viernes, noviembre 10, 2006

Un freno para la normalizacion

viernes 10 de noviembre de 2006
Un freno para la normalización
Juan Urrutia
“Un freno para la normalización” es lo que el PNV considera al Tribunal Supremo por revocar la sentencia del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco que absolvía a Juan María Atutxa, Gorka Knörr y Kontxi Bilbao del delito de desobediencia por haber permitido a Batasuna seguir ejerciendo funciones políticas en la Cámara Vasca —entonces presidida por Atutxa— tras su ilegalización. El TSJPV basó su decisión en que al actuar los acusados “gozando del privilegio de la inviolabilidad parlamentaria” carecían de “jurisdicción para valorar si hubo o no conducta delictiva”. Una vez más el PNV critica a la judicatura. Al denominarla “un freno para la normalización”, que para ellos es tanto como decir enemigo de los “vascos”, y entrecomillo vascos ya que por más que se empeñen algunos, no todos pensamos así. La citada ‘normalización’, para los nacionalistas, significa alcanzar la hegemonía sobre el pueblo vasco, convertirlo a su doctrina y expulsar a los infieles. Cualquiera que se oponga a su línea de pensamiento único es un “freno” o un “enemigo”. Cuando el PNV “advierte”, con las palabras antes descritas veladamente sugiere, supongo que de forma inconsciente, a los integrantes del Tribunal Supremo que oponerse a sus fines es ilegítimo y puede resultar hasta peligroso. En nuestro subconsciente relacionamos el oponerse a la ideología hitleriana de los nacionalistas con vivir muy pocos años. Los jueces recordarán como terminaron sus días otros magistrados disidentes. Véase el que fue presidente del Tribunal Constitucional Francisco Tomás y Valiente a quien el etarra Jon Bierzobas le descerrajo tres tiros a bocajarro. Hoy día con ETA rearmada y deseando volver a matar la preocupación parece lógica. Es posible que ustedes vean mi punto de vista exagerado o hasta paranoico. No se lo reprocharé, como cualquier opinión, la aquí expuesta es discutible y posiblemente errónea, si me creyera en posesión de la verdad absoluta sería nacionalista, simplemente es lo que siento que transmite el mensaje de los jeltzales. Respecto al privilegio de la inviolabilidad parlamentaria, estamos hablando de unos individuos que, amparados en sus cargos políticos, permitieron a un colectivo ilegalizado por pertenecer a la banda de asesinos ETA tomase decisiones, participando en el gobierno del País Vasco. No se si recuerdan aquella situación, yo la tengo grabada en la memoria porque me indignó sumamente el comportamiento fascista de Atutxa ordenando de forma grosera callar a cualquier representante de un partido constitucionalista que expresase desacuerdo con su decisión de mantener a un grupo terrorista en la Cámara Vasca. No soy jurista, no sé si este comportamiento está amparado por la ley en caso de ostentar determinados cargos públicos, sólo sé que representa una aberración democrática que mis impuestos subvencionen y posibiliten que una caterva de asesinos decida sobre el futuro de mis conciudadanos y, por qué no decirlo, el mío propio, así como que disfruten de esplendidas remuneraciones. El nacionalismo deja patente, como de costumbre, la ausencia de valores democráticos que padece al no aceptar la decisión del Tribunal Supremo y mezclar la política con el poder judicial el cual consideran debe servir a la primera siempre que les convenga.

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