viernes, abril 11, 2008

German Yanke, ¿Que puede hacer Rajoy?

viernes 11 de abril de 2008
¿Qué puede hacer Rajoy?

POR GERMÁN YANKE
Por muy convencido que estuviese el presidente del PP de que iba a ganar las elecciones, ni a él se le ocultaba que había en su propio partido quienes esperaban que las perdiese para iniciar el proceso que, como se sabe, sus promotores conciben más como de sustitución que de mera sucesión. El triunfo en los comicios municipales de mayo del pasado año, en las que la derecha obtuvo más votos que el Partido Socialista, ya fue valorado por estos mismos, naturalmente en privado, de modo ambivalente: se había ganado, sí, pero el resultado avalaba a Mariano Rajoy, al que consideraban un candidato perdedor para obtener el poder. Como en la anécdota del joven miembro de los Comunes que se sienta en la primera fila de la cámara junto al jefe de grupo y comenta que no pensaba que, enfrente, los enemigos estuvieran tan cerca, Rajoy podría responder como este último: «No, amigo, esos son nuestros adversarios; los enemigos están aquí, detrás de nosotros».
Las elecciones fueron un fracaso para el PP que, ante un PSOE que le merecía la peor consideración, no logró en el centro -por mucho que los análisis populares traten de anestesiar la realidad- los votos necesarios para dar un vuelco al resultado. La insistencia del candidato derrotado en que se habían conseguido más votos, más porcentaje y esa cifra que repite (más de diez millones de votos) no cambia las cosas aunque sirve para negar que, entre los votantes del PP, exista un movimiento anti-Rajoy como se ha despertado en el seno del partido. Es decir, en la situación actual de la derecha la posibilidad de relevo no está en algún descontento (o descontenta), sino en quien pueda aglutinar el partido, mejorar en su caso el equipo y ofrecer mayores probabilidades de éxito en las urnas.
Ganar es, sin duda, objetivo fundamental de un partido político y seguramente porque no ven claro que ahora pueda formularse una sucesión mejor, los llamados «barones» del PP, aunque evidentemente no todos, se colocaron detrás de Rajoy e incluso, según apuntan algunos, impidieron que considerase arrojar la toalla. Rajoy ha desconcertado, de todos modos, con el primer intento de consolidar su equipo en la dirección del grupo parlamentario y, en ese escenario turbado, se han vivido episodios sorprendentes. El amago de Esperanza Aguirre cuando el presidente del PP se tenía que medir con Rodríguez Zapatero y, sobre todo, el empeño de las legiones de la presidenta madrileña en crear en medio de la sesión parlamentaria una sensación de provisionalidad constituyen, además de la deslealtad, una prueba de que la discusión, a un lado la retórica, no es sobre el discurso, sino sobre la velocidad y la dirección de distintas estrategias.
Es bueno que un gran partido como el PP dé curso al debate interno. Los rumores sobre los apoyos de los compromisarios para poder ser candidato (o candidata) en el próximo congreso de junio son reflejo de una cortedad de miras porque los avales para que la discusión sea posible no tienen que condicionar el apoyo posterior sino ser la base para que el debate exista. Pero este debe ser sobre proyectos y discursos. Rajoy cuenta por el momento con apoyos generalizados que algunos, para devaluarlos, tachan de circunstanciales en función del momento de convulsiones que padece la derecha, pero en política, afortunadamente, todo es circunstancial. Pero si su objetivo no es sólo seguir siendo presidente del PP, sino la consolidación de una alternativa seria al socialismo, tiene que tratar de superar la circunstancia, incluso la que internamente le es favorable.
De un lado, en el primer traspiés, ha tenido que aprender la lección de la importancia de un equipo poderoso que no tiene que ser el suyo, el de sus amigos (por valiosos que sean), sino el que aporte seriamente la visibilidad de un proyecto. Los apoyos no deberían ser avales sino aportaciones. Y ahí está el gran reto de Rajoy, porque es el gran reto de la derecha en esta legislatura en la que la confrontación de ideas tiene que sobreponerse a la vaciedad de la crispación. Si el PP ha perdido es porque no ha dado con el discurso adecuado para ganar la batalla del centro y su problema no han sido las hipotéticas trampas ideológicas del PSOE, sino las propias, las que le han tendido intelectualmente muchos de los comentaristas que el propio PP ha financiado. La actitud ante la investigación del 11-M, por lo que tiene de rabieta nada razonable y de muestra de las heridas de la impotencia, es un ejemplo paradigmático. Aunque sólo sea por las «circunstancias» en las que se halla, Rajoy debería pensar en ello.

http://www.abc.es/20080411/opinion-firmas/puede-hacer-rajoy_200804110248.html

No hay comentarios: