lunes, abril 07, 2008

Pablo Sebastian, Si Aguirre se presenta, Gallardon tambien

lunes 7 de abril de 2008
Si Aguirre se presenta, Gallardón también
Pablo Sebastián
Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón están destinados a competir, tarde o temprano, en la arena del PP, de ahí que cuando antes ocurra mejor para ellos y para el partido, a ver si de una vez se pone punto y final a la lucha fratricida que libran a diario los dos dirigentes políticos del Partido Popular con mayor proyección nacional. Ese escenario, para el duelo final entre la presidenta y el alcalde, está hoy a su alcance en el Congreso del PP del mes de junio, donde Mariano Rajoy pretende ser único candidato. Pero todo apunta a que se puede a equivocar, porque en el entorno de Aguirre se asegura que está preparando su candidatura, y en el de Gallardón tampoco se descarta que el alcalde haga lo mismo, devolviéndole a la presidenta de Madrid el ataque que le lanzó al alcalde cuando, en plena elaboración de las listas al Congreso de los Diputados, le dijo a Rajoy que o iban los dos o no iba ninguno, opción última que apadrinó Rajoy en su propio beneficio.
Cuando Rajoy habla de un Congreso del PP “a la búlgara” quiere decir que su pretensión es que nadie le dispute el liderazgo del PP, muy a pesar de su derrota electoral —y van dos—, para salir unánimemente aclamado desde un partido donde nadie cree en él, y donde tiene poderosos adversarios (Aznar, Rato, Cascos, Aguirre, Gallardón, Acebes, Zaplana y Pizarro, entre otros), a los que ha maltratado y defraudado, y donde las bases piensan —como la gran mayoría de votantes del PP— que otros dirigentes lo harían mejor que Rajoy, y obtendrían mejores resultados frente a Zapatero.
Pero a Rajoy le puede más su ambición que la realidad de lo que le rodea. Confunde la cortesía o la compasión de sus compañeros, que no le pidieron la dimisión la misma noche de la derrota electoral, con el hecho irrefutable de su segunda gran derrota y su condición de perdedor nato. Y se comporta como si hubiera ganado las elecciones, mientras presume que nadie se le ha quejado por los nepotistas nombramientos que ha hecho en el Congreso de los Diputados —marginando a los mejores diputados—, cuando todos saben que ha concitado malestar general en el PP.
Aunque lo peor de la ceguera y de la ambición de Rajoy es pensar que, con la exclusión de Aguirre y Gallardón del Congreso de los Diputados, él es invulnerable, y por eso nadie se atreverá a hacerle frente en el próximo Congreso del PP, porque considera que en España no se puede ser líder de un partido nacional sin tener escaño en el Parlamento. Y también en eso se puede equivocar Rajoy, sobre todo porque en la política española desempeñan un papel destacado los medios de comunicación. Y porque la presidencia, como la alcaldía de Madrid, son dos altas atalayas desde las que muy bien se podría liderar el PP.
El misterio del “Congreso a la búlgara” de Rajoy
Pero a pesar de sus ilusas pretensiones y de sus trampas para cortarles el camino a Aguirre y a Gallardón, Rajoy sigue temiendo que uno de los dos, y sobre todo los dos, salten a la arena del Congreso popular. Lo que explica esa extraña advertencia que hace Rajoy cuando declara que no sería bueno que en el congreso del partido se presentaran más de dos candidatos. La explicación al misterio que oculta sus disquisiciones sobre el “congreso a la búlgara” es muy sencilla: Rajoy cree que, con la ayuda de los barones periféricos, puede derrotar a la presidenta de Madrid, pero sabe también que, si se presentara Gallardón, dirigentes de Valencia, Andalucía, Murcia, Galicia y otras autonomías periféricas apoyarían al alcalde en su duelo con Aguirre, y Rajoy quedaría el último de los tres.
Además, Rajoy desea utilizar a Gallardón, al que maltrató y lanzó por la ventana cuando hizo las listas al Congreso de los Diputados por Madrid, como parte de su equipo, bien como vicepresidente o secretario general, y podría proponerlo de cabeza de lista para las elecciones europeas del 2009. Lo que, sin lugar a dudas, constituye dos trampas de elefantes con las que pretende convertir al alcalde en su “mayordomo”, y el encargado de sacarle las castañas del fuego, primero frente a Aguirre y después en las elecciones europeas del 2009.
