martes 15 de abril de 2008
Disfunciones ministeriales
LA primera impresión que produce la lectura de las competencias de algunos departamentos ministeriales, publicadas ayer en el BOE, es que Fernández de la Vega va a tener que emplearse a fondo para coordinar la agenda de un equipo muy fragmentado y evitar los solapamientos entre ministerios. Si estos problemas son habituales en todo ejecutivo, se agravan cuando se crean departamentos cuya razón de ser no es otra que el mero voluntarismo del presidente, o cuando se les dota de competencias a costa de mutilar a otros ministerios, con el consiguiente perjuicio de propiciar políticas viciadas de origen y desarreglos internos. El Ministerio de Igualdad es un paradigma de todos los errores que se pueden cometer cuando se concibe el gobierno de la Nación como un banco de pruebas para experimentos partidistas. Este departamento es, simplemente, innecesario. Existe porque Zapatero quiere, no porque las competencias del Estado lo requieran o porque exista una necesidad imperiosa de organizar de forma específica determinadas funciones administrativas. El nuevo ministerio que dirige Bibiana Aído representa esa manera de hacer política basada en la preferencia por los prejuicios ideológicos frente a los intereses generales. La igualdad, como la libertad, es un principio común a toda acción de gobierno y no sólo debe enfocarse desde la perspectiva de la situación de la mujer, sino de la ausencia de discriminaciones injustas en todos los ámbitos de la sociedad y de las administraciones públicas. La lucha contra la violencia de género compete a los ministerios de Justicia e Interior, e incluso cabría dar entrada al renombrado Ministerio de Educación, Política Social y Deporte, al que se le encargan «las políticas de cohesión e inclusión social», las cuales, por cierto, igualmente importan para la política de inmigración. ¿Acaso la igualdad no influye en la cohesión e inclusión de los ciudadanos? En similares términos se puede criticar la competencia sobre políticas de «igualdad de trato y oportunidades», objetivo que debería ser prioritario en la educación y el trabajo. Zapatero siempre se ha definido como feminista, y lo que ha hecho es satisfacer el concepto que tiene de sí mismo creando un ministerio que sobrevivirá en la medida en que la propaganda oficial lo permita y, para esto, es muy probable que sus iniciativas políticas y legislativas se nutran de retales de otros departamentos, entre en conflicto con los directamente implicados y colisione con las competencias transferidas a las comunidades autónomas.
También resulta discutible el Ministerio de Ciencia e Innovación, cuyo contenido procede básicamente del Ministerio de Educación, al que se le ha privado de las competencias sobre universidades. El mensaje político de unir formación universitaria y desarrollo investigador y tecnológico es formalmente correcto, alimentado, sobre todo, por esa taumatúrgica «Declaración de Bolonia» sobre los estudios superiores académicos, pero más razonable habría sido mantener todo lo relativo a las políticas educativas en un único departamento, como lo prueba el hecho de que el anterior departamento aprobó las reformas de los estudios en todos sus niveles, desde educación infantil a las nuevas titulaciones universitarias. El resultado fue negativo, pero al menos existía una visión de conjunto que ahora se pierde y sin garantías de que sea para mejorar. La homogeneidad de los equipos ministeriales siempre es una buena condición para agilizar la acción de gobierno y no perder el tiempo en discusiones internas sobre coordinación o disputas competenciales. Zapatero ha diseñado un Ejecutivo coherente con sus discursos de campaña, pero no lo es con las necesidades políticas del momento ni con un elemental sentido de la austeridad en el gasto -¿qué costes añadidos tendrán los nuevos ministerios?- y de la prudencia en el ejercicio de la discrecionalidad que se reconoce al presidente del Gobierno en la organización de su equipo. Dijo José Blanco que el nuevo gobierno «es Zapatero en estado puro» y quizás esto sea lo más preocupante.
http://www.abc.es/20080415/opinion-editorial/disfunciones-ministeriales_200804150257.html
martes, abril 15, 2008
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