jueves 10 de abril de 2008
España desvertebrada y parlamentarismo marrullero
Ismael Medina
A nuestro pensador Ortega y Gasset, uno de los referentes predilectos de mi generación universitaria, debemos “España invertebrada”, entre otras muchas lecciones que adquieren una actualidad inusitada transcurridos tres cuartos de siglo de su publicación. Me pregunto si España se vertebró en alguna medida tras la victoria nacional de 1939 o si vivimos durante los lustros siguientes la ilusión o la mera apariencia de su revertebración. No es este, sin embargo, el asunto a debatir hoy, sino la evidencia de su acelerada desvertebración, ratificada por la marrullera puesta en escena parlamentaria en la sesión de investidura de Rodríguez para su segundo ciclo presidencial. Me parece estúpido reducir la glosa de un debate parlamentario, por mucho que tenga de teatral, a quien estuvo mejor, si el candidato a presidente o el jefe de la oposición. Pero es lo que se lleva. Y habrá ganado uno u otro según sean las dependencias político-empresariales del comentarista o sus resentimientos personales. Tampoco me vale el aplausómetro de los diversos rebaños parlamentarios. Bailan al unísono cuando el rabadán de turno da la orden. A Rodríguez aplaudieron los suyos las vaciedades retóricas. Rajoy ofreció a su bancada la ocasión de aplaudir críticas consistentes. Los minoritarios debieron contentarse con las palmas circunspectas de sus escuálidos hatos. Y nadie a Rosa Díez, la única diputado de su partido, siendo la única que abordó las cuestiones fundamentales de la desvertebración, siendo ella la que debió cosechar, por eso mismo, el aplauso general del corralón parlamentario. No es toda esa parafernalia partitocrática lo que de verdad interesa, sino los contenidos. Y lo que éstos esconden de pactos tras de las bambalinas de la representación. Pero antes de abordar lo que, a mi parecer, vresalmente importa, considero oportuno anotar otros dos datos significativos de la función. EL ESPECTÁCULO SE MONTÓ PARA CONDICIONAR A RAJOY PEPONE BONO, al que llamé el pastelero de Toledo, y navajero de Albacete en “El Correo Conquense”, al que asfixió económicamente hasta cerrarlo, no cree en nada de lo que alardea, salvo en sí mismo y en su bolsillo. No sé si su maestro, Tierno Galván, lo introdujo en la masonería como a tantos otros alumnos de su academia de preparación para cuerpos de élite de la Administración y protegidos, aunque lo suyo es vivaquear en cualesquiera sombrajos que le proporcionen lustre mediático y beneficios tangibles. Y pasteleando inició su andadura como presidente del Congreso, al que Rodríguez destinó aún antes de ganar las elecciones, para que le sirva, no le estorbe y siga la misma suerte política desu antecesor. Escondió el reloj reglamentario de las intervenciones sin advertirlo previamente. Una encerrona premeditada para Rajoy, de la que se beneficiaron holgadamente quienes le siguieron en la tribuna y estaban en el ajo. Llevaban preparados escritos que excedían con mucho de lo establecido. También TVE y las televisiones adictas participaron en el enjuague. TVI retransmitió íntegro en directo la intervención por la mañana de Rodríguez. Todas huyeron por la tarde y dejaron colgados a Rajoy y a los demás de TVE2. Los relegaron a una audiencia recortadísima de fervorosos y de quienes, como es mi caso, estamos atrapados por un prurito profesional que nos vacuna contra muchas horas de aburrimiento y de sandeces. Perdieron la verdadera entraña de la representación quienes no aguantaros impávidos de principio a fin. El cómputo final de votos negativos y de abstenciones engañosas puso de manifiesto el contenido de las negociaciones de abducción realizadas por Pepino Blanco con los abstencionistas de boquilla (CiU, PNV, BNG, CC y Nafarroa Bai)), de las que formaba parte la renuncia del PSOE a dos sillones junto a Bono a favor de CiU y PNV. Ercoreca (no tengo por qué asumir la ortografía del esperanto esuquérico) se valió de una metáfora, la del mus, para explicar las trapisondas de Rodríguez. Y de una verdad incontestable: que en materia política todo tiene un precio, el cual el P(SOE) ha de pagar por los votos que le faltan para sacar adelante sus proyectos, aunque sean mamonadas. Rodríguez lo negó sin perder la estúpida y estereotipada sonrisa tras la que encubre su vaciedad. Pero lo delataron y desmintieron sus réplicas a nacionalistas catalanes, vascos y gallegos. HACIA UNA ESPAÑA FEDERAL, PASO PREVIO A LA DESINTEGRACIÓN FINAL RODRIGUEZ dijo un día que la nación es discutida y discutible. Se refería a España, por supuesto. A la España federal o confederal que tiene