martes, abril 08, 2008

Alejando Muñoz, España en el rincon

martes 8 de abril de 2008
España en el rincón

Alejandro Muñoz-Alonso

La patética soledad de Zapatero en la cumbre de Bucarest -ilustrada por la ya famosa foto reproducida y comentada insistentemente durante la semana pasada- se ha visto, con toda razón, como la gráfica y contundente expresión del nulo peso de la España actual en los escenarios internacionales. No se trata, sin embargo, de nada nuevo: con motivo de alguna de las cumbres de la UE ya se publicaron fotos que mostraban el aislamiento del presidente español que, con toda evidencia, no ha logrado integrarse en el selecto club de los dirigentes europeos más importantes. Así se ha saldado aquella campanuda promesa de "hacer regresar a España al corazón de Europa". Lo cierto es que España ha pasado del primer plano europeo a un ignorado rincón. Y mientras, desde el Gobierno se toma el pelo a los españoles afirmando que Zapatero es respetado y admirado en Europa... ¿Lo puede creer alguien?
Por lo que hace a las relaciones con Estados Unidos, en Bucarest se ha repetido exactamente la escena que ya tuvo lugar hace algunos meses en otra reunión internacional. Bush, acompañado en aquella ocasión por Ban Ki-Moon, pasó al lado de Zapatero, casi sin detenerse. Entonces, la prensa calificó, irónicamente, aquel casual encuentro -casi encontronazo- de "cumbre de los cuatro segundos", ahora la vicepresidenta no ha tenido empacho en denominar al intercambio de tres palabras entre Bush y Zapatero de "encuentro informal". Y eso después de habernos asegurado que en Bucarest estaba prevista una reunión "formal" entre ambos presidentes y hasta se llegaron a enunciar los asuntos que en la misma se iban a abordar. Quizás habría tenido sentido que se hubiera hecho entender a la opinión pública que Zapatero, crecido tras su nuevo triunfo electoral y animado por su inocultable animadversión hacia el todavía presidente americano, no tenía ningún interés en conversar con Bush, un "pato cojo" en la etapa final de su mandato. Pero una vez más, se han hecho las cosas rematadamente mal y, con Zapatero -que se pirraba por la foto con Bush- ha quedado humillada España: la media que se siente abochornada y la otra media que le da igual.
Todos estos gestos y situaciones son cuidosamente apuntados por los otros países y les llevarán inevitablemente a la conclusión de que España es un país prescindible, sin posición propia en ninguno de los temas más importantes y que sólo es válida como dócil séquito de los auténticamente grandes. Sarkozy ya ha empezado a tomar nota de esa situación en cuestiones como el Mediterráneo, la inmigración o el terrorismo. Una situación que, desde luego, se conocía prácticamente desde el comienzo de la etapa Zapatero: por ejemplo, a finales del año pasado, The Wall Street Journal emitía el siguientes juicio: "En cuestión de días el señor Zapatero llevó a España desde la posición de un Estado de primera línea hasta un apartado remanso al margen de la corriente". España no cuenta y eso es ya un secreto a voces en el ámbito internacional.
Pero nada de esto parece importarle al presidente español que después de cuatro años de bochorno en política exterior ha obtenido unos cómodos resultados electorales. Esto le habrá llevado inevitablemente a la conclusión de que la política exterior es una dimensión perfectamente prescindible. Sus electores no son exigentes en este terreno. Les basta una buena ración de antiamericanismo y algunas dosis de Alianza de Civilizaciones entreveradas con gestos de comprensión hacia todos los dictadores "progres" del ancho mundo. España no tiene nada que aportar en los foros internacionales. Mejor así porque cuando Zapatero o Moratinos abren la boca puede llegar a decir supremas machadas como esa tan reciente según la cual la OTAN debe depender de la ONU. Algo que demuestra que ignoran por completo qué es la ONU y qué es la OTAN. Pero nada importa. A la vicepresidenta y al propio Moratinos se les llena la boca hablando de relaciones "normales". Todo es cuestión de a qué llamemos “normal”. Obviamente ningún país importante ha roto las relaciones diplomáticas con España ni nadie nos ha declarado la guerra. Pero sería bueno que el nuevo Gobierno se diera cuenta de que una política exterior tan desastrosa como la del 2004-2008 es inevitablemente negativa no sólo para el prestigio de España sino para la prosperidad actual y futura de los españoles.
Alejandro Muñoz-AlonsoALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es catedrático de Opinión Pública de la Universidad Complutense y de la Universidad San Pablo CEU

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