domingo, abril 16, 2006

El botellon de Espronceda

lunes 17 de abril de 2006
El botellón de Espronceda
Juan Urrutia
¡Oh! ¡Caiga el que caiga! ¡Más vino! ¡Brindemos! A aquél que más beba loores sin fin: Con pámpanos ricos su frente adornemos, Aplausos contemos al rey del festín. Alegres los ojos, borracho el semblante, la copa espumante en alto a brindar: rebosen los labios en risas y vino, y al néctar divino dé fuerza el azahar. Coro.- ¡Oh! ¡Caiga el que caiga!... Volcanes requeman mi frente encendida; más alma, más vida crecer siento en mí: torrentes de vino las mesas esmalten, en mil piezas salten cien copas y mil. Coro.- ¡Oh! ¡Caiga el que caiga!... Canción Báquica. (José Espronceda) Acertada la canción premonitoria del Poeta de Almendralejo. Ante la tristeza que produce la falta de pasión, se busca una vida ilusoria y etílica. “Más alma, más vida…” Mas, ¿se encuentra? ¿Por qué un joven bebe hasta la extenuación hepática?
El ejemplo de generaciones y generaciones bebiendo para olvidar, algo habrá influido, sin embargo no es suficiente. ¿Un futuro incierto, la extinción de los fogosos entusiasmos adolescentes? Éste es un extracto de los motivos que expone un muchacho en una web pro-botellón: 1. “Sin botellones, no nos podremos agarrar por dos euros esas cogorzas tan necesarias para entrar a la tías en las discotecas.” 2. “Esas cogorzas en un Pub o discoteca no te las puedes agarrar, porque el 95% de las personas no están dispuestas a gastarse su paga mensual en copas, cuyo 80% del contenido es agua o gaseosa.” Me niego a creer que millones de chicos y chicas sólo piensan en caer en brazos de la diosa melopea para relacionarse sexualmente. Algo falla y no es la juventud. La explicación tópica de adquirir valor para ligar es demasiado simple. Fracasa la educación otorgada a un sector de la población que ve normal el solucionar sus problemas bebiendo. Como de costumbre nos alarmamos cuando la situación es insostenible. Hace diez años que treceañeros llenan sus estómagos con brebajes que, de haberlos tomado, hubieran hecho aún más breve la vida de Espronceda. Las explicaciones precedentes del alcohólico adolescente que han leído algo más arriba, son, creo yo, un escudo, una forma de salir del paso cuando te piden revelar cuestiones personales y ocultas. Tenemos una ingente cantidad de menores y no tan menores que salen al mundo angustiados por una educación deficiente que no les permite defenderse en la vida real. Desgraciadamente tampoco se les han proporcionado medios para, en caso de ser brutalmente golpeados por el fracaso, sepan lamerse las heridas en vez de desinfectarlas con alcohol. Las consecuencias las sabemos todos, quienes que se juegan la salud cada fin de semana también. Sin embargo siguen participando en actividades de esparcimiento como “El Escandinavo Abstemio” similar a la clásica “Oca” pero según en que casilla se caiga el jugador bebe más, menos y de formas diferentes. Esta visión lúdica del “pimple” da idea de lo enraizado que está entre el mocerío. Supone la base de su diversión. Yerra una vez más la educación, la historia de que no hay parques es muy floja: donde los hay se convierten en bares forestales. Los padres no disponen de tiempo para sus hijos, el gobierno crea planes educativos para borregos y vivimos en un país donde se vende whisky hasta en las gasolineras. Extrañémonos ahora de la inexorable alcoholización de la población adolescente. Como dicen en mi pueblo, es para darnos de palos. (Foto: Juan Urrutia)

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