jueves, noviembre 09, 2006

Conversacion en torno a los sesenta

viernes 10 de noviembre de 2006
Conversación en torno a los sesenta
Antonio Castro Villacañas
M I tertulia, ya podréis imaginar, está compuesta por hombres mayores de cincuenta años. El más joven, Abel, el ferretero, acaba de cumplirlos y por ello nos pagó una ronda especial del vinillo que solemos tomar como aperitivo. Yo soy el segundo de los más viejos, con 81, y Roberto me precede con 84 en la lista de los octogenarios. Ya irán saliendo, Dios mediante, edades y otras circunstancias de los demás tertulianos si lo exige el guión de estos relatos documentales. El caso es que, por culpa de nuestra edad, la mayoría de las veces en la tertulia se mezclan los asuntos de actualidad con temas del pasado, ya que todos estamos de acuerdo en pensar que el hoy es hijo -más o menos legítimo- del ayer, y padre -legal o putativo- del mañana. Del pasado hablamos el lunes último porque José Luis, el secretario municipal, "progre" consciente, quiso saber si los tertulianos universitarios recordábamos con nostalgia nuestra vida estudiantil. Yo me apresuré a decir que por haber sido delegado de mi promoción en los cinco años de carrera, elegido por mis compañeros mediante la oportuna votación al principio de cada curso, recordaba aquel tiempo sin demasiada nostalgia pero con mucho agrado. Bien es verdad que yo entré en la Universidad el año 1943, cuando la Segunda Guerra Mundial estaba en pleno apogeo, y la dejé como alumno el 48, recién terminada, por lo que está claro que los estudiantes de entonces -como todos los españoles- estábamos muy condicionados por lo que había pasado, estaba pasando, y comenzaba a pasar más allá de nuestras fronteras. - Los que vivimos el movimiento estudiantil de los 60, veinte años después que tú -dijo Carlos, el médico- sí que lo recordamos con nostalgia. - Eso es porque a estas alturas los estudiantes de entonces nos estamos acercando a la jubilación –aclaró el bancario Eduardo. - Destacados personajes de nuestra cultura, como Albert Boadella, el de Els Joglars, o Fernando Savater, -precisó José Luis- recuerdan en sus memorias con gran cariño aquella etapa porque el régimen de Franco espoleaba y daba un sentido al ansia de libertad de los estudiantes... Roberto, el viejo policía municipal, quiso saber si el régimen franquista estaba entonces a favor o en contra de los universitarios. No entendió su ironía nuestro secretario. "La Universidad se cerraba cada cierto tiempo por orden del Ministro de Educación -dijo-, y los estudiantes alternábamos las clases con las carreras delante de la policía". "Menos uvas, menos uvas, caballero, que yo por entonces daba servicio en la Moncloa -replicó Roberto- y me acuerdo muy bien de las contadas veces que cortaron el tráfico los que hoy presumen de eso..." "Más de uno -insistió José Luis- conoció las cárceles y las torturas policiales", y de nuevo le contestó quien fue guardia de la porra con su chulesco "menos uvas, caballero, que yo no he conocido racimos tan grandes". "La verdad es -dijo el médico- que en mi Facultad se organizaban por entonces muchas reuniones semiclandestinas, y asambleas de Facultad pese a estar prohibidas", y el bancario añadió "todo eso servía para incrementar el encanto de hacer algo vedado". - ¿Qué hacían entonces los estudiantes del Opus Dei ylos democristianos? -pregunté yo, con sana intención de orientar el debate. - En su mayor parte, intentaban pasar inadvertidos; algunos pretendían acreditarse como demócratas... Pero en aquella época los estudiantes -explicó José Luis- considerábamos que el Opus Dei formaba parte del sector enemigo. No en balde el gobierno franquista estaba formado en su mayoría por ministros del Opus, en especial a partir de 1969. Yo insistí en mi curiosa indagación: - ¿No creíais que el Opus fuera una fuerza renovadora de la democracia? - Todo lo contrario -aseveró el secretario-. Yo pensaba, y sigo pensando, que los del Opus hicieron todo lo posible para que aquel régimen continuara... - Eso no es cierto - protestó Antonio, el veterinario-. La gente del Opus intentó darle una buena salida al franquismo. Igual hicieron los democristianos. - Estoy de acuerdo -intervino el médico-. Recordad que al principio sólo existía un sindicato estudiantil, el SEU. La coincidencia entre unos y otros era el crear sindicatos autónomos y democráticos. - Sí -dije yo entonces-. Por eso se pensó que matando al perro se eliminaba la rabia. Quiero decir: sin el SEU, se pensaba que la Universidad y los estudiantes entrarían en una etapa de tranquilidad y perfección escolar. - ¿Y no fue así? -preguntó el ferretero. - No, no pasó nada de eso, sino todo lo contrario. La Universidad ha ido desde entonces cuesta abajo. –El médico se mostraba algo excitado.- Ha bajado mucho la calidad de su enseñanza, ha bajado mucho más el nivel de las actividades extraescolares... Todos estuvimos callados durante algunos momentos. Yo los aproveché para, arrimando el ascua a mi sardina, concluir la discusión preguntando: - ¿No creéis que algo parecido sucedió poco antes y poco después de la muerte de Franco? ¿No creéis que también ha bajado mucho desde entonces la calidad de vida, el nivel moral y espiritual de España y de los españoles?

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