con el sistema constitucional), pero sí apuntó que no es posible el entendimiento general con el PNV si no se sabe bien a dónde va ni cuáles serán los límites de sus exigencias ante el Estado. Se sabe bastante bien lo que pretenden unos en ese partido y consienten otros, pero, al menos, el presidente sostuvo una posición correcta.
Tenía razón Mariano Rajoy al insistir, en el mismo debate, en que los pactos de Estado sobre los que el presidente y él hablan tan a menudo últimamente pueden establecerse entre todos los partidos de la Cámara pero no son tales si falta el PP y, se podría añadir, si no se estructuran en torno a los dos grandes partidos. En todo caso y más en esta legislatura en la que los antiguos socios del Gobierno socialista han sido castigados duramente en las urnas. En ese contexto, los acuerdos para la legislatura, además de ser una hipoteca, podrían ser también una dificultad para que el famoso “consenso” no sea la ausencia de confrontación, sino la confrontación entre las dos grandes alternativas sin poner en peligro lo elemental y básico del Estado de Derecho.
La primera responsabilidad es del Gobierno, que debería haber negociado con el PP antes de esta primera votación para que la abstención de la derecha no fuese un regalo, sino una garantía en un nuevo clima que precisa concreción y método. Esta inicial actitud, aunque exija una nueva votación el viernes, es positiva en ese sentido, pero habrá que ver lo que ocurra en el futuro inmediato. Y, si se concreta, el PP debería —en beneficio de los ciudadanos y en el suyo propio— sostener una actitud abierta y de cooperación.
http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=10/04/2008&name=german
jueves, abril 10, 2008
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