martes 15 de abril de 2008
Bibiana Aído y la libertad
POR M. MARTÍN FERRAND
HE gastado la mañana releyendo a Raymond Aron, Isaías Berlín, Friederik von Hayek, Jean-Françoise Revel y otros sabios estudiosos de la libertad para tratar de digerir y entender de la manera más cordial lo que, atolondradamente y entregada a la responsabilidad de su nueva tarea, ha dicho la ministra más joven de José Luis Rodríguez Zapatero, la muy tierna gaditana Bibiana Aído. Quizá para justificar el invento del sillón en el que ya se sienta, como para darse importancia y largar un «aquí estoy yo», asegura la ministra que «la igualdad es el valor más noble de la democracia». Mal asunto parece, y peor profesor suele resultar, cuando la primera lección del curso se refiere a la importancia de la asignatura.
La libertad, cuando no se trata de un eufemismo -como parece aquí y ahora-, es el primero de los valores democráticos. Es, al tiempo, su origen y su meta y sin ella de poco sirve la igualdad, que se refiere a derechos y oportunidades, y la fraternidad, a la que hoy decimos solidaridad, y es la tercera pata del taburete, inicialmente revolucionario, en el que hoy se sientan las democracias que en el mundo son.
En mi condición de afrancesado y voluntarioso seguidor de quienes me precedieron en el difícil camino español de rechazos al totalitarismo y absolutismo, cada vez que voy a París no dejo de comer en Taillevent, la tradición frente a la moda, y de acudir al Museo del Louvre para cumplimentar, aunque no sea un pintor de mis preferencias, a Eug_ne Delacroix. Uno de sus cuadros, La Libertad guiando al pueblo, es una de las más bellas alegorías de lo que trato de decir aquí para, con todo cariño, recordarle a la ministra novicia que el socialismo no es una verdad unívoca, y menos aún la versión zapateril del invento.
En el cuadro de Delacroix la Libertad, levantada sobre una pirámide de cadáveres, sostiene con su mano derecha, desplegada al viento, una bandera tricolor y lleva en la izquierda un fusil con la bayoneta calada. La siguen, en pie de igualdad, un burgués con chistera y un menestral de gorra y pistolón. Es la misma Libertad para todos porque en ella y en su pretensión los restantes valores de la vieja República se dan por añadidura. Sin la libertad no podrían fructificar.
Zapatero es muy dueño de inventar nuevos ministerios que disimulen la ineficacia con la que, desde hace ya cuatro años, viene gestionando los de corte más clásico y establecido. Es muy posible que, del mismo modo que el de Vivienda no alivió en mucho la demanda juvenil, tampoco el de Igualdad operará milagros tratándose, como se trata, de un valor moral al que se quiere confundir con el Derecho Administrativo; pero, por lo menos, que no curse con desacato a la Libertad. Aunque sólo sea una bisoñada de la pieza más joven del gineceo presidencial.
http://www.abc.es/20080415/opinion-firmas/bibiana-aido-libertad_200804150257.html
martes, abril 15, 2008
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