viernes, abril 11, 2008

German Yanke, Hipocresia olimpica

viernes 11 de abril de 2008
Hipocresía olímpica
Germán Yanke
Toda la retórica y las palabras huecas sobre la evolución de China se han quedado en nada en cuanto la opinión pública ha tomado conciencia de la brutal represión en Tíbet. A veces —muy a menudo— nos afectan las cosas como una descarga eléctrica, como si no supiésemos que, a pesar del mal llamado “capitalismo chino” y las imágenes de su “occidentalización”, ese gran país es una dictadura. No sólo la padece el Tíbet, sino cada uno de sus ciudadanos y, de manera muy especial, los disidentes encarcelados o excluidos de la vida civil normal. Si ahora son muchos los que caen del guindo, movidos por las lógicas campañas, será solamente porque han querido vivir hasta ahora con los ojos cerrados.
Esa hipocresía se está viendo estos días en muchos gobernantes de democracias que se plantean, si no el boicot, sí algunas medidas públicas de protesta, como no asistir a la jornada inaugural de los Juegos Olímpicos. Son los mismos que, sabiendo lo que ocurría en China, no tuvieron reparo en dar su apoyo político a la candidatura de Pekín. Idéntica hipocresía se observa en las autoridades del Comité Olímpico que, al parecer, quieren hacer sus negocios —aunque no sean particulares— en un mundo idílico en el que no ya la política, sino los derechos humanos y las libertades individuales, no tienen ninguna importancia. Sólo cuentan, según esta doctrina, unos miles de deportistas que tienen en los Juegos Olímpicos la oportunidad de triunfar. Que a las puertas de los estadios se reprima la mera libertad de pensar no tiene para ellos importancia.
Aún más. El presidente del COI, Jacques Rogge, después de estrafalarias comparaciones de lo ocurrido en Tíbet con el País Vasco o con los aborígenes de Australia, sale ahora con que su organización ha superado crisis más graves que la actual, como si la única preocupación del COI fuera, como es, su propia estructura y la explotación económica de los Juegos. Nada del juego limpio y la solidaridad de la retórica olímpica queda para las víctimas de las dictaduras.
Los países quejosos deberían haber reaccionado en el momento de la candidatura porque no se puede organizar un acontecimiento de esa naturaleza en un país que no respete los derechos humanos. Si hay que apechugar con los condicionantes de los negocios con China, al menos reconózcase que no hay principios éticos en las relaciones internacionales ni legalidad vigente que pueda ser impuesta. Al menos se evitaría la hipocresía. Hacen bien, sin embargo, los ciudadanos y organizaciones no gubernamentales que, aunque sea de modo simbólico, tratan de apagar esa antorcha olímpica que viaja descarada por muchas capitales del mundo.

http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=11/04/2008&name=german

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