lunes 14 de abril de 2008
KRINOMENON
La política del “solamente yo existo”
Iván Gil Merino
Zapatero es el primer candidato en ser elegido en segunda vuelta. Esto no es un titular, es un disparate histórico. Lejos de amedrentarse ante un gobierno en solitario, con crisis económica, discusiones del modelo de Estado y el terrorismo de fondo, el ya presidente se regodea en su aislacionismo político voluntariamente elegido: “no quiero ataduras y contaré con más autonomía la próxima legislatura”, viene a decir.
Tenemos, por tanto, un presidente solipsista (del latín, ego solus ipsus, ’solamente yo existo’), una interpretación particular de la democracia, en la que el presidente del Ejecutivo busca pactos puntuales con los partidos sin socios fijos. Ésta interpretación no es cierta del todo, ya que de los 169 votos con los que se ha asegurado su investidura en segunda vuelta, tiene treinta y cuatro de los nacionalistas del PSC y el PSE, que son organismos ’satélites’ del propio PSOE y han llegado a tener -los catalanes, en 1981- grupo parlamentario propio en el Congreso. Esto, además de contradecir la proclamada independencia del partido del gobierno, hará que temas sensibles como las políticas de agua -el último a costa del trasvase del Ródano- tengan debate de fondo, incluso en el seno del propio partido socialista.
Fracturas aparte, lo alarmante de esta situación no es el hecho de que el presidente, al estilo de un emperador, se invista a sí mismo con el aplauso de sus acólitos, sino la manifiesta deriva egocéntrica del líder socialista. Hace pocos días contemplábamos la atonía de José Luis Rodríguez Zapatero, remoloneando en la silla durante la cumbre de la OTAN, mientras que los líderes mundiales hablaban entre sí, sin prestarle en apariencia mucha atención. Quizás Zapatero esperaba una felicitación por su reciente victoria electoral, o quizás ni siquiera se dio cuenta de que había más personas en la sala, concentrado como está en ser testigo de su propia existencia.
Esto no es casual. Allen Ginsberg, el inspirado creador de ’Aullido’, un poema estandarte de la lucha contra el ’sistema’ y contra el capital, la bandera de la Generación ’Beat’ escribía en un discurso marcadamente solipsista: “El privilegio de ser testigo de mi propia existencia, tú también debes buscar el sol”. Puede que Zapatero esté, precisamente, buscando ese sol o esa luna que lo guíe entre las tinieblas de su fatalismo político; puede que, como Segismundo en la Vida es sueño -siguiendo con los símiles literarios-, Zapatero se cuestione la existencia misma de todo cuanto le rodea, porque le parece que no hay nada real excepto él y, por tanto, es inútil preocuparse de los problemas políticos de un mundo imaginario.
Esto es peligroso, huelga decirlo. La filosofía del ’solamente yo existo’ queda muy ’zen’ y viste mucho en una conversación entre amigos, a poder ser artistas -y si son de la Plataforma de Apoyo a Zapatero, mejor que mejor-; pero lo que ya es un poco más preocupante es cuando el líder del partido que ha ganado las elecciones comience un proceso de automarginación política. Si en la legislatura anterior la estrategia fue echar al Partido Popular del tablero de juego, parece que esta legislatura lo que nos espera es una fiesta parlamentaria en la que los anfitriones dicen aquello de “el tablero es mío y me lo llevo cuando quiero”, si los demás no hacen su voluntad.
La experiencia nos demuestra, sin embargo, que pocas veces se dan esas circunstancias. De forma táctica, el movimiento de los socialistas puede salirles bien porque dan un mensaje de fortaleza al resto de los partidos y, por extensión, a la opinión pública. Pero nada se mantiene de forma eterna y es claro que el desgaste que puede suponer negociar continuamente es un coste mayor y con unas consecuencias mucho peores. Quizás Zapatero espere que todos sus rivales comprendan, como han hecho ya sus compañeros de partido tras el nombramiento de sus ministros, que él es el único importante, que poco importan el debate y la discusión cuando sus ideas son solamente las únicas que importan, precisamente porque, en su particular universo, son solamente las únicas que existen.
Iván Gil MerinoIVÁN GIL MERINO es periodista y master en comunicación política y corporativa. Experto en opinión pública, constitucionalismo, libertad de expresión y tendencias de la Comunicación.
http://www.elimparcial.es/contenido/10175.html
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