jueves, abril 03, 2008

Lecciones de la OTAN en Afganistan

jueves 3 de abril de 2008
Lecciones de la OTAN en Afganistán
LA Alianza Atlántica celebra en Bucarest la reunión más numerosa de su historia, prueba indudable de su relevancia en el escenario internacional. Sometida a una dura prueba en la misión que lleva a cabo en Afganistán (ISAF), sus aliados buscan respuestas a los principales problemas que encuentran en un conflicto en el que están en juego el futuro de la organización y la seguridad de las sociedades occidentales. La tarea no es fácil, pero, precisamente por eso, resulta necesario que todos los socios de la Alianza cumplan con sus obligaciones en estos momentos cruciales. Lo peor que podría suceder es que en el seno de OTAN sus miembros se dividieran entre quienes están dispuestos a asumir las responsabilidades y las tareas propias de una organización militar y los que solamente contemplan un apoyo matizado a los primeros. En el caso de Afganistán, sería dramático que se estableciese un círculo de países que aceptan que sus militares tomen parte en misiones de combate y aquellos que, en cambio, ordenan a los suyos abstenerse de toda confrontación. Una alianza militar como la OTAN presupone que todos sus socios están siempre decididos a actuar colectivamente y a compartir los esfuerzos y los riesgos en el objetivo de la seguridad común.
En esa situación, Estados Unidos podría llegar a establecer de forma progresiva relaciones especiales con aquellos aliados con los que soporta los mayores costes de la operación en Afganistán y, como consecuencia, iría perdiendo interés en la asociación estratégica con el resto. Una OTAN de doble velocidad no le conviene a nadie, y aún menos a España, que está en la Alianza Atlántica precisamente para saberse respaldada por toda la organización militar más poderosa del mundo. En este aspecto, el Gobierno socialista mantiene una posición reticente y retraída en Afganistán, que no concuerda muy bien con el persistente interés de Zapatero para ser visto a toda costa en actitud amistosa al lado del presidente norteamericano.
Otra consecuencia de esta situación es que Washington alente el ingreso de nuevos países en la OTAN -cualquiera que sea su situación política- para sumar todos los efectivos posibles. Si siguen las penurias de las tropas aliadas en Afganistán porque los actuales veintiséis países miembros no pueden o no quieren aumentarlas, las ofertas que puedan venir de los candidatos balcánicos -Croacia, Albania o la antigua república de Macedonia- o incluso de la turbulenta Georgia o la inestable Ucrania suenan muy bien para los oídos de los estrategas de la ISAF. Sin embargo, la OTAN es mucho más que una simple coordinación militar: desde su fundación ha sido el estandarte de la defensa de la democracia y la libertad, valores que no pueden pasar a un segundo plano en nombre del pragmatismo. Por garantizar el éxito militar en Afganistán estaríamos comprometiendo la estabilidad y el progreso democrático en Europa del Este.

http://www.abc.es/20080403/opinion-editorial/lecciones-otan-afganistan_200804030331.html

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