miércoles, abril 19, 2006

Los españoles y el islam

jueves 20 de abril de 2006
Los españoles y el islam

LA opinión de los españoles sobre los países musulmanes es muy negativa, según la encuesta realizada por el Real Instituto Elcano. Para el 90 por ciento de los encuestados, los países musulmanes son autoritarios; para el 79 por ciento, intolerantes; y para el 68 por ciento, violentos. Obviamente, en esta actitud hacia el mundo islámico se mezclan percepciones subjetivas, pero también juicios contrastados, por lo que los resultados de la encuesta deben ser valorados con rigor no exento de preocupación. Los españoles no difieren, en general, de la opinión mayoritaria en Europa sobre la situación política de los países musulmanes, marcada por el tratamiento legal y social que recibe la mujer y la incapacidad para desarrollar sistemas democráticos basados en la libertad y en la igualdad de derechos. La mala imagen se corresponde con una mala realidad, incluso aun depurando las respuestas de los encuestados de sus aspectos más viscerales y prejuiciosos sobre el islam. Sin duda, el estudio del Real Instituto Elcano recoge las consecuencias de unas experiencias que ni el más voluntarioso de los biempensantes puede eludir, como el hecho de que Washington, Nueva York, Madrid o Londres han sufrido a manos de organizaciones islamistas los atentados terroristas más sangrientos de su historia. La asociación del mundo islámico al terrorismo de Al Qaida o de grupos locales es, evidentemente, injusta y desconocedora de que muchos musulmanes son víctimas diarias de estos grupos terroristas. También ignora que hay millones de musulmanes comprometidos con la modernización de sus países. Pero la opinión de los ciudadanos se forma por acumulación de imágenes y datos, y a esa continuidad terrorista -que supone una preocupación prioritaria, según el sondeo- se ha unido la campaña antioccidental planificada y desatada en diversos países musulmanes por la difusión de unas viñetas sobre Mahoma -ampliamente rechazadas también por los encuestados-, así como la escalada militarista del régimen iraní, advertida con toda su gravedad por los países europeos, en coincidencia con Estados Unidos. No en vano fue Angela Merkel la que comparó la política nuclear de Mahmud Ahmadineyad con el rearme impulsado por Adolf Hitler.Este negro panorama de la opinión pública española sobre el islam es compatible con el apoyo mayoritario -el 61 por ciento- a la Alianza de Civilizaciones propuesta por Rodríguez Zapatero. No puede ser de otra forma: los ciudadanos se adhieren a determinados eslóganes, simplemente por la eufonía de su formulación, sin entrar en la viabilidad de su ejecución. De hecho, ha transcurrido más de un año desde que el jefe del Ejecutivo español presentó esta propuesta en la Asamblea de Naciones Unidas y los pasos dados hasta ahora han sido meramente simbólicos. Lo importante, en todo caso, es que los gobiernos occidentales sean conscientes de que las amenazas no desaparecen sólo con negarlas o minimizarlas, porque cuando se incurre en este error, y las amenazas se cumplen, las sociedades reaccionan de forma extrema.El sondeo de Elcano refleja, ante todo, el grave problema de relación entre las democracias y el mundo musulmán, que no se resuelve apelando a consensos desmentidos diariamente por el terrorismo integrista, la intransigencia religiosa o la amenaza nuclear iraní. El Gobierno británico se ha mostrado seriamente preocupado por el crecimiento de la extrema derecha en el Reino Unido, representada por el Partido Nacional Británico, que no es ajeno a otros movimientos ultras similares en Europa continental. Entre otras razones, todos se aprovechan -excitando impulsos racistas y xenófobos- del sentimiento de amenaza que se cierne sobre las sociedades europeas y del fracaso de las políticas de integración de las comunidades musulmanas.Ante la pregunta de qué debe hacer Europa en su relación con el islam, parece claro que lo primero es confiar en los valores democráticos y en el sistema de libertades y derechos individuales sobre el que se asienta el progreso europeo, incompatible con un sentido teocrático de la vida personal y colectiva. Lo segundo es alimentar la democratización del mundo musulmán, como la que se está intentando con toda serie de dificultades en Irak, y ser muy firme frente a quienes, como Irán, aspiran a liderarlo con la superioridad militar y la expansión del integrismo. Y, por supuesto, superar la estanquidad de la inmigración musulmana para lograr su plena asimilación política a los códigos de convivencia democráticos.

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