martes 8 de abril de 2008
Editoriales
FIN DE LA HUELGA DE JUSTICIA
La huelga de funcionarios de Justicia acabó el domingo con una reunión intempestiva entre los representantes sindicales y el ministro de Justicia, Fernando Bermejo, que, a juzgar por sus resultados, podría haberse realizado mucho antes, pues a pesar de su reticencia inicial a inmiscuirse en un conflicto al que no parecía darle importancia, Bermejo acabó aceptando, casi al pie de la letra, todas las exigencias de los funcionarios, dando la impresión de que tenía tal prisa por cerrar este incómodo asunto antes de la investidura presidencial, que se dejó el criterio en casa.
Sin entrar en las motivaciones que han llevado a los funcionarios de Justicia a la huelga, perfectamente lógicas, lo cierto es que la forma en que se ha solucionado el conflicto lanza un peligroso mensaje a la sociedad. El salario de los trabajadores públicos no debería resolverse a fuerza de huelga y protestas sino a través de convenios dialogados, evitándose las soluciones apresuradas y poco razonadas como la tomada en esta ocasión. El impacto social de una huelga del funcionariado es enorme y por ello resulta peligroso que se lance el mensaje de que ante cualquier presión, el Estado acabará cediendo. Y es que vistos los resultados, nos enfrentamos a una más que probable oleada de protestas de muchos sectores de la Administración Pública, que pueden ver la oportunidad de hacer lo propio.
Una vez solucionado el problema es de esperar que los 190 euros de más que cobrarán los funcionarios de Justicia a final de mes les inciten a poner mayor celo en su trabajo. La eficiencia de la Justicia ha quedado en entre dicho en las últimas semanas con casos tan flagrantes como el de Mari Luz, por lo que se debería exigir que este aumento salarial se vea correspondido con un aumento proporcional del compromiso de los trabajadores con la Justicia, uno de los pilares básicos de nuestro Estado de Derecho.
LIBERALIZACIÓN DE LOS COMERCIOS EN MADRID
La Comunidad de Madrid está trabajando en el borrador de la Ley de la Modernización del Comercio Regional. El proyecto prevé, entre otras cosas, permitir a los comercios madrileños abrir a la hora que deseen y los días que quieran, incluyendo todos los festivos. Además, también busca agilizar los trámites necesarios para poner en marcha un negocio eliminando lo que se conoce como la segunda licencia, es decir, el permiso que ha de otorgar la Comunidad de Madrid tras el que conceden los ayuntamientos.
Las voces que se alzan alertando del peligro que esta ley supone para el pequeño comercio exageran en su visión apocalíptica y se equivocan. Es un hecho innegable que las grandes cadenas suponen una amenaza clara para negocios con menos medios. Pero también lo es que la competitividad sana y libre es el motor fundamental de una economía. Desde 1860, las medidas liberalizadoras han sido las que han impulsado el progreso e España, mientras que las intervencionistas no han hecho sino ralentizarlo.
Los pequeños comercios deben adaptarse al nuevo escenario ofertando alicientes que no pueden ofrecer las grandes superficies. El trato personalizado o los productos especializados, por poner dos ejemplos, son armas contra las que no pueden luchar las grandes superficies. Hay muchas personas que están dispuestas a pagar un poco más por disfrutar de un mejor servicio y calidad. Es en este público en el que han de centrarse los pequeños negocios. Además, también hay que tener en cuenta que el ritmo de vida actual impide a muchos consumidores hacer sus compras en los horarios tradicionales ya que estos coinciden con los laborales. Resulta lógico que las leyes se adapten a los nuevos tiempos. La única economía verdaderamente democrática es la que está a favor de los consumidores.
La Ley de Modernización es, en términos generales, una medida excelente que ayudará a fomentar la competencia y a adaptar la oferta a las necesidades y demandas de los ciudadanos. Eso sin contar que creará nuevos puestos de trabajo y que, al fin y al cabo, es el modelo de comercio que se ha impuesto en todas partes. Hay que felicitar a Esperanza Aguirre porque a través de las medidas liberalizadoras que está poniendo en marcha en la Comunidad de Madrid ha conseguido que esta región se sitúe en un dinamismo excelente que la ha convertido en lo que antes era Cataluña. Mientras esta comunidad se ahoga en disquisiciones anacrónicas acerca de "nacionalidades" y cuestiones de la misma índole, la Comunidad de Madrid se enriquece gracias a un ejercicio constante de política real y útil.
PEKÍN 2008
A la llama olímpica le espera un camino muy accidentado en su carrera hasta Pekín. El domingo veíamos como, en Londres, varios activistas trataban de sofocar el fuego por medio de extintores como protesta ante la ausencia de derechos humanos en China y la situación en Tíbet. Y ayer, en París, el pebetero hubo de ser apagado e introducido en un autobús como medida de seguridad para evitar el boicot.
A nadie le agrada que en la segunda potencia económica mundial sigan sin respetarse los derechos humanos y continúe instalado un régimen antidemocrático. Es, por ello, comprensible el malestar que se ha extendido en algunas capas de la sociedad occidental y, hasta cierto punto, son respetables las protestas contra la elección de Pekín como sede olímpica.
No obstante, no está tan claro que el boicot a los Juegos Olímpicos sea el mejor vehículo para llevar las libertades al país asiático, ni que la solución al problema del Tíbet pase por aislar a China en los eventos internacionales. Sobre todo, porque los únicos que pagarían las consecuencias que de ello se derivasen serían los propios habitantes chinos, que ya bastante tienen con lo suyo. Si cabe pensar, por el contrario, que la experiencia olímpica, tal como señala el ex presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch, servirá para iniciar una apertura política en China. Integrar a los países que aún se encuentran fuera del juego democrático dentro de las instituciones y organizaciones internacionales es el mejor método para fomentar su acercamiento progresivo a las libertades y conseguir que abracen nuestros valores. En cambio, condenar al ostracismo a los regímenes antidemocráticos no servirá sino para perpetuarlos e impedir un desarrollo económico que suele venir de la mano de la democracia. Además, a estas alturas, tratar de marginar a un gigante como China, es tarea imposible.
Por este motivo, Pekín 2008 debería significar un motivo de celebración para todos los demócratas y tomarse como una puerta abierta a la esperanza. Con una producción económica apabullante, una población mundial multimillonaria y, ahora también, un centro del deporte y la cultura internacional; China y el férreo régimen comunista están condenados a la apertura política.
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martes, abril 08, 2008
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