martes, abril 08, 2008

German Yanke, El arrojo de Aguirre

martes 8 de abril de 2008
El arrojo de Aguirre
Germán Yanke
En lo que Esperanza Aguirre gana a Ruiz-Gallardón es en arrojo. La insistencia del alcalde en querer estar en la lista electoral de Rajoy en Madrid se quedó en nada con la contraoferta de la presidenta autonómica de dimitir de su cargo y sumarse también a la lista. Los rumores acerca de lo que Alberto Ruiz-Gallardón podría hacer después de la derrota electoral del PP, incluso su llamada a retomar el sempiterno viaje al centro, han quedado arrumbados ahora por la posibilidad de que Esperanza Aguirre encabece una lista alternativa al actual presidente del partido, no negada cuando dice que ya se verá y cuando se añade, como único compromiso real, comunicárselo a Mariano Rajoy antes que a otros.
El arrojo, en ocasiones, es una virtud política pero, en muchas otras, puede ser un inconveniente. Si se coincide tanto en que el problema de Ruiz-Gallardón —el político del PP mejor valorado en las encuestas— es haber descuidado los apoyos internos en su partido, que son el sustento de las posiciones preponderantes en el mismo, llama la atención el momento elegido por Esperanza Aguirre para tan interesante amago estratégico. Hoy martes comienza la sesión de investidura en el Congreso y, al margen de los problemas internos, se trata de una sesión parlamentaria importantísima para Rajoy, en la que se espera visualizar el tono de la oposición en esta legislatura, el tono y las líneas generales de su acción política, ya sea en el campo de los posibles consensos como en el de los evidentes disensos. Por eso, y por el efecto que pueda tener en muchos dirigentes del PP, llama la atención que toda la marabunta en torno a Aguirre se organice precisamente en las vísperas de ese debate, ya que coloca a Mariano Rajoy, además de derrotado en las urnas y cuestionado por una parte de su partido por sus más recientes decisiones, en una situación —teórica pero lacerante— de provisionalidad.
En parecido sentido, sorprende también, desde el punto de vista estratégico, que el arrojo de Esperanza Aguirre no la haya conducido, para sus ambiciones políticas, por la vía de intentar terminar siendo la resultante de una suma de voluntades de sustitución, en vez de, como parece, un banderín al que otros, detrás, son invitados a engancharse. Como Ruiz-Gallardón, Aguirre necesita el partido y su carrera política no son unas oposiciones ni un concurso organizado por un grupo de medios de comunicación afines. Y, en estos momentos de desconcierto, me temo que el arrojo produce más recelos que esperanzas. Y, lo que es peor, más enfados que entusiasmo en un grupo de dirigentes que, estén más o menos descontentos, prefieren tanto la calma como una participación directa en el hipotético nuevo proyecto de la derecha.
El arrojo, peligroso o no, precisaría, además, un paso adelante desde el punto de vista intelectual. Si Esperanza Aguirre piensa, como dice, que el problema del PP en estas últimas elecciones es haber caído en trampas ideológicas del PSOE como la ley de matrimonios homosexuales o la ley de la memoria histórica, se queda, a mi juicio, muy lejos de la realidad. La verdadera trampa en la que se ha sumido ha sido la de un discurso propiciado por comentaristas e ideólogos aparentemente próximos al PP y, desde luego, patrocinados por ella misma y sus dirigentes cercanos. Quiere que su consejero Granados siga diciendo las mismas cosas, pero es uno de los que han estado en esa pasmosa pomada. Para la renovación es preciso, por tanto, un nuevo discurso, que no un nuevo ideario, que se desembarace de miedos y secuestros intelectuales.
Tiene arrojo, no hay duda, y virtudes políticas, pero la presidenta de Madrid debería mirar a su alrededor al menos al mismo tiempo que al frente.

http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=08/04/2008&name=german

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