viernes 10 de noviembre de 2006
Una mente clara
Ignacio San Miguel
C UANDO al actual pontífice católico le señalaron la conveniencia de limar aristas en la doctrina católica en aras de progresar en el ecumenismo, contestó: “Estoy en completo desacuerdo con esa teoría. Porque si vamos a sentarnos a una mesa, tenemos que saber de qué vamos a tratar.” Ese parece ser su estilo. Muy modesto, muy afable, pero con una mente clara que no admite componendas. Si va a haber un diálogo interreligioso, habrá que exponer debidamente las creencias sin tapujos. Lo que el Pontífice excluye paladinamente es la posibilidad de una fusión, o de un camino hacia la fusión, de las distintas religiones, que es lo que muchos parecen desear. Han de hallarse, sin embargo, distintos puntos en común, y sobre estos aspectos comunes habrá que trabajar. Es a lo máximo (que no es poco) a que Benedicto XVI parece dispuesto a llegar. Esta misma mente clara es la que ha regido la toma de diversas decisiones que, sin duda, no han hecho nada felices a las vanguardias progresistas del clero, las que alcanzaron el predominio en la Iglesia durante el postconcilio. Por ejemplo, en el convento de los franciscanos en Asís, allí donde se celebraban los encuentros ecuménicos de las distintas religiones, habían llegado las cosas a desviarse no sólo de la religión católica, sino del sentido común. Gozaba de una especial autonomía concedida por Pablo VI, y no dependía del obispado. Allí llegaron a entender el ecumenismo con una mente tan amplia como para dejar que grupos animistas africanos sacrificasen gallos y otros animales en el altar de Santa Clara. También los pieles-rojas americanos tuvieron una importante presencia con sus danzas y gritos ululantes que tan bien conocemos por las películas del Oeste. Con Benedicto XVI se han acabado estos festejos folclóricos. El convento ha sido puesto bajo la autoridad del obispo de la diócesis, que ha impuesto la normalidad. Y en cuanto a los célebres “encuentros de Asís”, no se ha vuelto a hablar de ellos. Los que prestan alguna atención al tema religioso habrán observado lo mucho que los predicadores hablan del amor (de Dios y del prójimo) y cómo omiten sistemáticamente mencionar la Ley, es decir, los Mandamientos. Pues bien, Benedicto XVI deja este problema bien zanjado en el Catecismo. Pone a los mandamientos bajo los epígrafes del amor a Dios y del amor al prójimo. Al amor de Dios corresponden tres mandamientos y al amor al prójimo los otros siete. Es decir, el amor que tanto se predica y el cumplimiento de la Ley son una sola y misma cosa. No vale hablar de amor y omitir la Ley, pues es un absurdo, una contradicción. Tampoco tiene ninguna complacencia con escándalos y desviaciones sexuales. Al P. Marcial Meciel, fundador del movimiento eclesial Legionarios de Cristo lo ha situado en el retiro forzoso, con la prohibición de ejercer sus funciones sacerdotales. Meciel sabía que ese iba a ser su destino, ya que el actual papa se la tenía jurada, como vulgarmente se dice, desde hacía ya tiempo; desde que trascendieron sus vergonzosos comportamientos sexuales hace bastantes años. Si el anterior papa no juzgó conveniente tomar medidas disciplinarias, a pesar de la opinión del entonces Cardenal Ratzinger, éste no ha querido ser tan benévolo cuando ha accedido al solio pontificio. Lo que menos ha podido gustar a los seudoprogresistas es el decreto por el que ninguna persona con inclinaciones homosexuales puede aspirar al sacerdocio. Las órdenes de vigilancia a este respecto han sido estricas. El Papa no quiere más escándalos en la Iglesia debido al comportamiento denigrante de algunos (o de bastantes) de sus miembros eclesiásticos. En la reunión que ha tenido recientemente con los obispos irlandeses, en cuyas diócesis se han dado algunos casos de corrupción sexual, manifestó su horror ante estos “crímenes enormes” (esa fue su calificación) que espera no se vuelvan a producir. Hay que hacer notar que no se trata exactamente de casos de pederastia, aunque muchos interesadamente los llamen así, sino de relaciones homosexuales con jóvenes adolescentes, no con niños. Pero el Papa no por ello deja de calificar estas relaciones como crímenes enormes. Coincide en esto con algunos evangélicos norteamericanos que consideran la homosexualidad no sólo como una aberración, sino como un crimen. Claro que el Papa tenía presente que en estas relaciones ilícitas el papel principal correspondía a un clérigo, que manchaba sus hábitos y traicionaba sus votos. Hay rumores persistentes, no desmentidos por El Vaticano, de que en breve saldrá un decreto por el que la misa de San Pío V, es decir, la que se celebraba comúnmente antes del Concilio, podrá volver a celebrarse libremente, sin necesidad del permiso episcopal. La liturgia tiene un significado teológico de gran importancia, y en el caso de la misa preconciliar se primaba el carácter sacrificial de la ceremonia, a diferencia de la misa actual, en la que el aspecto de ágape o congregación de fieles es lo sustancial. Estas actitudes y decisiones apuntan una y otra vez a la clarividencia del papa, el cual ha ido comprobando que la tendencia liberal del catolicismo que predominó en el postconcilio no ha supuesto ningún rédito interesante. Por el contrario, los Seminarios están vacíos, no hay vocaciones, y a las iglesias no van los jóvenes. El desplome en Europa ha sido prácticamente total. Pensaban erróneamente que siendo flojos y condescendientes resultarían más atractivos y ha resultado justamente lo contrario. Han perdido el respeto de los fieles, y no han podido transmitir la fe por la sencilla razón de que ellos tampoco la tienen. Sólo han trascendido sus dudas y vacilaciones teológicas y sus disensiones internas. Viéndolo así, el Papa ha iniciado un camino que unos llamarán de involución, otros de contrarrevolución, o de retrogradismo, etc.; pero que no es más que de recuperación de unos valores y unos signos esenciales que pertenecen a la tradición y que nunca debieron perderse. No se trata de retroceder, sino de seguir adelante, sin destruir el pasado, sino recuperando lo bueno del mismo.
viernes, noviembre 10, 2006
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario