viernes, agosto 11, 2006

Maragall no tiene suerte

viernes 11 de agosto de 2006
Maragall no tiene suerte
Wifredo Espina
N I en el día de entrada en vigor del nuevo Estatut, la suerte ha acompañado al president Maragall. Los grandes anuncios, de autobombo, publicados por la Generalitat en los periódicos para resaltar la efemérides, le han jugado una mala pasada: decían que la entrada en vigor era el jueves y fue el miércoles. Y escogió para celebrarlo el pueblo más pequeño de Catalunya, lleno de significación histórica, pero en que precisamente el no ganó el voto a favor del Estatut sino que empató con el voto en contra en el referéndum, lo que muestra la división de los catalanes ante el nuevo texto estatutario. Y, encima, el president Maragall, que pronunció un discurso triunfal, fue abucheado y tildado de “títere del Gobierno Central”. Ya es mala suerte todo esto. Y Paqual Maragall, aunque lo parezca y haya puesto mucho de su parte, no se lo merece. Porque, pese a todo, pese a los errores de fondo y forma, a las polémicas y divisiones creadas dentro y fuera de Cataluña, el nuevo texto estatutario representa un amplio campo de posibilidades – y también de posibles problemas- para el reconocimiento de la identidad catalana y para el desarrollo de Cataluña en casi todos los aspectos. No están acertados ni Esquerra Republicana ni el Partido Popular, en sus valoraciones globalmente negativas, desde posturas radicalmente opuestas. Lo que dará de sí este Estatut, ambiguo, confuso, y contradictorio, está por ver, y dependerá de cómo se desarrolle en el largo proceso que le queda por delante y de los gobiernos catalán y español que deban concretarlo, negociarlo y aplicarlo. Quizás tan verdad es decir, como ha hecho alguien, que este Estatut “es un churro” como que “ha salido por churro”. Pero Maragall, en su afán de apuntarse el tanto, sobre todo ante CiU de Artur Mas, ha hecho un discurso tan triunfalista, de cara al consumo interior, como contraproducente pensando en las reacciones fuera de Cataluña. Proclamar que desde ahora “el Estado ya es residual en Cataluña” y que “podemos hacer lo que queremos” puede arrancar aplausos entre los partidarios del “sí”, pero ya está levantando ampollas e irritando a quienes sólo ven peligros secesionistas en este Estatut (PP) o “tomadoras de pelo” (Carod) por insuficiencias. Puede ser bien intencionado afirmar, como ha hecho Maragall, que ahora tenemos una “España amiga”, una aliada “que entiende el país” al aprobar en las Cortes un Estatut “fuerte, valiente e importante”, pero si a continuación añade que “a partir de ahora podemos decir que tenemos una nueva Constitución” (los catalanes), está dando munición a quienes ven inconstitucional este Estatut y lo recurren por ello ante el Tribunal Constitucional. Un discurso de doble filo. Demasiado triunfalista, inexacto y arriesgado. Poco afortunado.

No hay comentarios: