martes 15 de abril de 2008
La justa indignación de Camps
Pablo Sebastián
Ya está en marcha el nuevo Gobierno de Zapatero y su primera medida será la de facilitar un urgente trasvase de agua del Ebro en favor de Barcelona, para atender las urgentes necesidades de la capital catalana, lo que parece justo y razonable a la vez que incluye una severa rectificación de la política socialista que negaba los trasvases, y concretamente el del Ebro, lo que en su día fue aplaudido por el Gobierno de la Generalitat y el nacionalismo de Cataluña, que ahora imploran agua. Y los que, de la noche a la mañana, se han declarado entusiastas seguidores de la política de trasvases, bien sea del Ebro, el Segre o el Ródano, con tal de tener agua y de que se cumpla el principio de solidaridad entre los ciudadanos y las tierras de España que antes había sido negado por los políticos catalanes. Como ahora niegan el derecho por igual al desarrollo económico y social reivindicando balanzas fiscales, en vez de homologación del PIB, para que ni una gota de empuje económico se derrame en las postergadas tierras del centro, noroeste y sur de España.
Trasvases sí, pero sólo para Cataluña, es lo que se desprende de la primera decisión del nuevo Gobierno, y lo que ha provocado la justa indignación del presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, que ve cómo lo que se le niega al Levante español sí se le concede a Barcelona, sin que semejante decisión vaya acompañada de una declaración general a favor del principio de igualdad, de la que tanto presume este Gobierno, pero por lo que se ve a favor de las mujeres de su partido, lo que puede estar bien siempre y cuando ese principio no sea discriminatorio de todos y de todo lo demás.
De momento, a Cristina Narbona la han cesado del Gobierno por el fracaso de su política del agua —que no es menor que el de otros ministros como los de Justicia, Defensa y Fomento en sus respectivos departamentos—, pero ya estaba claro que la ministra que se opuso tajantemente a los trasvases y que no había encontrado la solución alternativa ni previsto las consecuencias de la sequía, no estaba en condiciones de liderar trasvases de urgencia como el que ahora se piensa poner en marcha en favor de Barcelona. Y por supuesto con el acuerdo del Gobierno de Aragón, que tan reticente fue a esta política, como lo fueron, incluso, los dirigentes aragoneses del PP, los que ahora van a dejar a unos y otros en una situación de franca precariedad.
Ahora bien, ¿qué puede hacer el presidente Francisco Camps frente a semejante discriminación, amén de movilizar al pueblo valenciano para exigir su propio abastecimiento de agua y el trasvase del Ebro? Y tiene su gracia que sea la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, diputada por Valencia, la que ha presidido la reunión de Moncloa con el presidente de la Generalitat de Cataluña, José Montilla, para acelerar el trasvase y favorecer a Barcelona, sin que semejante decisión de urgencia fuera acompañada de un anuncio para la revisión de la política del agua del Gobierno, convocando a todos los presidentes autonómicos afectados por la ausencia de los trasvases, como es el caso de los primeros gobernantes de Valencia y Murcia, castigados sólo por ser del PP.
http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=15/04/2008&name=manantial
martes, abril 15, 2008
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