viernes, abril 11, 2008

Aguas, inversiones y falsedades

viernes 11 de abril de 2008
Agua, inversiones y falsedades
LAS cifras no cuadran por mucho que se esfuercen el Gobierno y el PSOE en negar las evidencias. Durante el debate de investidura, Rodríguez Zapatero dijo expresamente que en el Programa AGUA se han invertido más de 7.700 millones de euros con el objetivo de hacer frente a las necesidades de la política hidráulica. En cambio, en el programa electoral del PSOE se habla de unos 4.000 millones, poco más de la mitad de la cifra establecida por el candidato. No sólo discrepan en los dineros, sino también en los hectómetros cúbicos aportados por las inversiones correspondientes: el presidente del Gobierno habló de 1.162 mientras que el Partido Socialista se queda en 670. ¿Quién tiene razón? Es imprescindible que unos y otros se aclaren cuanto antes porque las discrepancias reflejan, en el menos malo de los casos, una ineficacia intolerable y, en el peor de los supuestos, una mentira deliberada de Rodríguez Zapatero en sede parlamentaria. El asunto no admite bromas ni desconocimientos y va más allá de una cuestión puramente técnica. De hecho, la política del agua en España es a día de hoy un problema vital para muchos millones de ciudadanos que sufren o pueden sufrir a corto plazo restricciones, incluso para el consumo humano.
El artículo 149 de la Constitución, en su apartado 1.22, dispone que es competencia exclusiva del Estado «la legislación, ordenación y concesión de recursos y aprovechamientos hidráulicos cuando las aguas discurran por más de una comunidad autónoma». Queda clara, por tanto, la responsabilidad determinante del Ejecutivo a la hora de desarrollar una política racional para la utilización de un recurso escaso en muchas zonas de España, atendiendo a los principios de solidaridad y de igualdad de todos los ciudadanos. Sin embargo, los socialistas han hecho y siguen haciendo un uso partidista de una política pública que debe ser contemplada con criterios de eficiencia al servicio del interés general. El Programa AGUA no ha sido un éxito, por mucha retórica que pretendan utilizar al respecto los responsables ministeriales. De hecho, la diferencia abrumadora entre unas cifras y otras deja en evidencia la pésima gestión desarrollada a lo largo de la legislatura anterior. Si las discrepancias obedecen a una mala coordinación, sería una señal muy significativa de que nadie se toma con la suficiente seriedad un asunto de máxima trascendencia. Si los datos se han inflado al servicio de la investidura de Rodríguez Zapatero estamos ante un hecho muy grave. En democracia no se puede faltar a la verdad en una comparecencia parlamentaria, y mucho menos cuando se acude al Congreso de los Diputados para solicitar la confianza de la Cámara a efectos de formar gobierno. El candidato debe aclarar sin demora cuál es la cifra correcta y por qué hay una diferencia abrumadora entre lo que aparece en el diario de sesiones y lo que su partido asegura en el programa electoral.
Hace unos días, ABC denunciaba la «ineficacia hidráulica» del departamento dirigido por Cristina Narbona, incapaz de poner en marcha ni siquiera las obras calificadas por el propio Ministerio de «prioritarias y urgentes». Ahora se descubre que la propaganda pretende ocultar la realidad, modificando los números en función de los intereses coyunturales. Sin embargo, por mucho que Rodríguez Zapatero se empeñe, la política del agua es un verdadero agujero negro en la gestión del Gobierno y tendrá que rectificar a fondo en esta nueva etapa, empezando por pensar con mucho cuidado a quién encomienda la responsabilidad ministerial. Hay decisiones inaplazables que no van a contentar a todos pero que siempre podrán ser justificadas con argumentos objetivos si se adoptan con sentido de Estado y no para buscar ventajas electoralistas. En todo caso, incluso en la hipótesis de que las cifras reales se correspondan con las anunciadas en el Congreso, está claro que el esfuerzo ha sido insuficiente para satisfacer las necesidades de los ciudadanos. El fracaso no se tapa, sino que se agrava, si pretende ocultarse una pésima gestión bajo estadísticas infladas o retóricas sin contendido real.

http://www.abc.es/20080411/opinion-editorial/agua-inversiones-falsedades_200804110248.html

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