jueves 3 de abril de 2008
Las aguas bajan turbias en el PP
Fernando González Urbaneja
En la vieja UCD, sobre la cual tantas bendiciones se expresan ahora (incluso por los mismos que la dinamitaron entonces) había familias, corrientes y sensibilidades y se conjugaban muy mal. Aquello era un cúmulo de conspiraciones y de intereses cruzados, tanto que acabaron rodeándose a si mismos. De la UCD salieron hacia los demás grupos de la cámara paquetes de diputados: unos al PSOE, otros al mixto y algunos a la AP de Fraga.
En el PSOE lo de las sensibilidades y familias ha sido un trajín permanente durante un siglo, un partido con dos almas y entre vez y cuando con desavenencias, que se han sucedido y resuelto con regularidad, incluso con divisiones y expulsiones. El PSOE ahora es una balsa de aceite, el “zapaterismo” se ha impuesto sin que se note y las disidencias quedan como notas de color, juegos florales, cosas de Leguina, o Guerra u otros clásicos.
Al PP lo galvanizó con Aznar como nunca antes lo había hecho nadie en la derecha española. Algunos le veían como un nuevo Cánovas. Construyó un partido ordenado, grande, jerarquizado, con recursos y con las familias estabuladas. Ahora más que familias ideológicas se notan tribus de intereses, con cabezas de fila en el ámbito territorial o el ideológico y siempre con poder para compartir, con cargos a repartir.
Rajoy heredó el poder de Aznar y no ha soltado casi nada, aunque lo ha compartido con silencios o dejando hacer. Ahora no deja hacer, se ha asentado en el despacho de presidente y empieza a dar un salto generacional por su cuenta, sin preguntar ni repartir.
En el PP el poder se ha repartido siempre en la cúpula, en los despachos o en los territorios. La renovación que inició Rajoy el lunes empieza a despertar contestación, sobre todo entre los que no se sienten satisfechos en sus aspiraciones y entre los que temen que con el actual equipo el horizonte de la victoria electoral se alargue en el tiempo.
Hasta el Congreso de junio quedan 11 semanas de enredos y de tomas sutiles de posición, de conspiraciones y de estudio de las intenciones de Rajoy. Nadie se ha atrevido a desafiar al líder, el procedimiento de los despachos sigue en vigor. Pero hay tiempo para que aparezcan las corrientes, los intereses y hasta las alternativas. Es difícil que tras una derrota electoral el partido se ahorre una crisis interna. Rajoy salió fuerte, sin contestación, de la junta directiva de los quinientos, pero no es tan seguro que llegue sin contestación al congreso de los tres mil.
http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=03/04/2008&name=urbaneja
jueves, abril 03, 2008
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