viernes 11 de abril de 2008
Vinieron las lluvias
José Meléndez
L A lluvia la manda Dios y el agua la da el alcalde, decía una antigua canción mexicana, que añadía “en casa la quiero yo, pero la quiero de balde”. Por fin han llegado las lluvias a poner fin o, por lo menos, una pausa, a esta sequía pertinaz y destructiva que hemos venido padeciendo y significando un alivio en uno de los muchos problemas que tiene este José Luis Rodríguez Zapatero en la nueva legislatura que acaba de comenzar en solitario. Escondido en el barullo de desaciertos que se han venido produciendo en la última legislatura, el problema del agua es uno de los principales obstáculos para el bienestar de una población que crece imparablemente, aumentando con ello sus necesidades. Hasta treinta medidas en busca de una solución prometió el gobierno de Zapatero en los últimos cuatro años y no ha realizado ninguna de ellas, excepto la creación de una Comisión de Seguimiento de la Sequía, nombre eufemístico a tenor con su cometido porque la única tarea que parecen desarrollar sus miembros es la de pasarse 24 horas mirando al cielo a ver si llueve, con las consiguientes consecuencias de tortícolis y gastos de tratamientos de fisioterapia. A Francisco Vázquez, católico de convicción, lo mandó Zapatero de embajador al Vaticano para que se curase con agua bendita la urticaria que, según confesión propia, le producía el estatuto de Cataluña y, de paso, ver si echaba una mano en esos ambientes tan cercanos al cielo, porque la misericordia de Dios es infinita y ayuda tanto a los creyentes como a los ateos. No se yo si por esa causa San Pedro ha enviado las nubes que hasta ahora se habían negado a la Península, pero el caso es que ha comenzado a llover para que, por algún tiempo, Mariano Rajoy no le recuerde mas a nuestro reelecto presidente el Plan Hidrográfico que se cargó nada mas llegar a la Moncloa, y Artur Mas quiera solucionar la sed de Barcelona con un trasvase desde el Ródano cuando el Ebro vierte al mar diariamente millones de metros cúbicos del preciado líquido. Pero ya se sabe que para el gusto español –y catalán- lo foráneo es siempre mejor que lo propio.. Usando símiles acuáticos, Zapatero tiene una dura singladura por delante que afronta como navegante solitario y en ella esta lluvia beneficiosa puede ser como un bálsamo ante las tempestades que se avecinan. Empeñado en pasar a la historia con algún galón prestigioso, como Príncipe de la Paz, Profeta del Talante o geógrafo de una nueva España, ya ha conseguido un distintivo: ser el primer presidente de gobierno de la democracia española que no ha sido reelegido por mayoría absoluta ni en las urnas ni en el Parlamento. Lo segundo parece tener su mérito, porque a la vista de los catastróficos resultados de los pactos que hizo en su primera legislatura, ha querido dar la sensación de que esta vez no depende de nadie. La intención es buena, pero a estas alturas nadie puede fiarse de las intenciones de Zapatero. En su discurso de investidura, edulcorado con una moderación evidente y la retórica ampulosa a que nos tiene acostumbrados, siguió esa línea, pero en sus contestaciones .a los distintos portavoces en el transcurso del debate hizo hincapié en caer bien a quienes en el futuro podrían ayudarle, dedicándoles lisonjas y lindezas. El diálogo, el consenso, los acuerdos comunes y la comprensión mutua fueron argumentos que llenaron todas sus intervenciones –menos en la agria contestación a Rosa Díez- pero la realidad es que fue reelegido exclusivamente con los votos de los suyos. Y cabe preguntarse qué pasará cuando necesite la mayoría absoluta de la cámara para sacar adelante los proyectos importantes como los Presupuestos Generales. Ya ha dejado puertas abiertas, como la publicación de las balanzas fiscales que demanda Convergencia i Unió y cuyo anuncio ha provocado una iracunda reacción de las autonomías, precisamente las gobernadas por los socialistas. Hay muchos problemas por delante en la legislatura que ahora comienza, como la crisis económica, que requiere una revisión a fondo y medidas estructurales concretas, o el tema de la energía nuclear para contrarrestar el insoportable precio del petróleo o la política exterior, en la que España ha quedado aislada, como evidencia esa foto de la última cumbre en la que Zapatero está solo mientras todos los líderes se agrupan en torno a George Bush. Y en todos ellos va a necesitar los votos que ahora no tiene, por lo que tendrá que elegir entre un entendimiento con el Partido Popular o volver a las andadas de comprar el voto de los nacionalistas a precio de oro, con todas sus consecuencias. Felizmente, ahora llueve, pero es seguro que tras la esperada lluvia vendrán las tormentas.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4555
jueves, abril 10, 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario