jueves, diciembre 11, 2008

Ferrand, Pobrecitos etarras...

Pobrecitos etarras...

M. MARTÍN FERRAND

Viernes, 12-12-08
DURANTE los tres años que Enrique Múgica fue ministro de Justicia, en un Gobierno de Felipe González, se adoptó una medida -polémica, contestada- que, en mi opinión, ha sido de las más eficaces y duraderas en la lucha antiterrorista: la dispersión de los presos de ETA por los distintos penales de España. Todavía hoy abundan, especialmente en el País y en el Gobierno vascos, quienes movidos por una conmiseración de corte angelical estiman que ello significa un castigo añadido a las familias de los presos. Incluso en Vitoria se ayudan y financian las visitas de esos familiares a sus parientes en lejano cautiverio. ¿Se hace lo mismo en beneficio de quienes, en lugar de asesinar con la coartada de la independencia del País Vasco, mataron a sus semejantes por una causa menos ditirámbica?
Ahora, con la indignante y poco democrática discreción con que suele actuar el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, y con el sorprendente apoyo del partido de Mariano Rajoy, se procede al traslado a cárceles próximas a sus domicilios de unos cuantos históricos miembros de la banda asesina. Según el Consejero de Justicia del Gobierno vasco, Joseba Azkárraga, existe «constancia» del traslado de una decena de estos delincuentes disfrazados de patriotas. Al hilo de estos traslados, cuya razón nadie se ha dignado explicarnos y que, por lo que significa de modificación de lo establecido, requieren debate parlamentario, ha dicho el coordinador de Justicia del PP, Federico Trillo, que «si se hacen bien, es un acierto».
Todas las familias de cuantos están en la cárcel, por lo que fuere, sufren esa reclusión. Me atrevo a interpretar que ello forma parte de la pena y que se corresponde con una derrama de responsabilidad que a todos nos corresponde con las personas de nuestra proximidad y afecto. En el caso de los presos del terrorismo vasco fue un acuerdo dispersarlos por lo que ello supuso de desmoralización y, sobre todo, de anulación de focos doctrinales con influencia en un mundo abertzale al que, con gran precisión, el hoy Defensor del Pueblo bautizó como eusko-nazis. Desandar aquel camino, además de exigir una explicación pública, conlleva riesgos: el del mal que se evitó y el de una potencial acción terrorista desde las cárceles vascas.
Supongo que todos cuantos andan en el juego, Alfredo Pérez Rubalcaba y Trillo entre ellos, habrán considerado la hipótesis de una huelga de hambre de un centenar de etarras en un penal o, incluso, de un amotinamiento con trompetería suficiente para llegar a la opinión pública de medio mundo. ETA perjudica a la Nación y al Estado con sus actos asesinos y su propaganda falaz. Suministrarle herramientas y oportunidades para su repugnante trabajo es algo que se califica por sí solo y que, salvo explicación suficiente, califado queda.

http://www.abc.es/20081212/opinion-firmas/pobrecitos-etarras-20081212.html

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