miércoles, abril 19, 2006

Un nuevo mercantilismo

jueves 20 de abril de 2006
Un nuevo mercantilismo

FERNANDO FERNÁNDEZLo siento pero tengo que hablarles del proyecto de Estatuto de Andalucía. Pensaba hacerlo de las proyecciones macroeconómicas del FMI y del precio del petróleo, pero que el flamante secretario de Estado de Hacienda se haya visto obligado a desmentir que acabaremos con 17 Agencias Tributarias me obliga a cambiar de idea. Tiene razón. Serán dieciocho, con la Estatal, o quizás veinte si Ceuta y Melilla se unen a la locura. Pero con ser esto grave, no es lo peor. De hecho es una buena noticia para el contribuyente ahora que empieza el período de declaración del IRPF. Si fuera más cínico que liberal me alegraría, porque se va a traducir en una reducción de facto de la presión fiscal, como la inmigración ha supuesto una caída de los salarios reales. Pero si algo hemos aprendido los economistas es que un marco institucional adecuado es una condición necesaria para el crecimiento. Y no creo que este revival del mercantilismo a la Colbert al que estamos asistiendo últimamente mejore el clima de los negocios. Los progresistas del XIX le llamaban caciquismo. Y era para Joaquín Costa y los afrancesados de entonces una de las causas fundamentales de nuestro atraso económico.El proyecto andaluz generaliza el desastre catalán. Reclama competencias exclusivas sobre temas tan delicados como las cajas de ahorros, los permisos de trabajo a los inmigrantes o el agua de sus ríos. Instaura la bilateralidad en materia de financiación, programación económica y participación en instituciones como el Banco de España o la Comisión Nacional de la Energía. Se obliga al Estado a indiciar la inversión pública a la variable más favorable, en este caso la población. Y se califica de determinante la posición andaluza para fijar la postura española en los consejos de la Unión Europea. Todo un sistema imposible de gestionar.Ayer mismo el INE publicaba la Contabilidad Regional. A las regiones menos avanzadas como Extremadura, Andalucía o Castilla-La Mancha no parece haberles ido mal con el sistema de financiación actual, ni con su insuficiente Estatuto. Todas ellas han crecido por encima de la media nacional, no este año, sino en los últimos cinco. De las más desarrolladas, sólo Madrid ha crecido por encima de la media. No parece haber por tanto tampoco razones de eficiencia o equidad para cambiar el marco autonómico actual. Y en el caso de Madrid, algo tendrá que ver que no se ha perdido en ensoñaciones de construcción nacional sino en hacer una política económica que funcione. Pero claro son tergiversaciones de un centralista incorregible que piensa como Boadella que el virus nacionalista ya nos ha contagiado en demasía. Y que reivindica el derecho a hablar de economía política, como si viviésemos en un país maduro con un debate económico riguroso.

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