domingo, julio 09, 2006

Jesus a venido a España,- La mirada del Papa

lunes 10 de julio de 2006
Jesús ha venido a España.- La mirada del Papa

Félix Arbolí y Víctor Corcoba

JESÚS HA VENIDO A ESPAÑA EL Papa ha venido a Valencia a traernos la paz, las bendiciones divinas y el mensaje de Cristo, al que representa en la tierra, según nuestras creencias cristianas, preciso, católicas. Yo no veo en ese venerable septuagenario, otro nombre, señas de identidad y condición o nacionalidad que la de Sumo Pontífice de la Iglesia en la que he sido bautizado e instruido y he acatado libremente cuando tuve uso de razón y libertad de criterio y elección. Aunque he de reconocer que mi fe no es una roca inamovible y resistente, que soporta todos los rigores de las fuerzas desatadas de la Naturaleza, (en este caso, las tentaciones contínuas del enemigo), sino esa frágil barquichuela que está de continuo en peligro de zozobrar en las aguas procelosas que la rodean. He de confesar, no obstante, que siempre ha encontrado la oportunidad de emerger y continuar su rumbo, pese a los embates de las enormes olas que intentaban sumergirla definitivamente en el abismo del error o las negras profundidades del ateísmo, tan de moda en nuestros días. Una fe que siento más o menos profunda y a la que no siempre he sido fiel a sus principios, normas y dictados, cumplida y acatada en todos sus preceptos, pero que es en la única que creo y en cuyo seno deseo hacer el traslado definitivo al Más Allá, cuando me llegue la hora de enfrentarme a la única verdad que sabemos sin necesidad de estudios y reflexiones: la muerte. Lo que debería ser un motivo de júbilo general y evidente orgullo al ser elegidos para esta señalada visita, ha dado pie también, ¡cómo no!, a los cuatro discordantes y descontentos con todo lo que suponga celebración y alegría para nuestra iglesia, a la que no es que parezca, sino que es evidente que odian con todo el máximo rencor que pueda albergar un ser humano. ¿Tanto temen su influencia en desenmascarar sus ocultos y malos augurios, su afán de destruir al ser humano como hombre sensato y positivo, para convertirlo en esclavo de sus repugnantes teorías antinaturales, antisociales, anti familiares y anti todo lo que signifique dignidad, respeto y autoestima?. ¡Y hablan luego de intolerancia y provocación!. ¡No me seáis falsos, ni os declaréis tan cretinos!. Si no os gusta la visita del Papa, pues ved, para vuestro suplicio, a esos millones de personas que si han ido a recibirlo y aclamarlo, a pesar de vuestras envenenadas consignas y constantes esfuerzos en desprestigiar todo lo que signifique amor y fidelidad al Papado. ¡”Yo no te espero”!. Y lo intentan difundir con esos gorritos al estilo de los que les ponían a las “brujas que quemaban en las hogueras inquisitoriales”, para burla y escarnio de todo ser normal que se cruzara en su camino. Ni falta que nos hacen a los católicos ni, por supuesto, al Papa, que les esperen estos pijos de la provocación y el insulto, cuyos ademanes y maneras de hablar les delataban fácilmente. ¡Vaya desencanto si los que fueran a recibir al Sumo Pontífice fueran esos elementos exclusivamente!. Entonces si que había que echarse a temblar al pensar que algo y muy gordo está pasando en el seno de nuestra iglesia y en la vigencia de nuestras creencias y doctrina. Sería motivo de llegar a pensar una posible apostasía de una “asamblea” formada por esos “encantadores, correctos y tolerantes” fieles. Yo, no me sentiría a gusto compartiendo un banco del templo con ellos, por si las moscas. Menos mal que esos aullidos de los que quieren aparentar ser lobos y no pasan de ser cacareos de gallinas, no llegan más allá de sus limitados y escasos confines. Aquí no se puede decir lo de “ladran, luego cabalgamos”, todo lo más, “rebuznos de burro no llegan al cielo”. Dos mil años de existencia tiene la Iglesia que ellos, ¡pobres infelices! , desean destruir y han caído imperios, sistemas políticos, filosóficos y astronómicos, herejías y costumbres, pero el Vaticano y lo que representa esa popularísima y visitadísima Plaza de San Pedro, sigue ahí, firme como una roca, abierta a todos los vértices, soportando toda clase de tempestades, sin que nada ni nadie le haya hecho tambalearse lo más mínimo. Sea quien sea el que ocupe la Silla de San Pedro. En el momento de su elección, desaparece su pasado, pierde sus señas de identidad personal y hasta su ciudadanía, para convertirse simplemente en El Papa. Y este Símbolo de nuestra Fe, la que heredamos de nuestros mayores y que forma la mayor mayoría (perdonen esta voluntaria redundancia), de nuestro país, es el que nos visita en este día que debe ser de gozo y albricias para todos. El Papa está entre nosotros, Cristo ha venido a Valencia y en esa bella ciudad del Turia, donde purifican sus fiestas con el fuego, están ardiendo de amor en estos momentos millones de corazones españoles, entre ellos el del que esto escribe, para que con esa hoguera de veneración y devoción se honre al Vicario de Cristo. Y de paso, para completar la jornada, demostrar a tantos renegados e intolerantes que sus voces son minúsculas ramas que se han desprendido de la gran hoguera y buscan desesperadamente un camino o recoveco donde rumiar su fracaso.¡Bienvenido Benedicto XVI, a la siempre católica España!. ¡Ah, y libertad para expresar los sentimientos, sean cuales sean, pero no equiparar ante la ley, lo que es natural, con lo que a todas luces, digan lo que digan, es antinatural!. Esa es la cuestión que ha levantado este muro intolerante y absurdo. Una cosa es la democracia, la tolerancia, la libertad de acción, sentimientos y maneras de pensar y otra muy distinta, confundir estos conceptos tan respetables y dignos, con la pretensión de que digamos que lo que es blanco, normal y natural, por un capricho o desviación sexual sea equiparable a los que es rosa, contrario a la ley y a todas luces antinatural, para los que respetamos la institución familiar, no exclusivamente cristiana, sino como la unión legal entre un hombre y una mujer como ha sido siempre a lo largo de la Historia. A excepción de los excesos y locuras de ciertos déspotas, emperadores romanos y personajes nefastos de la Historia, que han sido criticados y descalificados por esos mismos abusos y aberraciones, que ahora queremos convertir en actos normales y legales. FÉLIX ARBOLÍ

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LA MIRADA DEL PAPA

ME quedo con su mirada de ángel. En los ojos del Papa todo es amor, y por ende, todo es dulzura y compasión. Su vista abraza, enciende los corazones, mientras sus labios acarician palabras que son pasamanos de Dios, por donde brota y rebrota la paz. El pueblo se lanza a reencontrarse con su voz, que es la del Creador, para encontrarse con la luz y hallarse consigo mismo. No esconde su deseo, lo lanza a los cuatro vientos, lo refrenda y rubrica, lo expone y propone, la familia fundada en el matrimonio es algo serio, nada menos que una institución insustituible según los planes de Dios, lo que exige que deba vivirse con sentido de responsabilidad y alegría. Veo en la mirada del Papa, un alivio para los campos donde las estrellas se han quedado ciegas. La fragilidad de la familia preocupa a los cristianos de todas las confesiones y a los humanos de todas las latitudes. El amor no se compra en un supermercado como un objeto más, tampoco se gana con trenzarse cuerpo a cuerpo, pasa por donarse y descubrir la belleza que se respira por el alma. Que el amor crece a través del amor es un hecho tan real como las mechas del cielo cuando se ponen a derramar lágrimas. Sólo hay que cultivarlo como se cultivan las flores del campo que dejan sus pensamientos en el aire para emocionarnos. Nos hace falta revisarnos por dentro y en familia, negarnos a ser productos de compra y venta, de desecho, como actualmente lo es jurídicamente el matrimonio en los muros de la patria mía, donde se alienta que el padre y la madre se confundan en su misión y los esposos ni se miren a los ojos. Todo lo contrario a lo que se percibe en la mirada del Papa, que nos acerca a sus brazos y rompe las distancias. No hay exclusiones en sus gestos, ni en sus palabras. Hay un corazón que habla para todos, para esas familias cristianas y también para los privados de ella. El abecedario tiene todos los dones, los de la sabiduría y los de la universalidad. Desde su penetrante mirada, se percibe una Iglesia de puertas abiertas, especialmente para cuantos están desorientados y sin aliento. Yo así lo he leído al poner los ojos en el Papa. VÍCTOR CORCOBA

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