domingo, julio 09, 2006

Consideraciones economicas sobre la visita del Papa

lunes 10 de julio de 2006
Consideraciones económicas sobre la visita del Papa
Miguel Ángel García Brera
L AS mentes obtusas de los aducidos por la enemistad, esa gente intolerante que reprueba todo lo que hace quien no comulga con sus ideas, ya están en marcha para criticar el gasto que supone la presencia del Papa en Valencia. Hay que ser muy idiota, o muy resentido, para no darse cuenta de uno de los grandes beneficios que una visita de esa índole supone. Claro que comprendo la inconsideración del elemento más importante del acontecimiento – el espiritual – para quien no sea católico; pero es incomprensible que el sectarismo lleve a olvidar el superávit económico que resulta de un suceso de esa índole. Por lo pronto, desde hace ya varios días se está hablando de Valencia en el mundo, lo que supone un activo con dividendos asegurados para varios años, precisamente en un sector económico que importa mucho a la Comunidad Valenciana, el turismo. Los actos a desarrollar a partir del sábado incrementarán la difusión de nombres, e imágenes de la capital y de toda la región, y aún después de que Benedicto XVI haya regresado a Roma, durante cierto tiempo, televisiones, radios, revistas y diarios seguirán hablando de las tierras valencianas dando a conocer su excepcional belleza. Ya es sabido que las Comunidades Autónomas dedican importantes recursos a la promoción turística y utilizan a periodistas especializados y a personalidades populares para que les sirvan de intermediarios a la hora de ofrecer al público su tierra como lugar de descanso, negocios, reuniones, deportes, diversión, etc. La propia Comunidad Valenciana tuvo a Julio Iglesias contratado para darse a conocer más a fondo y Cantabria utilizó los servicios del albañil cantor, Bustamante. Y así podríamos encontrar numerosos casos en los que los promotores turísticos han apoyado su buen hacer en personas muy conocidas por el público. En el caso del Papa, la popularidad es enorme, no ya por su carisma personal – que parece todavía no tan conocido como el de Juan Pablo II -, sino porque la universalidad de la Iglesia católica hace que Su Santidad, al margen de quien y como sea, resulte un altavoz de gran alcance y trascendencia. Podríamos ir más allá sobre los efectos de la visita de un Papa, y recordar el caso de Polonia, que debe a las que realizó a ese país Juan Pablo II, su salida de la esclavitud comunista. Pero, ahora ese no es el caso. Benedicto XVI viene a España porque aquí el catolicismo ha dado frutos eminentes y, en un momento de cierto relajo moral, es conveniente levantar el ánimo de los fieles y recordarles las exigencias cristianas. Claro que, para quienes sólo ven en la visita del Pontífice un gasto, estas consideraciones no valen la pena. Por eso insisto en las consideraciones económicas, que para mí, como cristiano, serían lo de menos. El turismo exige un gasto muy importante en promoción, y en esta ocasión, aunque esa no sea la intención, indirectamente los beneficios en el aspecto turístico alcanzarán con creces los gastos que la visita pueda ocasionar. Entre otras críticas, también se ha hecho ver que el Papa dispondrá de un recinto climatizado para decir la Misa, mientras los fieles pasarán calor, dadas las altas temperaturas. Esos críticos son los mismos que querían jubilar a Juan Pablo II porque soportaba un dolor extremo en sus últimas reuniones con los cristianas. ¿En que quedamos? El Papa, al menos como cualquier dirigente, merece un trato especial, no por él mismo, sino por lo que representa – aunque sólo se le vea como Jefe del Estado Vaticano - y por la necesidad de que pueda realizar su tarea al servicio de todos. Igual ocurre con cualquier estadista, cuyo exceso de trabajo y de preocupaciones hace que el pueblo vea normal que disfrute de algunas ventajas únicamente encaminadas a que pueda realizar la labor en las mejores condiciones. El pueblo cristiano sabe que una playa para millones de personas no puede ser climatizada, pero. si es posible hacerlo con un recinto pequeño para que el representante de Dios en la tierra celebre la Eucaristía, ningún católico va a negárselo. Y los no católicos, sepan que ese gasto no lo van a sufragar ellos, sino los numerosos ingresos que los propios católicos van a dejar en la ciudad.durante su peregrinación desde todo el mundo, y los generados por quienes, en el futuro, se sentirán atraídos por el indirecto reclamo turístico. Siendo buenos gestores, y al margen de consideraciones espirituales, visitas de ese rango habría que pagarlas porque son una buena inversión.

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