jueves 20 de abril de 2006
KEPA AULESTIA
La dificultad de adivinar por dónde discurrirá esto que aún no merece la consideración de 'proceso de paz' aumenta porque sus protagonistas principales tienden a moverse simultáneamente en planos muy distintos. El gobierno de Rodríguez Zapatero lo mismo parece dispuesto a hablar de todo con todos que sitúa los límites del diálogo dentro del potencial reformador que contienen la Constitución y el Estatuto. La izquierda abertzale combina sus invitaciones a fijar la metodología del proceso con su irrefrenable vocación de definir la meta indeclinable de su empeño: un marco que haga posible la independencia y la unificación de Euskal Herria. Al PNV no le queda otro remedio que hacer de la necesidad virtud, alternando los mensajes de Imaz -primero la paz y luego la política- con los gestos de Ibarretxe, proclives a invertir el orden de esos factores. El embrollo seguirá confundiéndonos a todos mientras no aparezca con mayor nitidez el plano definitivo: el plano de lo posible.Es lógico que en estos momentos ninguno de los protagonistas quiera ceñirse, ni siquiera referirse, a lo posible. Ni el gobierno se siente obligado a recordar que la amnistía no entra dentro de lo posible, ni la izquierda abertzale está en condiciones de asumir tal cual semejante anuncio. Ni el gobierno tiene prisa para reconducir el debate público en Euskadi hacia los cauces del ordenamiento vigente, ni la izquierda abertzale sería capaz de admitir que los habitantes de la Euskal Herria continental se sienten en su abrumadora mayoría simplemente franceses. Ocurre además que el problema del terrorismo ha llegado hasta nuestros días tan amortizado que la pretensión del trueque político a cambio de la paz ha decaído hasta niveles de los que ni siquiera los seguidores de Egibar, de Elorrieta o de Errazti son plenamente conscientes.Llegará el día de lo posible. El día en que se comprobará que lo posible en 2008 no puede ser muy distinto de lo posible en 2005. Al fin y al cabo, tampoco parece fácil que lo que no logró remover la palanca del terrorismo acabe removido por el resorte de su desaparición. Sin embargo, mientras tanto persistirá esa visión tan inquietante de que si la sociedad no secunda el proyecto que uno defiende es porque no la dejan. Una convicción que continúa animando al nacionalismo para procurarse reglas de juego más a la medida de sus propias aspiraciones. Puede que forme parte del juego político. Lo que en ningún caso forma parte del juego de la libertad es la pretensión de hacer posible lo imposible mediante el consabido truco de convertir las propias aspiraciones en reglas de juego obligadas; en baremo para validar una situación como democrática. Es posible un acuerdo amplio sobre el ejercicio del derecho a decidir. Pero no podrá distar mucho del derecho vigente. Quienes lo han denigrado durante años mientras elogiaban la solución norirlandesa siempre podrán recuperar la razón posibilista describiendo cómo están las cosas allí.k.aulestia@diario-elcorreo.com
miércoles, abril 19, 2006
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