lunes 7 de abril de 2008
La tremenda soledad de un político español
Félix Arbolí
C REO que una de las imágenes más tristes e impactantes que podemos contemplar es la de la soledad de un ser humano. No hay nada que pueda superar el trauma de una persona que se encuentra sola, se siente sola y se ve sola, y perdonen la redundancia. Debe ser angustioso y apabullante, aunque en la mayoría de los casos los que deberían sentirse aislados y soportar esas sensaciones serían los autores de ese afrentoso abandono, si éste se realiza con premeditación, alevosía y evidente falta de tacto y diplomacia. Aunque ya sabemos que donde no hay buenos principios, no se deben esperar correctos finales. Nunca he sido socialista, ni creo que a mi edad pueda cambiar de manera de pensar políticamente. Lo cual no quiere decir que no respete y comprenda al que siente ese ideal honestamente y lo acepte sin el menor prejuicio. Tampoco encuentro motivos para un posible cambio, ni olvido pasajes del pasado, porque la “memoria histórica” no es patrimonio exclusivo de un señor determinado sino de todo un pueblo, aunque algunos pensemos que es mejor y más sano perdonar y pasar página que retroceder a años y episodios que deberían figurar solamente en la Historia. La confrontación, aunque sea en una simple partida de mus no es recomendable. Tampoco soy “zapaterista”, aunque ello no signifique que tenga que ver en todo momento a este señor como representación diabólica, sin otorgarle algún detalle positivo que pueda interceder y suavizar el juicio y la crítica que sobre él se suele hacer. Me gusta ser ecuánime en mis apreciaciones y mucho más cuando trato de enjuiciar públicamente a una persona. Se que muchos de ustedes no estarán de acuerdo conmigo y hasta se acordarán de mis pobres padres. Para mi desgracia y la de ellos, ya se encuentran inmunizados de posibles barrabasadas. Mis anteriores palabras sirven como preámbulo y justificación que considero necesarios antes de exponer la causa que me ha impulsado a escribir estas líneas. Tengo ante mi al diario “El Mundo”, y veo en su portada una enorme foto que ocupa toda su parte central donde se exhibe a un Zapatero solitario sentado aún ante la mesa de reuniones, (que el resto de sus colegas han abandonado o no han ocupado aún), con gesto serio, mirada perdida en las hojas que aún tiene desplegadas, como si tuviera que aprendérselas de memoria, evidenciando el aislamiento en el que le han dejado. Ni un leve atisbo de esa sonrisa que siempre le acompaña y hasta me atrevo a afirmar que con gesto triste, decepcionado y abatido. Es la imagen más doliente y precisa de la soledad de un ser humano. Si fuera más detallista y psicólogo, hasta me atrevería a decir que el rictus de sus ojos y la forzada crispación de su boca parecen contener una furtiva pena de hombre herido y desengañado. En la foto, se observa que el resto de los jefes de gobierno participantes en esa cumbre de la OTAN en Bucarest, sobre “cuestiones de orden internacional”, se encuentra al otro extremo de la sala haciendo corro y luciendo sus más amplias y forzadas sonrisas ante las bromas, salidas y bufonadas del poderoso señor de la guerra americano, que ve enemigos por todas partes y parece desconocer elementales detalles y gestos de la diplomacia. Algo que debería figurar en el orden del día de esas “cuestiones de orden internacional”, ya que hay asignaturas esenciales que estos señores no deben haber aprendidos. Comprendo,- no se me ha olvidado-, que el hecho de permanecer sentado en un desfile mientras pasaba la bandera de las barras y estrellas, fue un detalle imperdonable de este político. Todos le criticamos entonces y con razón. Tampoco me olvido de sus algaradas contra la guerra de Irak y la retirada precipitada de nuestros soldados de ese frente, para mandarlos posteriormente y en mayor cantidad a otros campos de batalla mucho más peligrosos. Pero, continuando con mi ecuanimidad, debe tenerse en cuenta que cuando ocurrió ese desaire o falta de respeto a la bandera americana el político en cuestión era simplemente el jefe de la oposición, un político más o menos destacado, pero sin representación oficial alguna. De entonces acá ha llovido en exceso y han cambiado radicalmente las circunstancias personales y más aún las oficiales. No creo que haga falta resaltarlas. No puede negar el inefable Bush su pertenencia al partido republicano, cuya mascota es el elefante y ya se sabe que éstos animales destacan por su prodigiosa memoria, Una cualidad que parece poseer este discutido gobernante americano para continuar rumiando a pesar del paso de los años la tremenda metedura de patas de nuestro aislado y silencioso político. Ese descarado y oprobioso aislamiento y desdén al representante oficial de España, su jefe de Gobierno, a juzgar por la foto y texto de “El Mundo”, fue notorio y advertido ampliamente por el resto de los políticos y corresponsales acreditados, hasta el extremo de merecer los honores de una portada en la prensa nacional. En ella aparece Zapatero solitario e ignorado en el extremo de la mesa y al resto de los gobernantes en torno a la “Abeja Reina”, en una muestra más de sumisión y servilismo al zar americano. A mi entender esos desencuentros Bush-Zapatero por parte del primero, a pesar de los intentos del segundo, es un bofetón y un desaire que nos hacía a todos los españoles que, en esos instantes, queramos o no, estábamos siendo representados por él. Incluso secundado por algunos de esos nuevos y pequeños países que han encontrado su “maná” a costa de nuestras limitaciones y sacrificios y siguen fielmente los pasos del macho dominante en la manada. Antes, su Excelencia el Presidente USA había pasado ante el gobernante español y se había dignado saludarle con ese “hola, felicidades”, que se convirtió en una especie de frase estándar entre los políticos reunidos. Luego, si te veo, no me acuerdo, a pesar de las veces que casi se dan de bruces. ¿Quién se cree ese señor que es para ese desprecio o indiferencia hacia una nación que alumbró todo un Continente en el que se encuentra su propio país y le es superior en muchos aspectos que no se pueden comprar con el dinero?. Su desaire imperdonable, posiblemente secundado por algunos otros tira levitas, no era al señor Rodríguez Zapatero, aunque fuera el quien lo recibía, sino a España. No hay que soslayar que era su representante oficial en ese cumbre donde se hablaría de todo, menos de los asuntos que realmente interesan a los ciudadanos de esa enorme colmena en que nos han convertido para dar cobertura y ayuda a una serie de países que no saben lo que es vivir en paz y en libertad. Un terreno que el ínclito señor Bush conoce en demasía.
http://www.vistazoalaprensa.com/contraportada.asp?Id=1623
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