comprometido crear con sus incitadores iluministas y como resultado también de retorno a la prehistoria del socialismo que se siente llamado a exhumar y recrear. Le apretaron catalanistas, vasquistas y galleguistas, tras exigir el pago ominoso de nuevas transferencias que dejarán al Estado en los huesos. Prometió satisfacerles en todas sus demandas soberanistas o estudiar las más hipotéticas, como el trasvase del Ródano, cuya última palabra no la tendrá el gobierno de una minusválida España, sino Francia, que no accedería gratis a la pretensión de la mafia política barcelonesa. Por tres, veces, o más, habló de federalismo, haciéndolo suyo. Eso sí, tras haber reiterado con voz campanuda su compromiso con la integridad de España. Miente como un bellaco sin que se le descomponga la sonrisa que, como la pintada del payaso tópico, encubre desolación. Jorge Pujol pronunció una conferencia sobre José Pla el día anterior a la puesta en escena de la comedia de la investidura. Alguien ha escrito de ella que fue la de un inteligente escéptico. Fue en realidad la de un cínico que disfruta con desconcertar al auditorio. Se pavoneó de conocer de antemano el discurso que había explayar Durán y Lérida en el Congreso de los Diputados. ¿Una cortesía al antiguo jefe? Una obligada aprobación por quien en la sombra mueve los hilos del nacionalismo catalán que se dice moderado. Dijo Pujol, y conviene subrayarlo, que “Cataluña es una nación dentro de un marco diverso de España” y que no es independentista. Y también que “son los socialistas, y es Montilla, los que hoy llevan más lejos la desafección con España”. Reconoció de manera implícita que Rodríguez debe un buen número de escaños a la demagogia centrifugadora y de la traición a España de sus ramales soberanistas y de él mismo. El portavoz de Convergencia y Unión fue fiel al guión de Pujol, al paripé de la abstención y a su aspiración personal de un ministerio en un futuro gobierno rodriguezco. De Asuntos Exteriores, a ser posible. APELACIONES A UNA CONSTITUCIÓN CONVERTIDA EN PAPEL MOJADO SE le llenó la boca a Rodríguez de apelaciones a la legalidad constitucional. Pero de la Constitución tiene Rodríguez un entendimiento parejo al de nación. Discutida, discutible. Y por supuesto, violable. Nació cojitranca , contrahecha, contradictoria y desmañada la Constitución de 1978, fruto más de ocasional apaño que del saludable consenso atribuido a quienes la parieron deforme. Pero a lo largo de sus treinta años de vigencia la han transgredido, retorcido y violado unos y otros hasta el hartazgo. Hasta convertirla en mero y ocasional recurso retórico para encubrir trapacerías. Y más que ninguno Rodríguez, su más recalcitrante violador. La Constitución de 1978 se ha convertido en algo así como el reclinatorio de la bisabuela que se cubre de polvo y telarañas en el desván, presa de la carcoma. REFORMAR LA JUSTICIA PARA SUBORDINARLA AL TOTALITARISMO DE PARTIDO TAMBIÉN Rodríguez prometió una reforma a fondo de la Justicia en su almibarado discurso inicial y en sus enconadas réplicas a Rajoy, cuyas bien dirigidas flechas debieron encabronarle. Pero la falsedad de sus argumentos iniciales también compareció en sus respuestas a las exigencias de los nacionalistas. No dio marcha atrás en el disparate de la territorialización de la Justicia. Tranquilizó a los separatistas con su perdurabilidad y perfeccionamiento. Lo que interesa a Rodríguez, y quedó lo bastante claro, excepto para los estómagos agradecidos, es el control totalitario de los órganos superiores de la Justicia y, asu través, del entero entramado judicial. Quiere un Tribunal Constitucional, un Consejo General del Poder Judicial, un Tribunal del Supremo, una Fiscalía del Estado y una Abogacía del Estado ocupados por los suyos y dados a su servicio. A su fraudulenta “legalidad”. Y no tardó en percibirse cuando, al día siguiente, el TC rechazó el recurso del PP contra la reforma promovida desde la Moncloa. Podrá admitirse que el recurso de los populares contenía errores de planteamiento. Pero resulta cuando menos chocante el apartamiento de los dos magistrados conservadores y no de los dos izquierdistas, pese a que las motivaciones de unas y otras recusaciones no diferían en sustancia. El rechazo del recurso, inmediatamente después de que la investidura de Rodríguez estuviera consolidada, confirmó la politización del TC , un mal de fondo que se arrastra desde sus inicios y que se agudiza cada vez que los socialistas acceden al poder. Ahora más que antes. SIGUE ABIERTA LA PUERTA PARA NEGOCIAR CON LOS TERRORISTAS RODRIGUEZ pasó como sobre ascuas el tema capital del terrorismo. No le convenía que se convirtiera en asunto prioritario de debate. Y por dos razones principales: no ha descartado proseguir su negociación con ETA; y no quiere inquietar a sus socios vasquistas, como tampoco desconcertar y encorajinar a sus socios de la Alianza de Civilizaciones. Y además, si como ha dictaminado el Tribunal de la Audiencia Nacional, fueron terroristas islámicos, sin otras colaboraciones, los autores de la matanza de los trenes, a ellos debió, en no poca medida, el triunfo electoral de 2004. Si Rodríguez persigue, como dijo, no dar tregua al terrorismo etarra hasta su liquidación, dispone de instrumentos para demostrarlo. Dos de ellos bastante sencillos: retornar al Pacto de las Libertades y contra el Terrorismo en su estructura original, en vez de reformarlo para dar entrada a los partidos que del terrorismo se benefician políticamente; y proponer al Congreso la anulación del acuerdo que que le autorizaba a proseguir las negociaciones. Pepino Blanco se anticipó a la huera ceremonia de la investidura con la memez de que el cambio de legislatura había invalidado el acuerdo de hecho. Todo lo legislado y pactado parlamentariamente mantiene su validez jurídica y política en tanto no se legisle o acuerde lo contrario de manera formal. Es evidente que a Rodríguez le conviene mantener abierta esa puerta para consagrarse como nuevo Príncipe de la Paz, aún a costa de España, una “nación discutida y discutible” y en derrumbe premeditado. LA SEGURIDAD PÚBLICA NO SE CONSIGUE CON SÓLO INCREMENTOS POLICIALES ¿Y que idea tiene Rodríguez de la Seguridad Pública? Para él parece reducirse el problema a los crímenes pasionales, de que son víctimas las mujeres. Prevalece la demagogia mujerista sobre esa otra criminalidad cuyas cifras son aún más abrumadoras e inquietantes. Cree, o dice creer, que el problema se resuelve con aumentar los efectivos de la Policía Nacional y de la Guardia Civil. Pero la experiencia enseña que la delincuencia, incluida la llamda eufémicamente “violencia de género”, ha crecido proporcionalmente al aumento de las plantillas policiales. Y que tampoco valen para amenguar la pasional la multiplicación de juzgados especiales, el alejamiento, actuar de inmediato sin contrastar previamente la veracidad de las denuncias u otras normas protectivas. La solución del problema de la seguridad pública no se resolverá mientras no se aborde un análisis serio del origen y aumento de unos u otros tipos de delincuencia y de las causas que coadyuvan a su proliferación, en tanto no se proceda a una revisión del Código Penal, falazmente permisivo, y una reforma en profundidad de la Justicia que la retorne a su independencia real de los poderes ejecutivo y legislativo. Y Rodríguez es refractario a cualesquiera medidas en esta dirección. Acaso esté persuadido, sea por sí o por quienes desde la sombra lo manejan, de que una sociedad con miedo es más fácilmente dominable. Y ese fue, sin duda, el meollo del nuevo Código Penal promulgado por el gobierno socialista de González. España dispone hoy de un voluminoso aparato de seguridad pública y privada, casi equivalente en su conjunto al de delincuentes reales y en potencia. Forman parte del mismo las policías autonómicas de Cataluña y Vascongadas, bajo la disciplina de los respectivos gobiernos secesionistas, y cuya colaboración leal con los cuerpos de seguridad del Estado están en entredicho. Sobre todo cuando se trata del terrorismo nacional-marxista y de agresiones de cualquier índole contra símbolos o manifestaciones de afirmación española o contrarios a la deriva nacionalista. Un Estado con autoridad, traducida en una adecuada legislación penal y en una rigurosa aplicación judicial, no precisa de un gran despliegue policial. Cohíbe la delincuencia y no necesita multiplicar y llenar las cárceles. Pero la autoridad es inexistente en un Estado débil y fragmentado. NO HAY VOLUNTAD DE CAMBIAR LA POLÍTICA DE INMIGRACIÓN TAMPOCO da Rodríguez da su brazo a torcer en materia de inmigración. Dispone de elementos de juicio más que suficientes para bajarse del burro de su versión idílica y hacerse responsable de los tremendos errores cometidos con su política de puertas abiertas, de legalizaciones masivas e indiscriminadas y de hacer caso omiso a las advertencias de sus socios europeos. Las medidas que anuncia son mera palabrería. Por España circulan más de un millón de ilegales, las repatriaciones son limitadas y es pura ensoñación pensar que la entrega de dinero a gobiernos corruptos contribuirá a mejorar el nivel de vida de sus míseros habitantes. Ni que osarán retornar a su países con regímenes tiránicos y en continuas