viernes, abril 11, 2008

Garcia Brera, Escupitajos

viernes 11 de abril de 2008
Escupitajos
Miguel Ángel García Brera
A NOCHE, harto ya de tanta demagogia como llevaba escuchando a tirios y a troyanos, aterrice en un programa de televisión que consiste en que alguien se somete a las preguntas de una presentadora, conectada a una voz que señala si el entrevistado dice la verdad, cosa que se premia con unos euros, hasta llegar a no se cuantos miles, si se es capaz de responder verazmente a todo el cuestionario. En el camino, las preguntas van subiendo de tono, hasta entrar en los más recónditos lugares de la intimidad y del pensamiento sobre familiares y amigos. Algunos acompañan al escudriñado concursante, e, incluso, tienen el derecho, por una sola vez, de pulsar un timbre para anular una pregunta. Lo cual tiene su miga, pues hay quien lo que impide es que se responda a algo sobre lo que tiene duda de que el concursante se atreva a responderlo verazmente, o no desea que lo haga. Por ejemplo, si a un traficante de drogas – pongamos el caso – en el concurso se le preguntara si trafica, o si a una esposa, que su marido prostituye, se le interrogara sobre su fidelidad. Entre las preguntas que he escuchado, ha habido, esta, dirigida a una mujer casada: “¿Ha cogido Vd. cosas de su empresa?”, “¿Se ha acostado Vd. con varios compañeros de trabajo?”. También, a un hombre casado: “¿Pensaba en otra mujer cuando ha hecho el amor con su esposa?”. En los tres casos se respondió sí, y las respuestas fueron tenidas por veraces; pero en el caso del hombre, su esposa, presente, se apresuró a añadir, como para dejar bien a su “chico”: “¡Y yo también en otro hombre!”. Supongo que la voz que informa de la veracidad o mentira, vendrá de una máquina de la verdad, pero, como he cogido el programa, en un acceso de zaping, ni lo he visto comenzar ni tenía noticia del mismo. Llegamos así a dar otro paso más en la tuerca que atenaza los valores y entramos en la épica del dinero como becerro sagrado que lo preside todo. En el caso del casado fantasioso, incluso llegué a escuchar que la ganancia que pretendía era para pagar la Comunión de su hija. O sea que, sin el menor pudor, se mezcla por algunos una confesión laica, vergonzante, con el más santo de los Sacramentos y, tal vez, ya que se empieza a hablar de Primeras Comuniones Civiles, se lleve a los niños a televisión para someterse a este tipo de confesiones públicas, en sustitución de la que constituye otro Sacramento para los católicos. En fin, de algún modo hay que enfrentarse a la crisis económica que tantos disgustos nos va a dar. Acostumbrados a cobrar por los pisos lo que nos viniera en gana, o a incrementar, en los restaurantes, los precios del agua envasada o de los vinos, en cantidades astronómicas, llega ahora la rebaja a la hora de pagar hipotecas de mayor cantidad que lo que el piso vale, o de reencontrar a una clientela que ha descendido en la mitad porque se hartó de comer en casa ajena a precios desorbitados para unos huevos estrellados, por mucha fama que se tenga, o para cuatro hierbajos o esencias de pitiminí, dispuestas en el plato con estilo de moderno y pictórico minibodegón, pero insuficientes para atender un apetito normal. Si los pisos, según se dice, han bajado el 20%, los restaurantes, incluso los de lujo, acabo de leer, que ya dan menús a precios más razonables y cada cual, en su profesión o comercio, recupera un poco la ecuación calidad- precio, la crisis será menos dura, incluso sin tener que recurrir a ir a contar nuestras miserias a la tele. Aunque no se yo, para quienes serán razonables esos menús que se destacan hoy, en un diario, como promoción, pero que valen entre 19 y 75 euros, más IVA, y sin bebidas. Bueno es que los restauradores, que habían llegado a plantearse cobrar hasta el agua del grifo viendo que sus elevados precios no asustaban, tengan ahora que bajar un poco a la realidad y moderar sus ganancias. Pero si traigo la restauración a comentario es por que, entre los concursantes a que me venía refiriendo, se preguntó a una señora si, en el restaurante donde había trabajado, escupió alguna vez en la comida de un cliente por venganza, a lo que la individua contestó afirmativamente, y la voz en “off” dijo que era cierto. ¡Toma, y encima lo haría cuando no había menús de crisis y al comensal de turno le pudo costar el “pato al escupitajo” o la “carne de aligator al aceite de escupitajo femenino” un montón de pasta, no italiana, sino de esa que se llama también oro! Una pasta que es tradicional reserva de los Estados solventes y que, en España, fue objeto de expolio por el Gobierno de la República, entregando una parte a Rusia y gastando otra sus dirigentes exiliados en México. Ahora, cuando España había conseguido tener nuevas reservas, el Banco de España ha bajado su posesión en varias toneladas porque sus gestores, o el Gobierno, en una hazaña imprudente, -que no se por qué no tiene tanta pena como la del juez que, por inacción, deja escapar a un preso-, vendieron muchos kilos, que consideraban sobrantes hace meses, a un precio ridículo, con millonarias perdidas para el Estado, dado el valor que el oro ha alcanzado, según se veía venir por los expertos.

http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4554

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