Todo ello, con el argumento simplista de que a Gallardón lo único que le importa es que Aguirre no sea la presidenta del PP, cuando la verdad es que a Gallardón lo único que le interesa es el liderazgo del PP. Rajoy también se equivoca pensando que puede derrotar, fácilmente, a Aguirre por más cuentas que manejen desde su entorno —desde donde están llamando a las provincias para averiguar si la presidenta ya está buscando apoyos para ser candidata, para lo que le harían falta las firmas de 600 compromisarios—, porque los delegados del Congreso serán libres, votarán en secreto y están hasta la coronilla de Rajoy. Y de aquí a la cita de junio van a sufrir un bombardeo continuo de los medios de comunicación de la derecha a favor de Aguirre, salvo que Gallardón, de una vez por todas, salte a la arena para hacer frente a su adversaria y deje de buscar atajos y puertas traseras para alcanzar el liderazgo del PP, como lo intentó cuando pretendió colarse de diputado y la presidenta le advirtió de que, en ese caso, ella iría también en las listas.
La “prórroga” de los barones periféricos
O sea, que vamos a ver lo que ocurre de aquí al mes de junio, porque puede pasar de todo. De momento, da la impresión de que Aguirre, a pesar de sus varios desmentidos, está ultimando su candidatura y buscando adhesiones. Algo de eso se desprende cuando afirmó días atrás que si toma una decisión “el primero en ser informado sería Rajoy”.
Gallardón, sin embargo, aparenta estar bastante desconcertado y, en una primera fase, parece haberse sumado a la estrategia de “la prórroga de los barones”, consistente en que los dirigentes periféricos del PP apoyarán a Rajoy hasta las elecciones europeas del 2009, en las que deberá ganar o, en caso contrario, dimitir como presidente del partido.
El problema que plantea esta estrategia estriba en que eso estaba acordado así para el caso en el que Rajoy fuera el único candidato al Congreso del PP y para intentar disuadir a la presidenta madrileña. Pero si Aguirre se lanza las cosas pueden cambiar y los barones periféricos podrían, en ese caso, dar su apoyo a Gallardón empujándolo hacia el congreso del PP.
Sobre todo porque el alcalde corre el riesgo de hundirse para siempre como adjunto de Rajoy, el hombre que le cerró el paso. Y no digamos si además el alcalde acepta concurrir como cabeza de lista del PP en las elecciones europeas del 2009, lo que incluye un doble riesgo para él porque: si gana, el beneficiario será Rajoy; y si pierde el derrotado será él, y Aguirre quien obtenga ventajas de esa derrota. Además, Gallardón tiene, para el otoño del 2009, una cita importante como alcalde de Madrid, porque en esas fechas se decidirá si Madrid será o no sede olímpica.
De manera que Gallardón está inmerso en un dilema de difícil solución: o salta a la arena, con todas las consecuencias y riesgos; o se queda para los restos de ayudante de Rajoy. Mientras Aguirre lo tiene más fácil: podría derrotar a Rajoy durante el congreso de junio, aunque al principio salga con pocas posibilidades, porque contará con el apoyo de importantes medios de comunicación de la derecha, y puede que de muchos notorios dirigentes del PP, Rato incluido (aunque el ex vicepresidente del Gobierno quizás espera a que Rajoy se estrelle del todo para saltar él); y en caso de derrota, Aguirre habrá conquistado el título de alternativa en el PP, a la espera que Rajoy vuelva a fracasar en las citas electorales que se aproximan —y en los debates parlamentarios—, lo que no sería nada de extrañar.
Así están las cosas en el PP, mientras los actores de este posible combate triangular para alcanzar el liderazgo de la oposición se miran de reojo y están a la espera del siguiente movimiento de ficha, que puede ser el de la presidenta de Madrid, aunque la partida se podría completar con el ataque de Gallardón. Sobre todo si uno de los espectadores más influyentes en este episodio, José María Aznar, se queda quieto o le envía al alcalde una señal en su favor. ¿Por qué haría Aznar semejante gesto?, pues por algo que, al día de hoy, también motiva y preocupa a los barones del PP en relación con la posible presidencia de Aguirre, porque todos ellos saben que el diario El Mundo pretende el control ideológico y estratégico del PP y pilota y controla la esperada candidatura de la presidenta de la Comunidad, con ayuda de la COPE, y a la espera de que se sumen a su plan el resto de los medios de comunicación del centro derecha español.


http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=07/04/2008&name=manantial

No hay comentarios: