jueves, abril 17, 2008

Felix Arbolí, Miscelaneas y astenias primaverales

jueves 17 de abril de 2008
Misceláneas y astenias primaverales
Félix Arbolí
L A vida es compleja y al mismo tiempo, excesivamente rutinaria. Parece que todos estamos sometidos a una especie de balanza donde alternan en parecidas proporciones los acontecimientos agradables y aquellos que nos resultan hasta enojosos el simple hecho de recordarlos. El refranero castellano, con esa evidente razón que tiene la sabiduría popular no aprendida en los libros, sino en los avatares de la vida que es la mejor universidad, dice que “Después de la tempestad viene la calma” o el no menos popularizado de “No hay mal que cien años dure”, como queriéndonos dar a entender que tras un periodo de dolores y angustias, ha de venir otro de bonanza y alegrías. Nuestra existencia, tenemos que reconocerlo, se encuentra sometida a un balanceo constante desde sus inicios hasta su final en una alternancia que nadie puede alterar. En la cosmología de la antigua China llaman a esta dualidad el “ying” o principio activo masculino y el “Yang”, o su oponente femenino. . Pero ese contraste es el que nos aporta la fuerza necesaria para soportar cuando la desgracia parece haberse cebado en nuestra vida, con la esperanza de que ha de sucederle un periodo de venturas que nos pueda compensar de tan funesta realidad. Si no, sería del todo imposible superar los traumas y tragedias que a veces parecen haberse “encariñado” excesivamente de nosotros. Toda nuestra vida está supeditada a la creencia de que ha de venir un cambio a mejor, cuando el presente se nos ofrece oscuro y trágico. El optimismo es la mejor terapia para vencer el desaliento y la astenia. Hasta hemos intentado quitarle su lado siniestro a la muerte y la consideramos no como el final de todo, sino como el intrigante principio de una vida mejor que durará eternamente o esa “nada ateísta” que tampoco supone un trauma. El invierno pasa con toda su carga de inclemencias y deja su lugar a la florida y alegre primavera y a ésta le sucede el verano que es una especie de superación de la anterior con sus cielos más azules, su sol más intenso y su paisaje más policromo y a continuación rompe ese encanto el melancólico otoño de atardeceres ocres y lluviosos, caídas de hojas y nostálgicos estados de ánimo, como preludio de un nuevo inicio tormentoso y desapacible en esta gira incesante de alternancias climatológicas. . En la India, nace una niña con dos cabezas y los padres no quieren operarla porque lo consideran un signo de buena suerte, un rasgo característico de la divinidad. En cualquier otro lugar, el suceso produciría una pena inmensa a los desafortunados padres e intentarían por todos los medios corregir ese defecto de la Naturaleza. Para unos es alegría, para otros es tragedia. (“Yin” y “Yang”). Al final será la pobre cría quien sufra la equivocada superstición de sus padres el resto de sus días o puede que ese terrible defecto de nacimiento se convierta en un continuo rosario de bendiciones y favores debido precisamente a esa absurda creencia. Aunque si es difícil mantener equilibrada una cabeza, debe ser tremendamente complicado hacerlo con dos. La prensa de estos días resalta con enorme relieve el inusual momento en que una joven mujer embarazada, luciendo esa hermosa y bendita circunstancia de su próxima maternidad, reviste unas tropas en perfecta formación, intentando superar el balanceo de eso peso sobre sus débiles piernas, con la superación que ha de infundirle tener que llevar el paso recio y marcial que ha de tener un jefe militar en tan solemne ceremonia. Los comentarios favorables y desfavorables a ese nombramiento, no por ser mujer, sino por su estado próximo a parir, han sido de todos los gustos y colores. No pongo en dudas la capacidad de esta joven señora para desempeñar tan alto y difícil cargo, ya que siempre he dicho que el matriarcado ofrece mayores garantías de eficacia en el gobierno que el habitual patriarcado, pero si veo un posible inconveniente en que con el parto, la lactancia y los demás cuidos maternales que requiere un recién nacido, nuestros militares tengan que someterse a una suplencia de meses en los inicios de su mando que no era ni necesaria, ni aconsejable. A menos que presida la cúpula militar dándole de mamar a su hijo y rogándole al JEMAD, por ser el más cercano, que le eche los polvos de talco al bebé mientras firma el decreto correspondiente. Había otras mujeres, ministras actuales, que sin el “bombo de la suerte”, hubiesen podido desempeñar admirablemente ese cometido sin problemas. Yo le llamo a esto “rizar el rizo”, ni necesidad. ¿Era la única existente en el PSOE capaz de desempeñar tan complicado cargo en contraste con los quehaceres y obligaciones de una reciente maternidad?. Cuando muere una persona, si es alguien destacado en alguna faceta importante, siempre pienso que es una verdadera lástima que esa cualidad desaparezca con él. Me gustaría que Dios, preservara esos méritos de su desaparición tras la muerte. Me dirán que siempre existen grabaciones, pinturas, libros y edificios que recordarán a su autor más allá de sus límites vitales. Si y no. A mi entender, no es lo mismo. Admiramos su obra y nos deleitamos con ella, pero precisamente por eso, echamos de menos a su protagonista y lloramos su pérdida porque sabemos que no volverá a sorprendernos con nuevas genialidades, aunque sepamos que podremos recordarle cada vez que admiremos algunas de sus creaciones. Aquí la balanza parece más desnivelada de lo deseado y esperado, ya que aunque la obra haga inmortal a su autor, nunca podrá suplantarlo. No siempre ha de quedar la partida en tabla. Vivimos en una continua zozobra e inquietud temiéndonos lo peor y esperando el milagro al mismo tiempo. Vemos desaparecer de nuestro entorno a personas que han formado parte muy importante en nuestras vidas y el mundo parece hundirse a nuestros pies de forma irremediable. Es una sensación como si cada muerte de un ser querido se llevara consigo una porción de nuestra propia esencia. Siempre me sorprende y emociona recordar aquella tremenda frase que ignoro donde la leí y quien es su acertado autor “ Muchas veces desconoce el sepulturero que en ese ataúd está enterrando a dos corazones” . Es la realidad más profunda que he podido conocer sobre la naturaleza y la fuerza del auténtico amor. Sin embargo, a pesar de que el mundo se nos hunda, la ilusión se nos apague y hasta el deseo de vivir parezca abandonarnos, no desaparece esa fuerza capaz de serenar nuestro estado de ánimo buscando otras compensaciones que nos permitan mirar el presente y esperar al futuro confiados en que siempre ocurrirá algo que nos haga esperar el milagro de un nuevo amanecer sin nubarrones. . Estoy viviendo momentos muy tensos y desagradables. Cuando pienso en las turbulencias que azotan mis días y mortifican mis noches, parece que voy cayendo en picado sin que haya paracaídas capaz de sostenerme. Pero rápidamente me pongo a pensar en las muchas cosas hermosas que debo a la vida. Y eso me hace gozar y valorar cada detalle por muy insignificante que parezca. Esas pequeñeces que nos acompañan a diario y no solemos apreciar debidamente porque nos empeñamos en empresas más arduas y difíciles buscando una supervivencia que tenemos y sabemos de antemano perdida. Decía Parl S. Buck que “muchas personas pierden las pequeñas alegrías, esperando alcanzar inutilmente la gran felicidad”. La verdadera cara de la muerte, su triste o alegre realidad, es algo que solo conoce el que se enfrenta directamente a ella, libre de ataduras corpóreas. A veces, cuando nos enteramos de la desaparición de un familiar o amigo nos duele su tragedia y le recordamos con pesar. No nos detenemos a pensar que no es el muerto el perjudicado en este lance, sino los vivos que le quisieron y lloran su ausencia indefinida. El muerto, como solemos decir, ya ni sufre, ni padece. Yo me he hecho el propósito de considerar a la muerte como una liberación y un descanso que nos ha de llegar de manera inevitable y no tiene por qué ser traumático y aterrador. No es que la desee, que ése es otro cantar, sino que no la temo porque la he tenido muy cerca, he llegado casi a pasar al otro lado y he comprobado que no es ni tétrica, ni dolorosa, ni supone violencia alguna. Todo lo contrario es una sensación desconocida de paz y amor que nos domina por completo y nos hace recorrer ese túnel oscuro con una acelerada energía para llegar cuanto antes a esa luz resplandeciente, que nos atrae de una manera suave y sugestiva para integrarnos plenamente en ella. En realidad, amamos la vida por lo que tenemos en ella y cuanto más tengamos más temeremos a la muerte. Por eso los santos y seres privilegiados, los que buscan satisfacer las necesidades del espíritu, se liberan del apego a todo lo material. El viaje es más liviano si lo hacemos escaso de equipaje y la despedida menos penosa si no dejamos nada a nuestras espaldas. En un año he perdido a mi suegra, mis dos cuñados. (marido de mi hermana y hermano de mi mujer), al único tío que me quedaba, el hermano más pequeño de mi padre, último eslabón de una generación con él desaparecida, que ha dejado su primacía a la mía. Hasta tengo un hermano con cáncer de pulmón. Como ven no me pierdo ninguna. Cualquiera diría que soy un pésimo compañero de aventuras o tertulias con tales y recientes dramas, sin embargo aprovecho cualquier circunstancia para sonreír y sacar partido de los numerosos incentivos que se me ofrecen y doy gracias a Dios por las numerosas muestras de su bondad y misericordia recibidas a lo largo de cada jornada. “Cuando sientas que tienes razones para llorar, demuestra que tienes muchas más para reír”, escribe un autor anónimo.

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