guerras tribales los destinatarios de microcréditos para montar allí empresas familiares. Rajoy le ofreció durante la anterior legislatura su apoyo para medidas efectivas en la misma línea que las adoptadas en Francia y otros países europeos. La exigencia inexcusable de contratos de trabajo, entre otras. Rodríguez las ha repetido como un papagayo durante la ficción parlamentaria de investidura. Pero ni las puso ni las pondrá en práctica. Hay que leer entre líneas su perorata para confirmarlo. Puesto a mentir, pocos le ganan. MÁS DEMAGOGIA QUE SERIEDAD EN MATERIA DE POLÍTICA SOCIAL LA política social la presentó una vez más Rodríguez como eje fundamental de su propia ejecutoria gubernamental: ”No habrá recortes en derechos sociales; al contrario, seguiremos ampliando derechos y políticas sociales”. Confunde Rodríguez la política social, a lo que se ve, con regalos como los 400 eurosde devolución en el IRPF de los hacen declaraciones positivas en relación con su cuantía. Un beneficio para los que más perciben y sin efecto para las declaraciones de los que menos cobran. O mandangas electoralistas como la famosa Ley de Dependencia, cuya mayor carga financiera, además de su gestión, habrán de soportar los gobiernos taifales, con la consecuencia de incrementar su endeudamiento. Ha prometido aumentar hasta 800 u 850 euros el salario mínimo. Pero el salario mínimo, tal y como está concebido técnicamente, es una base de referencia para el incremento de los salarios y de las pensiones. E índice razonable para que a la hora de las negociaciones colectivas se exijan aumentos equiparables al del salario mínimo, además de al índice de precios. Las medidas sociales que postula Rodríguez, respaldadas mansamente por Solbes, son impracticables en tiempos de crisis económica como la actual, a menos de adelgazar los recursos públicos más de lo que están o aumentar la presión fiscal. Pero siempre con la consecuencia de mayores estímulos para la marea inflacionista, la cual mermará la ya degradada capacidad de consumo de la mayoría de los españoles. Pero Alicio sigue inmerso en su particular país de las maravillas. Lo evidenció en el debate con Rajoy sobre economía que consumió buena parte de su intervención. No necesito alargarme en detalles. Aparco otros temas que abundan en demérito del que será de nuevo presidente del gobierno de la España desvertebrada. Pero no me resisto a enunciar otros dos , sin duda relevantes. ESPAÑA NO CUENTA EN EUROPA Y RODRIGUEZ LA SUBORDINA A LA ONU Rodríguez dijo sin ruborizarse que España es una potencia europea, además de referente para sus otros miembros. Y que durante sus seis meses de presidencia contribuirá de manera resolutiva a fortalecerla. Parece haber olvidado la expresiva foto de Bucarest y que para nada lo tienen en cuenta Alemania, Francia y Gran Bretaña, el eje mandón de Europa. Tampoco otros muchos del bloque de los quince, anterior a las ampliaciones. Fantasías infantiloides que chocan rudamente con la realidad. Y por último, una declaración esclarecedora. Me refiero a su fidelidad a la ONU, el faro que guía su ejecutoria en política exterior, sobre todo. Viene a cuento para mejor valorar esa subordinación la confidencia que Rodolfo Llopis hizo a Jesús Barros de Lis, un gran amigo e íntegro demócrata que se nos fue prematuramente, ya alejado del bodrio en que había degenerado la democratización postfranquista. Le dijo que para ser secretario general de la ONU el candidato debía reunir dos condiciones inexcusables: ser masón y socialdemócrata. Y homosexual o bisexual a ser posible, parece que añadió con picardía. Que cumplieran el requisito de homosexualidad, además de los otros, ha habido al menos tres inequívocos. Rodríguez ha reconocido, en definitiva, que somos un apéndice sumiso de la secretaría general de la ONU. Así se explican sus desvaríos respecto de España, Europa o la Alianza Atlántica. Y el meollo de la Alianza de Civilizaciones. HAY QUE AMARRAR MUY BIEN LOS PACTOS CON TAHURES POLITICOS Rodríguez ha pretendido encapsular de nuevo a Rajoy con falsas apelaciones a la moderación y la oferta de pactos de Estado. Pero Rajoy supo salir de la encerrona. Pactos de Estado sobre cuestiones vitales de España, sí. Pero con transparencia y condiciones rigurosas. Y aún así será siempre aventurado pactar con un empedernido truhán político para el que España es una entidad histórica a desvertebrar, la Constitución papel mojado, la democracia un territorio a ocupar totalitariamente y el parlamento campo para la marrullería.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4553
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